Se fue Guzmán. ¿Vuelve Cristina?

Se fue Guzmán. ¿Vuelve Cristina?

3Jul22 1 Por Guillermo Cieza

La renuncia de Guzmán parece producto de la percepción del Ministro que se había quedado sin espaldas dentro del propio gobierno para seguir gestionando los estrechos márgenes de la economía no comprometidos con el acuerdo con el FMI. Distintos movimientos de Cristina muestran su decisión de confrontar con Alberto Fernández por la fórmula presidencial de 2023.

El Ministro Guzmán venía herido desde el momento mismo en que presentó el resultado de la negociación con el Fondo como “el mejor acuerdo posible” y se encontró un fuerte rechazo en distintos sectores de la sociedad e incluso dentro el propio gobierno. Referentes importantes de derechos humanos, economistas, movimientos sociales y partidos de izquierda calificaron al acuerdo como el reconocimiento de una Estafa. La última movilización de Ni Una Menos marchó con la consigna “Vivas, libres y desendeudadas, nos queremos”. Incluso hacia el interior el Frente de Todos hubo críticas, abstenciones y votos negativos. Estos últimos rechazos surgieron del kirchnerismo que acordaba con que había que llegar a algún arreglo con el Fondo, pero no con la forma que negoció Guzmán. En los meses posteriores la gestión del Ministro se convirtió en un blanco de las intervenciones de Cristina Fernández, que incluso mantuvo reuniones con personajes como el ex-menemista y discípulo de Cavallo, Carlos Melconián, que se postula a sucederlo.
Pero parece evidente que lo que desencadenó la decisión de Guzmán es que había dejado de ser Ministro de Economía de un Frente de Todos unido, para convertirse en parte y blanco de una disputa de poder, que le quitaba capacidad de maniobra tanto para aplicar lo pactado con el Fondo, como para tomar decisiones económicas en el estrecho margen que le dejaba ese acuerdo.


Cristina va por todo.
Desde hace un tiempo, la vicepresidente Cristina Fernández ha ido dando pasos que estarían confirmando la decisión de salir a disputar en las PASO por la candidatura presidencial. Parece evidente que los cambios producidos en el tablero latinoamericano pueden haberla alentado para intentar un regreso.

Repasemos. En Honduras acompañó el triunfo de Xiomara Castro, la mujer del ex-presidente Zelaya, que asumió en un contexto extremadamente difícil. Con un país sumamente endeudado, fuertemente impactado por el narcotráfico y las pandillas, con elevados niveles de pobreza e indigencia. Cuando se han cumplido 100 días de gobierno Xiomara no sólo se ha mantenido en el gobierno, sino que va cumpliendo, una a una, sus promesas electorales. El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que transitó exitosamente un plesbicito revocatorio, también parece consolidarse. En Chile la derrota el conjunto de las fuerzas de derecha por el socialdemócrata Gabriel Boric pareció una hazaña, pero lo fue mucho más el triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez en Colombia enfrentando a todo el poder de las mafias y el control mediático de quienes vienen gobernando desde hace décadas. Finalmente se suma un muy probable triunfo de Lula , acompañado con un vicepresidente como Geraldo Alckmin, de extrema confianza para los poderes económicos locales de Brasil.
Resulta azaroso ponerse en la cabeza de cualquier político y más todavía de Cristina Fernández pero sí pueden registrarse una serie de pasos que no hacen a su rol actual de vicepresidente, sino que parecen corresponder a quien se está planteando disputar poder con un proyecto definido.
Por un lado, ha intentado despegarse de la acción del gobierno de Alberto Fernández. Ha hecho críticas al manejo del acuerdo con el Fondo, a la relación con los empresarios, a funcionarios que no funcionan, al aumento de cupos de planes sociales etc. Todos estos movimentos de Cristina pretenden instalar en la base social del Frente de Todos y de sectores independientes, que la Vicepresidenta no es responsable y no está de acuerdo con las malas decisiones del Presidente.
Por otro lado, ha ido haciendo una serie de gestos hacia sectores que podrían vetar su candidatura, proponiéndoles ser socios en un futuro gobierno. Si no puede convencerlos, al menos intenta neutralizarlos como enemigos.
Cuando Estados Unidos eligió al nuevo embajador Marc Stanley, lo primero que se conocieron fueron sus declaraciones descalificatorias de que Argentina es un “hermoso autobús turístico al que no le funcionan las ruedas”. Sus antecedentes políticos lo presentaban como un prominente abogado representante del lobby sionista estadounidense. Fue recibido por la Cancillería, pero ni bien llegó al país, Cristina Fernández se reunió con Stanley.
El 26 de abril, llegó al país la Jefa del Comando Sur Laura Richardson, que está realizando una gira por Latinoamérica repasando lealtades en un contexto mundial donde su país, como dirigente de la OTAN está comprometido en la guerra de Ucrania. Como correspondía protocolarmente fue recibida por el ministro de Defensa, Jorge Taiana. Pero también la Vicepresidenta quiso reunirse con la visitante. La embajada de Estados Unidos la premió con un tweet que informaba sobre la reunión “la General Laura J. Richardson, primera mujer jefa del Comando Sur de Estados Unidos, se reunió con la Vicepresidenta Cristina Kirchner y conversaron sobre el importante rol de las mujeres en el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región”
La disputa con Matías Kulfas, que provocó la renuncia del funcionario abrió interrogantes sobre quién podría sucederlo en el Ministerio de la Producción. Como antes sucedió con la llegada del empresario y señor feudal de Tucumán, Juan Pablo Manzur, a la Jefatura del Gabinete, el lobbista Daniel Scioli, contó con la aprobación de Cristina.
Hace poco más de una semana, Cristina Fernández retomó una iniciativa del Pro y los libertarios, que contaba con el beneplácito de la mayoría de los gobernadores, intendentes justicialistas y del Ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, de la necesidad de quitar el manejo de los planes a las organizaciones sociales. Esa postura tuvo un carácter simbólico porque se tomó a pocos días de conmemorarse el 20 aniversario de la Masacre de Avellaneda. Y también porque precisamente, la cuestión de fondo que se estaba discutiendo en esos días agitados era quiénes manejaban los planes y las contraprestaciones. En su momento, la posición que sostenía el gobierno de Duhalde era que los planes debían ser manejados por los municipios y gobernadores. La posición asumida hoy por Cristina Fernández en este tema, fortalece su alianza con los barones del conurbano y los señores feudales de las provincias, y va en desmedro del Movimiento Evita y otros movimientos sociales oficialistas y opositores.
En esa misma intervención y sin que estuviera urgida por ningún debate coyuntural, Cristina hizo un acto de fe de su identificación con el sistema capitalista. Un claro mensaje a los empresarios de que si llegara a ser Presidenta respetará la propiedad privada y todos los mecanismos de acumulación y obtención de ganancias inherentes a este sistema.
El último gesto ha sido la reunión con Carlos Melconián, habitualmente denostado por quienes adhieren al nacionalismo popular o al progresismo por su origen menemista, porque fue un bonista que acompañó la demanda que hicieron los fondos buitres frente al juez neoyorquino Thomas Griesa, y porque, como buen alumno de Cavallo, está vinculado a poderosos empresarios locales como el grupo Arcor.
Lo que dice Cristina, y lo que no dice, por ejemplo no emite comentario alguno sobre cuestiones ambientales, visto en conjunto, da muestras de una fuerte decisión de disputar poder político y sustentarlo en una alianza que sume a sus potenciales votantes, que son sectores populares, el apoyo de grandes empresarios locales, los sectores conservadores del Partido Justicialista y el eventual apoyo de la Embajada de Estados Unidos. En ese armado, la presencia de Sergio Massa, que desde hace años viene trabajando esos mismos contactos, es estratégica.
Tratando de encontrar parecidos en Latinoamerica, lo que vendría gestando Cristina, se parece a la apuesta de Lula en Brasil, que propone una alianza explícita con quien fue el candidato de los grandes empresarios. Algo así como una formula Cristina-Horacio Rodríguez Larreta, o Cristina-Gerardo Morales, acompañados por Melconian o Massa como Ministro de Economía.
Parece disparatado, pero en la Argentina donde un Presidente como Menem, que fue votado por millones de peronistas se abrazó con el Almirante Isaac Rojas, ideológo y gestor de la Revolución Fusiladora, todo es posible.

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