Glifosato en los cuerpos

Glifosato en los cuerpos

23Jun22 0 Por Nora Tamagno

Encontraron restos de este agrotóxico en la orina de niñxs y una docente de escuela rural de Baradero. Son numerosas las evidencias de la peligrosidad de este herbicida de uso masivo en nuestro país, pero los defensores del agronegocio siguen negando los daños y descalificando los reclamos.

La lucha en Baradero

En esta localidad de la provincia de Buenos Aires, un grupo de organizaciones socioambientales integran la campaña “¿Qué agua tomamos, qué aire respiramos?” (https://www.instagram.com/p/Cel31WBuDHS/)

Sus objetivos son “desarrollar un abordaje integral de la situación sobre los agroquímicos y su impacto en el ambiente y en la salud de las personas”. En el marco de esa campaña. Se propusieron evaluar la presencia o ausencia de Glifosato y su metabolito AMPA, en el cuerpo de las personas. Para ello enviaron muestras de orina al Laboratorio Farestaie de la localidad de Mar del Plata. La conclusión de su análisis confirmó la “presencia de Glifosato y AMPA en la orina. Los resultados arrojaron un 40% de positividad del total de muestras enviadas, siendo que todas eran de alumnos y una docente perteneciente a la comunidad educativa de una misma escuela rural”.

Los efectos del glifosato

La gravedad de estos hallazgos radica en la comprobada peligrosidad de este agrotóxico en nuestro país y en el mundo. Algunos datos relevantes son: el año 2015, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó que el glifosato es una sustancia probablemente cancerígena. 

En el día de hoy (21/06/2022, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó un recurso de Monsanto, propiedad del grupo alemán Bayer, con lo que ratificó de forma definitiva la sentencia que le condenaba  a pagar 25 millones de dólares a un granjero que pudo demostrar que tras décadas de exponerse al herbicida contrajo el Linfoma de Hodgin, un tipo de cáncer que se forma en el sistema linfático.

El glifosato en Argentina

La importante labor del Dr. Carrasco, demostró los daños de este agrotóxico para la salud humana, enfrentando al lobby de las empresas y sus aliados. Puso en cuestión la orientación de la ciencia en nuestro país y marcó un camino para la investigación libre de conflicto de intereses.

En una nota de Ciencia y Tecnología UNLP (ver nota aquí), se informa que “Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata advierten que los residuos de este peligroso herbicida con potencial carcinogénico están presenten, en diferentes concentraciones, en la lluvia que cae en el centro de nuestra ciudad, en el algodón, gasas, peces, en las lagunas bonaerenses, en distintos alimentos que consumimos, en todo nuestro sistema ambiental”. Y que, “existen relevamientos en niños en zonas fumigadas donde se ha demostrado el daño genético respecto a un grupo control, el que ha sido asociado con la exposición a plaguicidas”.

En esa nota el Dr. Damián Marino comenta que Argentina ocupa “el primer puesto a nivel mundial en la cantidad de uso de plaguicidas por habitante por año (10 litros de plaguicidas por habitante por año)”. Y que “en las distintas muestras ambientales que se toman en nuestro país, se puede ver que el glifosato ocupa entre el 80 o 90 % de la carga másica total de plaguicidas de la muestra“.

Qué dicen los defensores del agronegocio?

A pesar de las evidencias, las voces del modelo de agricultura industrial, aliadas a las multinacionales, insisten en afirmar que el glifosato no hace daño y que hay que ajustar los modos de aplicación. Así intentan transferir toda la responsabilidad a lxs productores.

Por ejemplo, el presidente del INTA, Mariano Garmendia, en una reciente nota del diario La Nación (ver nota aquí), declaró que “los cuestionamientos vinculados a lo ambiental que se le hacen a la producción agropecuaria no son racionales”. Planteó también que “necesitamos producir en el campo, aunque de la manera más sustentable posible”, para lo cual propone que hay que trabajar para tener una “buena ley del uso de agroquímicos o fitosanitarios” y para aplicar “buenas prácticas agrícolas (BPA)”.

La “racionalidad” a la que apela es la de negar los tremendos daños y descalificar otras alternativas productivas. Plantea que Argentina avance con el modelo que se basa en el uso de agrotóxicos y propone resignación frente a la alternativa infernal del agronegocio, dando vía libre para que las multinacionales continúen acumulando sus ganancias extraordinarias. Lejos está de considerar la posibilidad de producir bajo el paradigma de la agroecología a pesar de las importantes experiencias exitosas con las que cuenta nuestro país, incluso en la entidad que él preside.

Enfrentar el modelo, construir una alternativa, reclamar justicia

Es importante difundir, apoyar y replicar en todo el territorio las acciones como la campaña ¿Qué agua tomamos, qué aire respiramos? de Baradero.

También es necesario articular todas las luchas ambientales que se desarrollan a lo largo y ancho de nuestro país, para exigir un modelo productivo a nivel nacional, que sea sustentable en todas las dimensiones, que apueste a alcanzar la soberanía alimentaria y que implique otro modo de vincularnos con la naturaleza.

La sociedad se está pronunciando cada vez más en contra del modelo. Es hora de que empecemos  a considerar delitos imprescriptibles y crímenes contra la humanidad, a todos los daños que el extractivismo en general y la agricultura industrial en particular, hacen a la salud humana y ambiental. Para que tarde o temprano también la justicia se pronuncie en el sentido de reparar, y caiga con todo su peso sobre los responsables políticos.

Imagen: https://diputadosbsas.com.ar/

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