Movimientos sociales y sujetxs para la revolución

Movimientos sociales y sujetxs para la revolución

23Jun22 0 Por Liliana Costante

El 16 de junio pasado, la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISyP) organizó una charla virtual en torno al eje “Movimientos sociales y sujetos para la revolución.”

Convocó para participar a Arturo Gómez, profesor de la Universidad Nacional de San Luis y dirigente del gremio docente; María Carla Rodríguez, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y militante del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) y Guillermo Cieza, militante popular y escritor. El encuentro con estxs militantes populares sigue la línea de trabajo distintiva de la Fisyp en cuanto a la indispensable articulación entre la teoría y la práctica. Aquí, algunos puntos salientes de la exposición de cada unx de lxs invitadxs.

La charla convocada por FISyP se inició rememorando la fecha del 16 de junio de 1955 cuando escuadrones de aviones de la Aviación Naval argentina, bombardearon y ametrallaron con munición aérea la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, matando a más de 300 civiles e hiriendo a más de 700, entre los que se contaban quienes se habían concentrado en defensa del presidente Juan Domingo Perón y en contra del golpe cívico-militar que se inauguraba. A partir de allí, la voz de lxs convocadxs al encuentro.

Las intervenciones.

Arturo Gómez reivindicó el abanico de luchas en Nuestra América como base del “de dónde venimos” como militantes sociales, recordando desde lo gestado en Chiapas a aquello de “saltar los molinetes” de Chile. En ese recorrido, Gómez inserta el surgimiento del movimiento piquetero y momentos como los de la pueblada del 2001 y la resistencia popular que coadyuvó a derrotar el proyecto del ALCA en el 2005 sin dejar de recordar la respuesta represiva del Estado -como en el caso de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán- como también las consecuencias en lo social de ese mismo Estado cuando responde con el neodesarrollismo, por el que muchxs sujetxs fuerxn cooptadxs. Gómez reafirmó que las burocracias despliegan su arsenal de mecanismos para contener y lograr detener cualquier intento de resistencia frente al ajuste, como hoy lo seguimos viendo. De allí la necesidad de reivindicar la acumulación histórica de tales procesos así como también de otros en los que se rastrea incluso la crítica a viejas formas de la izquierda y a las del ámbito sindical. 

En línea con el derrotero de luchas sociales que venía señalando, Gómez puntualizó la importancia del movimiento feminista que irrumpió para despatriarcalizar las relaciones sociales. Así como aquellas resistencias “desde abajo” que las distintas vertientes del movimiento ambientalista, como las que se vienen desarrollando frente a la aplicación de agrotóxicos para la agroindustria. Y la de contaminantes de la tierra y del agua aplicados a la minería a cielo abierto, o contra la modalidad del fracking en la exploración y explotación del petróleo.

A partir de la experiencia, señaló el desafío de replantearnos cómo hacer para generar lazos de confianza para poder ampliar lxs sujetxs y estar en mejores condiciones para superar la resistencia como etapa y “saltar los molinetes” al encarar la ofensiva hacia la revolución.

María Carla Rodríguez habló desde la experiencia del cooperativismo autogestionario y la construcción de relaciones concretas de trabajo desalienado. Describió cómo, para el mundo del trabajo -progresiva y profundamente precarizado-, la hegemonía se ve lejana y, la explotación, incorpórea. Señaló como las nuevas tecnologías sobre comunicación popular también inciden en la acentuación de mundos separados, en la fragmentación de la temporalidad -todo lo cual funciona en consonancia con la trampa del posibilismo-.

La toma de conciencia para luchar contra el sometimiento implicado en funciones y condiciones estereotipadas del género fueron puestas de relieve por María Carla al aseverar que la reproducción es consustancial a la producción.

“Hoy es más fácil imaginarse la apocalíptica destrucción total del planeta que la posibilidad de cambiar por otro modo de producción” opuesto al capitalismo -enfatizó Rodríguez encarando ese “sentido común” instalado. De allí que haya puesto el acento en el desafío de “jerarquizar la defensa de los bienes comunes y del común”, en cultivar encuentros y escuchar las distintas voces que lleven a un nuevo internacionalismo de los pueblos, poniendo la creatividad en juego para que el desarrollo se haga “sin calco ni copia”, para lo cual necesitamos formación política en las nuevas camadas de militancia.

Guillermo Cieza recuperó experiencias de control obrero y su desarrollo en la década de los ‘60 y ‘70, poniendo de relieve tanto la irrupción de movimientos sociales que dan continuidad a la historia de luchas previas, como el hecho de que tales experiencias no han podido ser capitalizadas. Señaló esta falta de capitalización como producto en parte del “encandilamiento con la novedad de los movimientos sociales”, en la medida en que a “la novedad” se la engancha con la orfandad de una historia previa y de lxs sujetxs -lo que hace caer en el esencialismo-. Cieza conectó la valoración de esa ruptura -el “no hacernos cargo del pasado”- con una posición eurocentrista, fundamentando el por qué y para qué fue necesario en Europa alinearse con esa posición.

Asimismo revisó la “idea del gobierno popular” recordando que, en su momento, la lucha era para que volviera “ese” gobierno. Señaló que el desalentador grado de retroceso de debate que exhiben los movimientos sociales está ligado con el haber quedado entrampados con instancias enunciativas que no tienen ni dan espacio para la construcción de alternativas. No obstante lo dicho, “los movimientos sociales le dan un dolor de cabeza a los poderosos, incluso hoy al gobierno” -comentó Cieza-, dejándonos dos advertencias surgidas de su conocimiento y experiencia de vida: que la revolución no es “en el mundo” y  la imperiosa necesidad de “no recurrir a atajos” en política.

“El desafío es hacer y hacerlo con otrxs”.

Lxs convocadxs respondieron a preguntas hechas por asistentes a la charla en las que hubo fuerte coincidencia en cuanto a la necesidad de recuperar el acumulado histórico en el que se inserte la militancia presente y futura en nuestro país y de Nuestra América. Para lo cual no se puede prescindir de la necesaria formación política que coadyuve a la unidad y a la organización y el rechazo al espontaneísmo. En esa línea, la construcción de síntesis es el gran desafío que nos interpela, lo que desafía a fortalecer la articulación de lo múltiple, respetando los matices que cada espacio pueda aportar, ya que el plano cultural es una batalla.

Se señalaron ejemplos provechosos como el de la articulación que, desde 2016, desarrolló el MOI con otros grupos repudiando el encarcelamiento de Milagro Salas, así como con la Federación de Tierra y Vivienda; también el de la Autoconvocatoria por la Suspensión del pago y Auditoría de la Deuda y la experiencia de movilizaciones compartidas con el FITU en temas estructurales.

En ese reconocimiento de la politicidad, en la reivindicación del sujeto/a plural “que no tiene capital”, la unidad es el tema central. Por lo que resulta imperioso asumirnos como necesarios al par que abrir camino a otras organizaciones con sujetos/as a las que no llegamos como con el movimiento de Memoria, Verdad y Justicia y las distintas manifestaciones del movimiento femidisidente.

Es indudable que el objetivo de FISyP al convocar a estxs militantes populares estaba lejos de la pretensión de agotar el tema en torno al cual se desarrolló la charla. La continuidad del encuentro con estxs y otrxs militantes sociales resulta indispensable para intercambiar distintas miradas sobre la práctica de movimientos sociales y sujetxs, en pos de fortalecernos en una posición teórica que esté lo menos deformada que sea posible por el fetichismo capitalista. 

Liliana Costante.

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