La e de la discordia

La e de la discordia

18Jun22 1 Por Irene Antinori y Alfredo Grande

 “Prohibido prohibir. Prohibido obligar. Toda libertad comienza con una prohibición” (aforismo implicado)

A través de una resolución que rige desde el viernes pasado, los docentes de la Ciudad de Buenos Aires, no podrán utilizar el lenguaje inclusivo en las clases.

Tampoco se puede usar en las comunicaciones institucionales en las escuelas. Todos los colegios de la ciudad tienen prohibido el uso del lenguaje inclusivo en las aulas. Así lo estableció el ministerio de educación porteño, a cargo de Soledad Acuña, a través de una resolución oficial que ya rige. La resolución del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta ha “primereado” en el país. La Ciudad de Buenos Aires, es la primera jurisdicción argentina que toma partido en el debate en torno al uso del lenguaje inclusivo. La medida prohíbe el uso de las expresiones con “e”, “x” y/o “@” en el nivel inicial, en la escuela primaria, y en el colegio secundario; de esta forma palabras como “chiques”, “bienvenides”, “alumnes”, en las que se busca incluir a quienes no se identifican con los géneros binarios (varón/mujer), no podrán ser utilizadas por los docentes, los alumnos, ni las instituciones educativas.

Lo que vamos a compartir son algunas opiniones. No tendrán gran  fundamento teórico. Ninguno de los dos somos lingüistas, por eso recomendamos leer un artículo que se publicó en este mismo portal. Un artículo muy interesante desde la perspectiva lingüística. Hablan especialistas del CONICET y de otros espacios. Cuando Cristina Fernández de Kirchner era presidente, apareció el tema de nominarla como “presidenta”. También se abrió un debate intenso. En ese momento con la poca o mala información disponible , decíamos que era perfectamente legítimo decir “la presidente”.  De la misma manera que se dice “la estudiante” o “el estudiante” y no se dice “la estudianta”.  Porque el sufijo “ente”, habla justamente de eso, del ente que sostiene una acción. En ese caso la acción de estudiar.  La adjetivación va por cuenta del artículo:  la, el, lo.  Con decir “la presidente” ya estaba adecuado el género con el cargo. Como es habitual cuando se prefiere pelearse por la parte porque es más fácil que discutir el todo, el debate se sobredimensionó. La razón de Estado estableció el mandato decir “la presidenta”. Nadie dijo nunca “el presidento”. Y menos “lo presidente”, aunque algunos lo hubieran merecido. 

Para nosotros es necesario al menos preguntarnos si el lenguaje inclusivo, y lo decimos en el sentido político, es en realidad tan inclusivo como parece. Porque en realidad, el lenguaje inclusivo, está dirigido básicamente a a lo que se llama lo no binario. Una forma de romper el binarismo duro que impone la heterosexualidad, aunque no solamente la heterosexualidad. Ahora bien: lo no binario ocupa una parte reducida del universo de género. No podemos decir cuánto abarca, y no vamos a hacer encuestas. Pero lo que sí sé es que un masculino, o una femenina, no estamos incluidas en el no binario. Es necesario que el no binario esté con una denominación propia. Por eso en esta situación la E es inclusiva. Creemos que, al usar solamente el lenguaje inclusivo (al menos denominado inclusivo) quedamos borrados/invisibilizados los demás géneros. La femineidad o la masculinidad no quedan incluidas en lo no binario. Es paradojal que lo binario quede incluido en lo no binario. Esto por fuera de toda reflexión lingüística para lo cual remitimos al artículo del portal Tramas.ar. Hay una cuestión política que ya viene de antes del no binario. La actual vicepresidenta también está incluida en un género binario. Cristina Fernández de Kirchner. Binarismo al palo.  Desde ese binarismo se hizo palanca para imponer la “a”.  Presidenta. La E de presidente no servía.  Por eso cuando todos los enfoques desenfocan de acuerdo a los tiempos, a los momentos político partidarios, es difícil pensar que lo lingüístico no está traccionado por lo político. Ahora mal: reemplazar el debido debate por una prohibición, es un remedio peor que la enfermedad. Especialmente porque no hay enfermedad. Que Acuña lo resuelva en Soledad, es síntoma de debilidad, y no solamente política. En el ámbito educativo habría que haber hablado, haber abierto un amplio debate, un espacio de consulta. La prohibición que el Ministerio impone, nos recuerda cuando en la España de Franco se prohibía hablar el vasco, y otras lenguas de las autonomías.  La prohibición seca es la cuña que en Soledad se acciona. Recordamos uno de los grafitis del Mayo Francés: “prohibido prohibir: la libertad comienza con una prohibición”. La ciencia intenta entender, no necesita prohibir.

Queremos entender el por qué un maestro, una maestra, un maestre, un alumne, hablan con el lenguaje inclusivo y qué les pasa. Prohibir es reprimir un poco bastante y es la clásica receta de la cultura represora. Porque es peor una prohibición, cualquier prohibición, a algo que debe ser trabajado y estudiado. Por eso escribimos para propiciar que el debate siga abierto.

Cuando uno comienza un discurso, puede decir “bienvenidos todos, todas y todes” y después, continuar hablando como le sea más fluido. Nos parece que esto es indispensable para abrir el abanico y aceptar la inclusión, pero nos parece difícil de sostener el lenguaje inclusivo con el mandato de la E. Para la autora y el autor de este texto, la “e” deja por fuera a los binarios.

De todas formas, estamos incluidos porque evidentemente el lenguaje y la política nos habilita. Recordamos cuando se discutía la ley de cupo femenino, el cupo trans, todas cuestiones absolutamente legítimas. Evaluar un cupo no binarie nos parece que está por dentro de una política profundamente democrática y profundamente transformadora. Pero no dejamos de señalar que la “e” representa una parte del universo de género. Por lo tanto, tiene tanto derecho como la “o” o la “a”. Además, no es retroactivo, porque hay muchas obras ya escritas con un lenguaje supuestamente no inclusivo. No vemos que una  re encarnación de José Ingenieros publicara: “El Hombre, la Mujer y el No Binarie mediocre”.  O quizá sí, pero nos parece demasiado rebuscado. Si bien el lenguaje es performativo, no implica necesariamente que sea performativo en el sentido más reaccionario del término. Cuando decíamos “el hombre nuevo”, en la década del ’70, era muy claro en esa época que decir hombre era decir humanidad, era la fuerza transformadora y revolucionaria. De la misma manera que estamos en contra de que por mandato se prohíba, bueno, también estamos en contra de que, por mandato, se obligue.

Si decimos está prohibido hablar con la “e”, o decimos, es obligatorio hablar con la “e”, estamos en el campo de la cultura represora. Porque, por omisión o por acción, el mandato es uno solo; prohibir/ obligar. Lo que nos preocupa es que sea vía prohibición, no se puede decir, o sea vía obligación, hay que decirlo, estamos en el plano de la cultura represora y más prohibido allá o más acá, la que gana siempre es la cultura represora. Pensamos que se trata de luchar contra toda hegemonía y jerarquía, sea masculina, femenina o no binarie.

Irene Antinori y Alfredo Grande.

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