Una fecha que debe interpelar a la sociedad

Una fecha que debe interpelar a la sociedad

17Jun22 1 Por Hugo Antonio Blasco

 El 15 de junio fue declarado por las Naciones Unidas como el “Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a la Vejez”.

La fecha, fijada en el año 2011 por la Asamblea General de la ONU, no hace más que poner en evidencia la pobreza moral y cultural de nuestras sociedades.

Sin lugar a dudas el modelo aceptado y asumido socialmente es el que muestra la relación entre las personas y sus capacidades para producir riquezas materiales. En tal sentido es la juventud sana y fuerte el mejor exponente de ese ideal.

Contrariamente se asocia a la ancianidad con la enfermedad, la incapacidad, la improductividad. Se convierte a las y los adultos mayores en “una carga”.

Es habitual escuchar palabras despectivas e incluso observar actitudes ofensivas hacia esas personas. Lo vemos cotidianamente en todos los ámbitos tanto públicos como privados. Es el destrato deliberado o negligente, en otras oportunidades es directamente el maltrato.

Quizás la máxima expresión de esta desconsideración sean los haberes jubilatorios, convertidos en su mayoría en una afrenta a la dignidad de las personas.

La realidad de las y los adultos mayores está sujeta al sistema económico, político, social y cultural en el que vivimos.

Hace algo más de 20 años Domingo Cavallo, ex funcionario de la dictadura, de Carlos Menem y de Fernando De la Rúa, explicaba cínicamente que las y los jubilados tenían algún familiar cercano que los ayudaba económicamente.

Más acá en el tiempo, la ex Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, manifestaba su preocupación por el crecimiento de la población adulta mayor jubilada a partir del aumento de la expectativa de vida y que eso traía el riesgo de afectar seriamente a la economía.

Pocas semanas atrás trascendió un dictamen del FMI, en el marco del acuerdo firmado entre el gobierno argentino y el organismo internacional, en el que se señalaba críticamente que en Argentina había muchas personas  jubiladas y que, además, los haberes eran muy altos. Incluso destacaba que eran superiores a los de países desarrollados. Obviamente una mentira absoluta.

Otro de los graves problemas que afrontan jubiladas y jubilados es la falta de un acceso realmente rápido, eficiente y completo a los servicios de salud. Trámites engorrosos y esperas interminables son inaceptables.

Lo descripto sucintamente comprende básicamente a las y los beneficiarios de ANSES y PAMI pero también podríamos hacerlo extensivo a quienes lo son de varias cajas provinciales configurando entonces un universo de maltrato explícito a las y los adultos mayores.

Lamentablemente la grave situación de este sector del pueblo trabajador no es producto de la casualidad. Por eso se mencionan más arriba algunos antecedentes puntuales a los que habría que agregar descuentos en los haberes, aumentos miserables y congelamiento de los mismos con el argumento del déficit fiscal. Todas iniciativas neoliberales.

Hay un concepto que es compartido tanto por la derecha como por ciertos sectores “progresistas”: lograr que el sistema previsional sea sustentable. En primer lugar habría que definir a qué se le llama “sistema sustentable” porque alegan que no hay dinero para pagar jubilaciones dignas pero sí lo hay para pagar deuda externa y subsidios a grandes empresas monopólicas. Paralelamente disminuyen las contribuciones patronales a la previsión social y no se combate el trabajo no registrado (no aporta a la previsión social y desprotege al trabajador/trabajadora).

Un capítulo aparte para aquellos sindicatos que aceptan pagos no remunerativos (en negro) que no tributan a la previsión social colaborando a la desfinanciación de las cajas previsionales. Esta situación abarca tanto al sector privado como al público.

Podríamos decir que el maltrato hacia las y los adultos mayores tiene varias aristas. Lo cultural, social es gravísimo. Es inadmisible el desprecio o indiferencia activa y/o pasiva hacia las personas mayores. Estas conductas son alentadas a diario en la TV o la radio donde se hace un culto de ciertos modelos físicos y etarios bien definidos, en los que abundan los cuerpos jóvenes, atléticos, vigorosos. Se va generando un “sentido común” que no incluye a las personas mayores y solamente se las considera desde la lástima, porque son los que estarían sobrando y encima cuestan. Lo mismo que opinan de los sectores populares que deben ser asistidos por el Estado para poder subsistir.

Finalmente debemos concluir que el maltrato a las personas adultas mayores es la legitimación, consciente e inconsciente, de las políticas antipopulares  que se llevan adelante por parte de los sucesivos gobiernos. Y que garantizan la reproducción de un sistema profundamente injusto e inhumano como es el capitalismo.

Avanzar en políticas que respeten y dignifiquen la vida de las y los adultos mayores, y en particular lo relativo al sistema previsional, implica atacar las bases de este sistema.

Hugo Antonio Blasco

Corriente Política de Izquierda

Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados

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