Glifosato y el espejo donde no se quieren mirar

Glifosato y el espejo donde no se quieren mirar

29Jun22 0 Por Nora Tamagno

El glifosato asociado a la soja transgénica es el paradigma del agronegocio en Argentina. Su cuestionamiento se enfrenta a la férrea defensa por parte de sectores empresarios y del poder, quienes son y serán los principales responsables de los daños ocasionados a la salud de las personas, los suelos y el ambiente.

El reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que comentamos hace unos días en tramas.ar (ver nota aquí) significa un espejo en el que muchos no quieren, ni les conviene, mirarse. En ese país, Monsanto deberá pagar 25 millones de dólares a un productor que enfermó de cáncer tras décadas de utilizar roundup (glifosato) en su campo. El argumento del fallo fue que la empresa no advirtió debidamente los riesgos derivados del uso de su producto.

El glifosato es un herbicida de acción total, es decir mata toda planta que toca, porque no discrimina. Por esta capacidad, durante muchos años, fue uno más de entre tantos herbicidas usados en la producción agrícola. Pero eso ya casi pertenece al pasado. En nuestro país, este agrotóxico saltó a la fama a partir del año1996, con la aprobación de soja transgénica, que es resistente a este herbicida. Desde entonces, su uso se masificó, pasando de alrededor de 20 millones de litros por año, a los 200 millones de litros en el 2012. Actualmente hay numerosas empresas que producen y venden los 402 formulados comerciales que contienen glifosato, aprobados en Argentina (ver aquí).

Entre quienes no quieren mirarse en el espejo hay muchos nombres, que han salido en defensa del modelo en general y del glifosato en particular. Nombres de empresas pero también nombres propios, algunos sorprenden menos que otros:

El lobista de Monsanto, Patrick Moore, afirmó en una entrevista que el herbicida “Roundup” (que continen glifosato en su fórmula), es inofensivo y “se puede beber un litro sin que te haga daño alguno“.

En nuestro país, el Dr. Lino Barañao Ministro de Ciencia y Técnica de la Nación se hizo famoso cuando dijo en el 2011: “No está probado. Hay gente que se ha tomado un vaso de glifosato, para suicidarse, y no le ha pasado nada”. Y posteriormente agregó que el Glifosato podía ser tan dañino como “agua con sal”.

La Farmacéutica y Profesora Titular de la Cátedra de Toxicología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, Edda Villaamil afirmó: “No conozco otro herbicida más seguro y más inocuo que el glifosato

Grobocopatel, el empresario conocido como “el rey de la soja” (aunque últimamente Grabois y varios sectores oficialistas, no lo recuerden así), dijo que “es mejor una agricultura con glifosato que con otros agroquímicos”.

Por parte de las empresas que comercializan el glifosato, no se puede esperar otra cosa que propaganda realzando sus buenos efectos. En algunos casos los nombres comerciales que ellas elijen para sus productos son más que elocuentes, por ejemplo: maximus, power, kaiser, etc. Pero el caso más destacado es el de la empresa Corteva Agriscience (alianza de DuPont, Crop Protection y Dow AgroSciences), que eligió para su glifosato el nombre PANZER. Para quienes no conocen la historia, es una forma abreviada de Panzerkampfwagen, palabra alemana que significa “vehículo de combate blindado”, así se llamaron los famosos tanques alemanes de la segunda guerra mundial.

Más allá de todos los intentos que empresas y personajes hacen por defender al modelo y al glifosato, su peligrosidad es hoy indudable. Peligrosidad que no sólo radica en su toxicidad (algunos podrán decir por ahí que no es de los agroquímicos más tóxicos), sino en la enorme cantidad de litros que se usan anualmente y en que sobran las evidencias de que el glifosato enferma y está presente en el cuerpo de las personas, en los cursos de agua, en el agua de lluvia, en los suelos y en muchos productos de consumo humano.

Por eso la lucha contra los agrotóxicos crece a lo largo y ancho de nuestro país. Si en Estados Unidos, Monsanto fue declarado culpable por el hecho de no advertir los daños posibles en las etiquetas, cuál debería ser la pena para quienes, desde espacios de poder, defienden a capa y espada al glifosato, mintiendo y negando evidencias y daños? Tal vez por eso, en Argentina hay muchos que no quieren mirarse en el espejo.

Imagen: www.anred.org

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