20 años de una masacre impune, 20 años de lucha colectiva

20 años de una masacre impune, 20 años de lucha colectiva

28Jun22 0 Por Matías Gianfelice

Este 26 de junio se cumplieron 20 años de la Masacre de Avellaneda. Desde Tramas cubrimos las jornadas del 25 y 26 en la estación Darío y Maxi y en el puente Pueyrredón.

“Vamos dando batalla por un mundo que sea diferente…” Es domingo 26 de junio de 2022 y una multitud desborda Avellaneda y desborda el frío. No asoma la resignación ni la desesperanza, la multitud canta, salta, prende bengalas y recuerda. Que enorme herencia popular supimos construir: este pueblo tan lleno de sus contradicciones, recuerda y no se permite el olvido.

Ayer 25 de junio la estación Darío y Maxi era un hervidero de conciencia de clase, de lucha obrera y piquetera, de encuentros colectivos, de cultura y arte. Mientras se sucedían las presentaciones, intervenciones, presentaciones de libros, recitales, ferias, etc; a todxs lxs que estábamos ahí nos recorrían un torbellino de emociones.

Las miles de personas que fueron pasando desde el mediodía del 25 hasta bien entrada la madrugada cerrada al fulgor de las antorchas, nos dimos cita con la historia y con el presente. Se preguntan Leo y Vanina (hermanxs de Darío y Maxi respectivamente) “¿Hasta cuándo vamos a poner los muertos de este lado?”. Nos quedamos (o quizás me quedo yo solo y hago extensivo mis sentires) pensando la urgencia de una respuesta que ponga límite a tanta barbarie. Sabemos que del otro lado afilan los colmillos porque los excita la tragedia popular, el desangre del pobrerío.

Con la dialéctica del escenario, minutos después contesta Alberto Santillán, papá de Darío, “Porque nos merecemos cambiar esta bendita Argentina de raíz, como querían Maxi y Darío, porque por eso luchaban”. Entre ovación y varios llantos, los encendidos discursos le dan calor a una noche helada.

20 años de aquel crimen de Estado que buscó aleccionar y silenciar, que encontró organización y memoria para no olvidar. 20 años de caminos sinuosos, de palabras mentirosas, de asesinos con ministerios. Pasa mucha música que nos hace saltar para ir combatiendo el frío y llega una madrugada cerrada, que la abre el fuego de las antorchas. Miles empiezan una vigilia al sur del Riachuelo, anclados en un barrio obrero con paredones inmensos y fábricas abandonadas. Retazos de un pueblo que construye aunque quieran someterlo hasta romperlo, barriadas que fueron cuna de una generación que entró al nuevo milenio agitando el cambio social y quemando gomas. Maxi y Darío, el arte y la conciencia, palabra y acción, que seguramente también hacen la vigilia por haber sido tanta siembra.

El domingo 26 amanece igual de frío, pero tan movido que los cuerpos se aprestan a subir la colina de cemento, agitando banderas rojas y negras, agitando ideas que no perecen. El mediodía del 26 nos encuentra a más de 50 mil personas copando el puente Pueyrredón en una movilización y acto que envuelve la retina de millones: 20 años de impunidad que seguimos transformando en 20 de lucha. Otra vez los discursos que nos roban lágrimas y nos erizan el deseo revolucionario ¿Cuánto más debe experimentar una conciencia para romper sus moldes y salir a darlo vuelta todo?

Cierra nuevamente Alberto Santillán y no hay manera de dejar de gritar por Maxi y Darío, por lxs 30 mil, por tantxs asesinadxs bajo la represión estatal. Nuevamente nos envuelve el repicar de la batucada y el humo rojo y negro, sigue la batalla porque no nos han derrotado.

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