La derecha española en Argentina y el franquismo rioplatense

La derecha española en Argentina y el franquismo rioplatense

12Jun22 0 Por Daniel Campione

Durante la guerra de España muchos miles de migrantes españoles simpatizaron con la república. Una proporción menos numerosa, pero con más poder económico y figuración social, apoyó a los golpistas con entusiasmo digno de mejor causa.

Vale la pena especificar tres situaciones diferentes entre las organizaciones ligadas a colectividades de España. Las que agrupan población de origen hispano en general, sin acepción de regiones o lugares, tendieron a inclinarse hacia el franquismo. Las de carácter regional, como el Centro Gallego o el Centro Asturiano fueron objeto de disputa.

Las dos mencionadas mantuvieron una “neutralidad” más bien pro-Franco, hasta que listas prorrepublicanas les ganaron elecciones y se hicieron con la dirección. En esas contiendas electorales, en particular la de la entidad gallega, entró a tallar el embajador de la república Ángel Ossorio y Gallardo, que se jugó por la lista “amiga” sin mucha atención a los usos diplomáticos. El comicio tuvo una repercusión inusual, toda la ciudad estaba empapelada con propaganda de las listas que competían.

Fueron las asociaciones llamadas microterritoriales (que agrupan a originarios de una misma comarca, ciudad o pueblo) las que tendieron a inclinarse por la defensa de la república. Muchas de estas asociaciones estaban agrupadas en la Federación de Sociedades Gallegas que existe hasta la actualidad, con el estandarte de la república en alto.

Las organizaciones de la colectividad española que estuvieron con el franquismo

Las entidades que reunían a los sectores más acaudalados de la comunidad hispana estuvieron del lado de los sublevados. Algunas sostenían una apariencia de neutralidad que apenas encubría la inclinación por los rebeldes. Allí se contaban el Banco Español, Hospital Español, Cámara Española de Comercio de la República Argentina, Club Español, Asociación Patriótica Española. En la práctica integraron la conjunción antirrepublicana.

La investigadora Mónica Quijada señaló que la campaña a favor del bando nacionalista español fue efectuada, de manera casi exclusiva, por una minoría perteneciente a los estratos medios y altos de la colonia hispana radicada en el país, la cual estuvo acompañada por miembros influyentes de la oligarquía local y de la Iglesia Católica argentina. Cabe señalar que algunos de estos organismos articularon la solidaridad con “los nacionales” en España con el propósito de “recristianizar” a las comunidades españolas en Argentina y a combatir el “influjo comunista” en su seno.

En la Agrupación Monárquica tomaba parte una princesa española radicada en el país, María Pía de Borbón, que estaba casada con un magnate azucarero de la familia Padilla.

María Pía de Borbón.

En los Legionarios Civiles de Franco actuaba el conde de Guadalhorce, directivo de la gran compañía española que construyó el subte C, una de las inversiones de origen hispánico más importantes del país.

No era un noble “de sangre”, sino un ingeniero y empresario “ennoblecido” en recompensa a sus actividades económicas, entre ellas la construcción de una central hidroeléctrica sobre el río Guadalhorce.

Rafael Benjumea y Burín, Conde de Guadalhorce.

Hubo variadas publicaciones periódicas de las instituciones españolas afines al alzamiento. Entre ellas: El Diario Español, Falange Española, Juan Español, Correo de Galicia, El requeté, Orientación Española, Acción Española, Fe Gallega, Por Ellos. También hubo programas de radio profranquistas, como Habla España, de Acción Española que se trasmitía por Radio Callao. Y Orientación Española de la Oficina de Prensa y Propaganda, de la que hablaremos más abajo.

En algunos de estos medios de comunicación se pueden encontrar menciones a los desacuerdos existentes dentro del conjunto de agrupaciones franquistas.

Así en El requeté, órgano de un sector del carlismo: “Con Franco absolutamente y sin reservas, en todo cuanto se refiere a la guerra. Con Franco, condicionado al bien común, en todo lo referente a la gobernación y ordenación del Estado. Fuera de Franco o contra Franco en cuanto dice relación con política de partido o personalista. Detestamos toda apariencia de fascismo o racismo y no la queremos para España…”

Sin mencionarla, el repudio a la línea representada por Falange resultaba claro.

El mando de Burgos envió a un representante informal (no podía ser oficial porque el gobierno argentino mantenía relaciones diplomáticas con la república), Juan Pablo Lojendio, que participó en la coordinación de las actividades solidarias con el franquismo. Asimismo hubo encargado en Argentina del servicio de prensa y propaganda del gobierno de Burgos. Funcionaba en ese ámbito, la Oficina de Prensa y Propaganda de la Representación de la España nacional -OPYPRE-. Además de publicaciones periódicas, en 1937 y 1938 editó un total de 23 libros claramente propagandísticos.”

Según la historiadora Alejandra Noemí Ferreyra es importante destacar que la campaña de solidaridad a favor del bando liderado por el General Franco logró una mayor uniformidad que la de sus pares republicanos. Esto en gran medida se debió a la acción del representante oficioso, el mencionado Lojendio, quien promovió la creación de una única “Suscripción Nacionalista Española”. La centralización estaba orientada a fiscalizar las recaudaciones y el envío de los donativos que se remitían a la España nacionalista.

Juan Pablo Lojendio.

La investigadora citada ha hecho un estudio detallado de la solidaridad con el franquismo que partió de Argentina. Tomamos aquí parte de la información que proporciona su tesis doctoral dedicada al tema: La conformación de un consenso pro-franquista en la comunidad española de Buenos Aires: solidaridad material y propaganda político-cultural (1936-1945).

Colectas y donaciones.

Estos sectores se caracterizaron por realizar significativas contribuciones económicas al movimiento rebelde y por mantener una adhesión cercana al “fervor religioso” hacia el General Franco.

No tenían gran número de adherentes y por eso no solían recurrir a actos masivos. Pero sí podían movilizar recursos económicos y contaban con muchas relaciones entre las elites locales. Organizaban colectas, encuentros, comidas. Un acontecimiento muy peculiar era la celebración de reuniones de “plato único” de acuerdo al modelo de una política del franquismo en España. Se consumía un solo plato y se pagaba como si se hubiese tomado un menú completo. El excedente se supone que se enviaba a España.

Después de alguna colecta inicial que prometía enviar recursos a ambos lados del frente, los simpatizantes de la derecha empezaron a organizar recolecciones de fondos y bienes explícitamente destinados a apoyar a las fuerzas antirrepublicanas. El Centro Acción Española organizó una colecta muy temprana. La consigna era “tomar a su cargo la tarea de recaudar víveres, ropa, medicamentos y demás elementos, con destino a los patriotas que defienden en los campos de batalla la soberanía española”. Asimismo dio inicio a una colecta de joyas, alhajas y objetos de valor para acrecentar las arcas de la España nacionalista.

Se crearon Juntas Nacionalistas Españolas en todo el territorio argentino, hubo filiales en Santiago del Estero, Entre Ríos, Córdoba, San Luis, Santa Fe, Corrientes, Misiones, Tucumán, Catamarca y Buenos Aires. No obstante, los obstáculos con los que se encontraron los emisarios fueron múltiples, desde la apatía hasta el rechazo más absoluto.

Sus informes evidencian la presencia de una abrumadora mayoría pro republicana en las colonias españolas del interior (más de un 80% según sus propias palabras)

A lo que se sumaba la reticencia de aquellos que, siendo comerciantes o empresarios, no accedían a comprometerse y declarar abiertamente su posicionamiento político a favor de Franco, por temor a perder sus ganancias comerciales, al malquistarse con sus clientes no franquistas.

 Otra iniciativa del Centro Acción Española fue la producción y venta de tarjetas postales a color con la imagen del General Franco, cuya recaudación fue donada a la colecta a favor del ejército sublevado. El director del católico Colegio Champagnat ideó esta propuesta que tuvo un notable éxito entre los alumnos del colegio, quienes en poco tiempo lograron vender más de nueve mil tarjetas entre sus familiares, allegados y amigos.

También hubo agrupaciones femeninas de Acción Española. En consonancia con el ideario más conservador en torno al destino de las mujeres, a las secciones femeninas movilizadas correspondía el ejercicio de la función maternal. Debían ocuparse casi exclusivamente de la contención y el socorro a los niños y huérfanos españoles que sufrían las calamidades de la guerra.

El Centro Acción Española también protagonizó una de las primeras campañas propagandísticas a favor del movimiento rebelde por el interior del país.

Damas de otras agrupaciones encabezaron diversos emprendimientos, como el Ropero Santa Teresa de Jesús. Se encargaba de proveer ropa y calzado para niños y adultos de la zona llamada “nacional”, y pertenecía a los Legionarios Civiles de Franco. El mismo fue integrado a un organismo que residía en España, la Delegación Nacional de Frentes y Hospitales que presidia allí nada menos que Carmen Polo, la esposa del Generalísimo Franco.

Otras entidades se fundaron para contribuir con el alzamiento militar en la península, pero con protagonismo de ciudadanos argentinos, pertenecientes muchos de ellos a lo que se llamaba “alta sociedad”. Fue el caso de Socorro Blanco Argentino pro Reconstrucción de España, creado en diciembre de 1936 por reconocidas personalidades de la intelectualidad y la oligarquía local.

 Y también el de SALVE (Socorro Argentino a las Víctimas de España), cuya comisión directiva estaba conformada por Adela Gramajo de Patrón Costas, Isabel Bonorino Udaondo de Marcó, César González Álzaga y Saturnino Zemborain. Todos apellidos que traían resonancias de extensas explotaciones agropecuarias o grandes empresas urbanas.

Uno de los fundamentos de esa solidaridad era que se sufrieran en Argentina convulsiones similares si triunfaba la república. Se afirmaba “Imaginemos las consecuencias de una victoria del gobierno rojo de Valencia. Es casi seguro que ello provocaría estallidos revolucionarios en América. Ahora mismo observamos aquí un recrudecimiento del espíritu miliciano en la numerosa colonia española (…)”

Voluntarios para la “causa nacional”

También hubo envío de voluntarios, en particular por parte de la filial argentina de Falange Española. No hay un número preciso de cuántos españoles o descendientes de españoles viajaron, pero sí la información de que 80 pidieron la repatriación al final de la guerra.

La primera expedición partió desde el puerto de Buenos Aires a bordo del vapor General Artigas el 26 de agosto de 1936, bajo el comando de Nicolás Quintana y José Ruiz Bravo. Este último viajó además en calidad de corresponsal del periódico Bandera Argentina, de extrema derecha. Este grupo compuesto por 26 jóvenes fue despedido por los adeptos al alzamiento en un almuerzo de camaradería organizado en el Centro Acción Española.

Soledad Alonso de Drysdale, una española muy rica por ser viuda de un importante empresario inglés, que pertenecía a Legionarios Civiles de Franco y también presidía el Socorro para la reconstrucción de España, no escatimó en los costos del agasajo y en el envío de obsequios para los soldados que se hallaban en el frente.

Una despedida muy distinta les daban los trabajadores del puerto que hostigaban a los voluntarios derechistas dando vivas a favor de la república, lo que derivaba en enfrentamientos que llegaron a provocar la intervención de la policía.

Puede afirmarse que el movimiento profranquista en Argentina, y en Buenos Aires en particular, se articuló en torno a burgueses e incluso nobles de nacionalidad hispana radicadxs en el país, que mantenían estrechos contactos con lo que en la mirada benévola se llamaba “alta sociedad” y en la visión crítica, “oligarquía”.

Estos últimos se sumaron a la solidaridad con los golpistas españoles, no sólo por identificarse con Franco y sus seguidores, sino por entender que luchar contra el “comunismso” en España era al mismo tiempo una contribución a la pelea contra el movimiento obrero y la izquierda en nuestro país. Pasar revista a quienes encabezaban las organizaciones profranquistas lleva a encontrarse con representantes de la alta burguesía de ambas orillas del Atlántico.

En la vereda de enfrente, y dispuestos a la lucha, estaba la amplia mayoría de lxs españolas y españoles radicados en nuestro país, con el decidido apoyo de la casi totalidad del movimiento obrero argentino y de una nutrida camada de intelectuales y artistas contrarios al orden capitalista y por lo tanto a los “facciosos” españoles.

Daniel Campione en Facebook.

@DanielCampione5 en Twitter.

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