La esquizofrenia gubernamental y el patentamiento del español

La esquizofrenia gubernamental y el patentamiento del español

14Jun22 0 Por Darío Balvidares

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a través de su ministerio de educación y vía resolución RESOL-2022-2566-GCABA-MEDGC decidió prohibir el lenguaje inclusivo basado en un informe técnico.

Dicho informe, citado en la resolución ministerial sienta sus bases sobre premisas que de ninguna manera se desprenden de las ciencias del lenguaje.

El informe manifiesta que “… las escuelas promueven el desarrollo del lenguaje (…) respetando las reglas del idioma español  (…) Los usos del lenguaje en la enseñanza de la lengua en la educación no son terrenos donde los/as docentes puedan imponer sus preferencias lingüísticas particulares

 – y que – un adecuado desarrollo del lenguaje, facilita el aprendizaje, siendo éste la base del rendimiento escolar (…) entendiendo que la deformación del uso del lenguaje tiene un impacto negativo en los aprendizajes…

Se advierte una contradicción entre el denominado “respeto” a las reglas del español y a “los usos del lenguaje” que además es justamente un territorio de experimentación. Me refiero al lenguaje en la escuela, porque estamos hablando de la escuela del siglo XXI que se conecta con el mundo real y con la innovación que tan de moda han puesto desde la promoción de habilidades y competencias, este gobierno autónomo, todas las provincias y el gobierno nacional, siguiendo los dictados de la OCDE.

Los usos del lenguaje, en estas latitudes no son los usos del lenguaje del idioma español, desde hace muchísimos años las variedades lectales has modificado el habla de la península, porque de eso estamos hablando, de los usos del lenguaje.

Pretender que el lenguaje inclusivo es una “deformación”, es tan desacertado como considerar que las lenguas romances, entre ellas el castellano, universalizado como español, también es una deformación del latín, al igual que el resto de las lenguas de origen latino.

El problema básico es que el informe de marras parte de un supuesto incorrecto, confunde, no ingenuamente, construcción con deformación, e incluso afirma que la “deformación del uso del lenguaje tiene un impacto negativo en el aprendizaje”.

En un documento de la Junta Departamental de la Carrera de Letras de la FFyL (UBA), se señala, respecto de este tema, que: “es nuestro deber advertir como investigadorxs que no existe ninguna evidencia que establezca una relación entre el fracaso escolar o el bajo rendimiento en pruebas estandarizadas y el uso de lenguaje inclusivo de género. Del mismo modo que el uso del desdoblamiento de los géneros masculino y femenino en la resolución emitida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no dificulta la comprensión del documento, la variación generada por el uso de formas no binarias no resulta un obstáculo para el desarrollo de las habilidades de aprendizaje de lxs estudiantes”.

Como vemos los especialistas dejan desnudas las falacias que el propio ministerio inventa sobre el impacto negativo del uso del inclusivo en el aprendizaje, falacia que sostiene que los bajos resultados en dos evaluaciones estandarizadas (TESBA y FEPBA) están vinculados al uso del lenguaje inclusivo; argumento que se invoca para responsabilizar a les docentes del rendimiento de sus alumnes.

Sin embargo, es importante señalar, además de lo afirmado por la Junta Departamental de la Carrera de Letras, que les trabajadores de la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (UEICEE), dependiente del ministerio a cargo de Soledad Acuña, afirman en un comunicado, que además de no haber  elaborado el documento que da origen a la resolución de prohibición del uso del lenguaje inclusivo en las escuelas, aclaran “… que los equipos profesionales de la UEICEE no han sido convocados ni han realizado estudios en relación con este tema. Tampoco tenemos conocimiento que los actuales resultados de las evaluaciones TESBA y FEPBA hayan sido analizados desde una hipótesis de trabajo que los vincule con el uso del lenguaje inclusivo en el aula”.

Por lo expuesto hasta aquí, el sustento, que llevaría a la administración de la ciudad a dictar una resolución de prohibición del lenguaje inclusivo, no tiene relevancia, ni lingüística, ni pedagógica, de hecho esas evaluaciones fueron construidas desde la lógica binaria (masculino – femenino).

Incluso el informe de la UEICEE, que no hicieron les trabajadores de dicha oficina, afirma que la “Academia Nacional de Educación de Argentina sostiene que su utilización (lenguaje inclusivo) en el aula complejiza la lengua tanto como su enseñanza y, además, no contribuyen a señalar la igualdad de los sexos sino que, por el contrario, sugiere la existencia de una rivalidad y no de un encuentro profundo entre ambos”.

La primera parte de la premisa de los “académicos” ya fue respondida, puesto que si no complejiza el aprendizaje, tampoco complejiza la enseñanza. La segunda parte del enunciado, respecto de que el uso del inclusivo “no contribuye a señalar la igualdad de sexos” y “sugieren la existencia de una rivalidad”, esa conclusión es meramente ideológica. En principio, porque se estarían refiriendo solo al binarismo, masculino-femenino, obviando lo que sí entra en el debate profundo de los usos del inclusivo: los grupos sociales LGBTI+.

Los “académicos” insisten con su propuesta ideológica que reconoce solo el binarismo, en una interpretación forzada, como rivalidad, mientras que de acuerdo a sus definiciones, continúa invisibilizando a otros grupos sociales no binarios y además lo fundamentan en otro enunciado, el de la Real Academia Española (RAE 2020) que afirma que: “El uso de la letra ‘e’ como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical (´chicos´) ya cumple esa función como género no marcado de la oposición de género”.

Otra clara postura ideológica en la que se argumenta con el género no marcado, el masculino; además de decir que la letra  ‘e’ como uso inclusivo es ajeno a la morfología del español.

Un grupo de lingüistas escribieron un artículo en el que se aclaran las cuestiones técnicas, que no son propiedad de la RAE: “Una investigación del año 2018 sobre el uso de formas de género no binario muestra que la –e, la –x o la –@ se comportan como morfemas del español, igual que los tradicionales –a y –o. Además, su uso es sistemático, estable, tiene un significado bien definido y forma parte de una continuidad de formas de marcación de género, todas igualmente válidas y disponibles para les hablantes”.

Y sobre el masculino como género no marcado, señalan: “El uso habitual del español considera que el género masculino es ‘genérico’ o ‘no marcado’, es decir, el género estándar, que no solamente designa a varones, sino también a grupos de individuos sin importar su sexo o identidad de género. Así, al decir “hola, chicos” en una escuela nos estaríamos refiriendo a un grupo de personas en edad escolar, sin importar si son varones, mujeres o LGBTI+. Sin embargo, muchos grupos sociales quedan excluidos en ese tipo de usos: ¿por qué, si una audiencia está compuesta por más mujeres que varones, se usa el masculino? Más aún, ¿por qué el género masculino es el elegido para representar a los demás géneros?”.

Preguntas necesarias e imprescindibles como parte de una propuesta didáctica de reflexiones sobre el lenguaje.

La prohibición del uso del lenguaje inclusivo basada en argumentos poco sostenibles desde la lingüística y la pedagogía  fundados en instituciones monárquicas, como la RAE y de marcada colonialidad como la Academia Nacional de la Educación Argentina, es claramente una prohibición de neto corte ideológico – político, rayano con gestualidades dictatoriales. 

El uso del inclusivo es, ciertamente, una marca de lucha, que los poderosos de siempre no esperaban. La apropiación y construcción, por ahora lexicográfica, de diversos grupos sociales que encuentran la forma lingüística de representar la diversidad no es privativo de la Argentina, es un movimiento mundial, como la marea verde.

¡Es una compulsa ideológica! El leguaje inclusivo es un conjunto de marcas que construyen sentido y manifiestan lo diverso.

La esquizofrenia gubernamental

Merece un párrafo aparte el pendular político del gobierno de la ciudad; se muestra con todos los tics que la impronta publicitaria de “pertenecer” al siglo XXI le impone; desconociendo el pasado, convirtiendo lo histórico en asunto de negocios. Con el eslogan “La transformación no para”, un barrio se transforma en un distrito comercial, vulneran sus calles, edificios históricos, sus señas particulares, no preserva la fisonomía, ni sus características, incluso interviniendo el casco histórico violando la normativa vigente.

Sin embargo, una repentina compulsión contra el lenguaje inclusivo revierte otra decisión que el propio gobierno, con el mismo jefe, Horacio Rodríguez Larreta, había tomado en 2018, según el propio sitio de noticias del gobierno de la ciudad, promocionando un taller de lenguaje inclusivo a cargo de Diana Maffía para todes les empleades del GCBA.

Esa promoción gubernamental termina con el siguiente párrafo: “La Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural del GCBA entiende que la incorporación del lenguaje inclusivo es una política de cambio cultural hacia una sociedad más igualitaria”.

Diana Maffía, también integra el equipo de redacción de los Manuales de Lenguaje Inclusivo para Educación Inicial, Primaria y Secundaria elaborados a pedido del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.

Como consecuencia de la reciente prohibición, el equipo sostiene en un comunicado que: “La resolución del Ministerio de Educación, en sus fundamentos, retrocede en cuanto al alcance de los manuales. Y las afirmaciones prohibicionistas del Jefe de Gabinete señalan una postura y una decisión política que va a contramano del espíritu del trabajo que hemos realizado”.

Ese pendular esquizofrénico en las decisiones políticas es producto de sus propias incertidumbres como partido de derecha que habita el gobierno de Larreta en su carrera por mostrar cuan cercano está a las insensateces mediáticas que puso de moda el fascismo de cotillón de Javier Milei.

El patentamiento del español

El hecho de que el fundamento de la prohibición del uso del lenguaje inclusivo en las escuelas sea lo declarado por la Academia Nacional de la Educación, en función de lo que advierte la Academia Argentina de Letras y la RAE, es suficiente prueba para demostrar que además de un burdo artilugio político con miras electorales, la prohibición responde a las posturas ideológicas de esas instituciones que, curiosamente, parecen rasgarse algunos sustantivos en aras de mantener el statu quo de una lengua cosificada en sus gramáticas coloniales y sintaxis de dominación imperial.

 Veamos una parte de la declaración: “… la Academia Nacional de Educación considera oportuno hacer público su apoyo a lo manifestado por la Academia Argentina de Letras cuando afirma, al cabo de una extensa fundamentación, que «no deben forzarse las estructuras lingüísticas del español para que se conviertan en espejo de una ideología, pues la Gramática española que estudiamos no coarta la libertad de expresarnos o de interpretar lo que expresan los demás. Lo afirmamos con la convicción de que una lengua que interrelaciona nunca excluye». Así también lo ha expresado la Real Academia Española en su detallado informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas”.

Es evidente que lo que sostienen las academias no es más que un prejuicio de clase en el que encuentran una amenaza ideológica que ponga en peligro las patriarcales estructuras gramaticales en la disputa por el reconocimiento y visibilización de la diversidad.

Como se dijo, no es un debate sobre los cánones del español, es un signo mundial de nuevo tipo, por el momento un conjunto léxico que disputa la heteronomía de la lengua, cosificada en la academia imperial y en las academias coloniales.

Es paradójica la declaración en el segmento que dice: “Lo afirmamos con la convicción de que una lengua que interrelaciona nunca excluye”; porque de hecho excluyen a quienes pretenden usar el lenguaje inclusivo y esa exclusión, producto de su temor ideológico de clase, lleva a un gobierno que intenta representar esa clase, a ejercer la prohibición, la censura.

El lenguaje es dinámico y no hay cómo detener su evolución lingüística, ni socio-histórica, no tiene títulos de propiedad, sólo algunas instituciones obsoletas, como la RAE, una academia monárquica que pretende resguardar sus privilegios hegemónicos imperiales y las academias vernáculas coloniales que también rinden pleitesía con sesgos aristocráticos propios del imaginario de la oligarquía decimonónica  y de las altas burguesías del siglo XX.

Por supuesto que la disputa es ideológica, porque la batalla es cultural y porque somos seres pensantes y la ideología se realiza en el lenguaje que nos construye o nos deconstruye.

Después de todo, lo que llaman “español”, no es más que el “castellano” que se impone como lengua nacional en la península, a partir de coyunturas socio-históricas, sobre las otras variantes dialectales con las que convive, como el bable o asturiano en Asturias; el gallego en Galicia y el catalán en Cataluña.

Incluso el debate y no la censura reaccionaria ya tendría que ser sobre la hipótesis de una lengua que se desprenda de los condicionamientos de la RAE y las academias locales de sesgo colonial, concretamente, sobre la soberanía lingüística. Un debate que más temprano que tarde será socializado en congresos de educación, donde se pondrá fin a las preceptivas que imponen el “de eso no se habla”.  

Darío Balvidares

Imagen destacada: Cambio 16

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