¡Todo para España! Anarquistas, comunistas, socialistas

¡Todo para España! Anarquistas, comunistas, socialistas

5Jul22 0 Por Daniel Campione

Como ya escribimos aquí, la guerra de España fue un conflicto vivido como propio por buena parte de lxs doce millones de personas que, para julio de 1936, residían en nuestro país.

Los comités de solidaridad brotaron por centenares, al compás de sindicatos, partidos políticos de izquierda, organizaciones de colectividades y una vasta gama de entidades de la sociedad civil.

Todas ellas se movilizaban en solidaridad con la república española y contra el fascismo. En muchos casos, también a favor del desarrollo de una revolución proletaria, considerada el camino excluyente para derrotar a la verdadera “internacional de la reacción” que se cernía sobre el país ibérico.

A poco andar tan amplio y numeroso movimiento generó necesidades de agrupamiento y coordinación. Las organizaciones prorrepublicanas se aglutinaron en torno a afinidades ideológicas. Así como se distanciaron en función de culturas políticas diferentes, modalidades organizativas diversas y proyectos políticos discrepantes.

Vale la pena un repaso de las diferentes instancias de articulación.

Portada de libro publicado en la Unión Soviética en 1974.

Los amigos de la República.

Amigos de la Republica Española (ARE)fue creado a fines de 1936 por el Centro Republicano Español, que existía desde muchos años antes de la instauración de la república, y editó durante décadas su propio periódico, España Republicana, que continuó durante la guerra como vocero solidario.

Desde su sede original en la calle Piedras 80 de la Capital Federal, intentaba concentrar todas las iniciativas de ayuda. En las páginas de España Republicana se pone de manifiesto el crecimiento acelerado de las agrupaciones, tanto en número como en cantidad de adherentes. Las que pronto llegaron a desarrollarse en diferentes puntos del país, como los casos de Mendoza, Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Bahía Blanca, y en la Patagonia.

Con la apertura a personas no españolas, que databa de antes de la guerra, los centros republicanos lograron un modo de ampliar la base social de sustentación, lo que pudo colaborar a favor del logro de un rápido consenso en la organización de la ayuda durante la guerra. Para ello se cursaron notas a diferentes organizaciones de todo el país, las que eran convocadas a participar.

Los envíos en especie se hicieron en principio directamente a España aunque luego, por las dificultades de acceso a los puertos españoles, fueron obligados a usar el puerto de Marsella, desde donde se enviaban a Barcelona por tierra.

ARE se constituyó a partir de la articulación de diferentes tipos de asociaciones, una parte de las cuales tenían existencia previa, mientras que otras fueron conformadas sobre el mismo proceso.

Eran de diversos tipos.  Entre ellas se contaban los Centros Socialistas, que poseían una estrecha relación con ARE; las sociedades españolas de socorros mutuos, existentes en su mayoría en el interior del país, las creadas por la Confederación General del Trabajo, la de los sindicatos y las cooperativas.

Periódico de la central obrera argentina. 28/8/1936.

Otras provenían de los centros españoles regionales: por ejemplo de Asturias, Galicia, Valenciano, etc, de las Comisiones vecinales, creadas sólo a tal efecto. Una fuerte participación de la sociedad civil, no necesariamente de origen español.

La Embajada se propuso como iniciativa central, -sostenida por una intensa propaganda-, la organización de una gran “colecta para el racionamiento” de los soldados del Frente Republicano. Para ello se pusieron en circulación una lista de suscripciones que ofrecían la compra de al menos el valor de una ración diaria, equivalente a 0,30$ c/u.

El primer objetivo se fijó en la venta de 100 mil raciones, cifra que con el tiempo fue superada ampliamente; al final del año ya se hablaba de conseguir 4,5 millones de raciones.  Se estima que en esa campaña, llegaron a aportar, a nivel nacional, 150.000 personas.

La “Coordinadora”.

Otra iniciativa de centralización fue la Comisión Coordinadora de Ayuda a España en la Argentina, que a su vez dio lugar, ya muy avanzado el conflicto, a la seccional argentina de Solidaridad Internacional Antifascista. (SIA)

Ambas centrales fueron orientadas por los anarquistas, con fuerte participación de los sindicatos de esa orientación. En sus inicios incluyó a socialistas en su seno, pero al poco tiempo quedó reducida a los libertarios, entre los cuáles algunas corrientes no participaban, como la FORA.

Si bien el período de auge del anarquismo había pasado y la FORA se hallaba muy reducida, los libertarios seguían actuando, y dirigían o tenían influencia sobre sindicatos autónomos o algunos pertenecientes a la Unión Sindical Argentina, donde eran mayoría los sindicalistas revolucionarios.

Entre los gremios con incidencia anarquista se contaban algunos de envergadura, como los gráficos y constructores navales. Y también un número importante de gremios pequeños y dispersos por toda la geografía del país. Estas organizaciones sufrían persecuciones y prisión de sus dirigentes, que ya no se alineaban en la FORA sino en la Federación Anarcocomunista Argentina (FACA) y la Alianza Obrera Spartacus, ambas de reciente formación.

La  Coordinadora fundó organismos de base llamados Comités de Ayuda al Pueblo Español (CAPE), que se extendieron por varios puntos del país donde existían sindicatos o agrupaciones de esa orientación,  como La Plata, Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Tucumán, además de Buenos Aires.

Envía trigo, harina, ropa nueva y usada azúcar, etc. En un informe final de mediados de 1939 se estima que los embarques totales desarrollados durante el conflicto sumaron más de 600 toneladas de trigo y harina y otras 300 toneladas de carne, ropa y medicamentos.

Posteriormente se constituyó la sección argentina de SIA, que dirigía desde España Federica Montseny. En el país fue puesta a cargo de FACA.  Se formaron numerosas Juntas Locales, con el concurso de importantes personalidades no enroladas en el anarquismo, como los socialistas de izquierda Juan Antonio Solari, Dardo Cúneo y Benito Marianetti.

Incluso llegó a promoverse que libertarios argentinos víctimas de la represión y la injusticia, se solidarizaran con la República.  Así el caso de los presos de Bragado, Pascual Vuotto, Reclús de Diago y Santiago Mainini, que meses después de comenzado el conflicto dan un manifiesto de solidaridad con el proletariado español:

 “El proletariado internacional, sobrecogido de espanto y a la vez lleno de fe y esperanza en un cercano porvenir de bienestar y libertad, contempla la heroica lucha del proletariado español. Y es que en España se define el porvenir de la humanidad, se detiene o se precipita la más horrorosa guerra mundial que conocerá la historia. Los trabajadores españoles, en lucha contra el militarismo criminal y el fascismo sanguinario, están luchando por ti, por vuestras mujeres, por vuestros hijos, compañero.”

Mientras los gobernantes de las “grandes democracias” jugaban al “apaciguamiento” de las potencias fascistas, voces obreras confiaban en la lucha y el internacionalismo como modos indispensables de detener la conflagración mundial que se avecinaba.

La FOARE.

La Federación de Organismos de Ayuda a la República Española (FOARE), tuvo por base inicial el Comité de Ayuda al Gobierno Español del Frente Popular, que editaba el periódico La Nueva España apartir de agosto de 1936.Cuando se funda FOARE, en agosto del año siguiente, se convierte en órgano de esta institución.

Integraban la FOARE, entre otros organismos solidarios: La Agrupación Gallega de Ayuda al gobierno español del Frente Popular; el Comité Argentino de mujeres Pro Huérfanos Españoles, la Junta Pro Socorro y Reconstrucción de España en Rosario, el Comité Asturiano de Ayuda al Gobierno Legítimo de España, Junta Jóvenes Amigos de la España Leal, Comité de Ayuda al Pueblo Español de Córdoba, Comisión Israelita de Ayuda al Pueblo Español.

La FOARE se hallaba hegemonizada por el comunismo argentino, y logró un extraordinario movimiento de solidaridad política y financiera consiguiendo organizar ciento veinticinco filiales y veintinueve comités de apoyo en todo el país.

A diferencia de ARE, centrada en la colecta de raciones para los soldados, FOARE organizaba otras de corta duración y fines específicos, como la de donación de ajuares para bebés o la de donación de ambulancias, que llegó a remitir 38 vehículos.

Un cuadro comunista porteño de los años treinta y más tarde dirigente de la Federación de Organizaciones de Ayuda a la República Española (FOARE) recuerda que: “En ese momento empezamos a organizar los comités de barrio, porque surgían como hongos. La gente venía y traía donaciones y les decíamos que por qué no se organizaban. […] Y entonces fuimos organizando comités, uno acá, otro allá.”

Los comunistas, ilegales como partido, se hallaban volcados a la estrategia de “alianzas amplias” propia de los frentes populares. Con una militancia no muy numerosa pero sí muy organizada y disciplinada, tendía a hegemonizar los organismos solidarios de los que formaba parte, incluso pasando a dirigir aquellos en los que inicialmente eran minoritarios.

Los militantes de otras tendencias resentían esa propensión al predominio.  Algunos eran críticos de la mezcla de cuestiones locales y españolas, que veían como perjudicial. Y había quien procuraba eludir la amenaza represiva que podía cernirse sobre cualquier organización con conspicua presencia del proscripto comunismo local.

Algunas sombras, más luces.

Los hegemonismos y las pujas internas atravesaban a muchos organismos solidarios. Distintas agrupaciones anarquistas, por ejemplo, dirimían incluso por las armas sus diferendos en torno a la dirección de los comités.

Uno de los rasgos del movimiento de solidaridad con la España leal fue la de estar atravesado por una serie de tensiones y conflictos que se plasmaron en rencillas internas. Y en mutuas acusaciones de malversar fondos, desviar donaciones, y subordinar la ayuda a fines partidistas. 

Estas disensiones reflejaron en parte la heterogeneidad social y política del movimiento, lo que llevó a situaciones de ruptura entre miembros del mismo.

Esos antagonismos también se agudizaban por el traslado al país de rivalidades originadas en el escenario de la guerra. Muchos choques entre anarquistas y comunistas, por ejemplo, eran secuelas del creciente enfrentamiento que ambas tendencias mantenían en suelo español.

Hubo características que abarcaron a las distintas organizaciones y comités, más allá de sus diferentes métodos y de las diversas orientaciones políticas de sus direcciones. La mayoría de esos agrupamientos esgrimían un discurso inclusivo, en nombre del pueblo, la democracia y la libertad.

Lo conjugaban con la apelación antifascista. Y asimismo con el propósito general de arribar a una sociedad más justa. Cada miembro de un comité, a través de su participación en la recaudación de dinero y materiales podía vivir el conflicto como “soldado de la república”.

Es de destacar que había también acciones solidarias más informales, no tan comprometidas, que permitían la inserción de un público muy amplio, sin militancia e incluso sin interés habitual por las causas políticas. Las tareas a abordar iban desde levantar listas de suscripción en una esquina concurrida, hasta la recorrida de negocios e industrias de una determinada zona solicitando donaciones en productos.

Para muchos su participación no iba más allá de la presencia en un acto público, un picnic o un festival. Esto permitía acercar a la causa a un auditorio numeroso, que extendía las bases y la presencia pública del movimiento de solidaridad con la República.

Con toda su heterogeneidad y sus contradicciones, la identificación con la lucha contra el fascismo en España dio lugar a una extensa y prolongada movilización. La causa hispánica “enamoraba” a un público masivo, que exultaba altruismo. Y se entregaba a la utopía de que el fascismo podía caer derrotado en tierras ibéricas, lo que constituiría el principio del fin para su presencia en Europa y en el mundo.

Por desgracia no fue así. Ello no impidió que la solidaridad con el pueblo español dejara una estela luminosa cuya memoria brilla hasta el día de hoy.

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