Devorando el planeta. Cambiar la alimentación para cambiar el mundo

Devorando el planeta. Cambiar la alimentación para cambiar el mundo

15Jul22 0 Por Nora Tamagno

Este es el título de un interesante libro de Patricia Aguirre, doctora en Antropología de la UBA, que se dedica desde hace 40 años a la antropología alimentaria.

Devorando el planeta. Cambiar la alimentación para cambiar el mundo, es un libro editado por Capital intelectual, organizado en 6 capítulos, que abordan diferentes temas: Comemos comida, Crisis del sistema alimentario, Crisis de la sustentabilidad en la producción. Crisis de equidad en la distribución de alimentos, Crisis de comensalidad en el consumo y Dejar de devorar es posible.

En esta obra la autora nos dice que “la alimentación es el producto de las relaciones sociales” y “el resultado de organizar la sociedad aplicando tecnología para extraer del medio ambiente lo que se considera bueno, rico y saludable”  y plantea que “si efectivamente hay sinergia entre el sistema agroalimentario y el sistema económico político, entonces se puede cambiar el mundo cambiando la alimentación”.

El titulo se refiere a la idea central del libro, tal como lo plantea Patricia Aguirre: “con nuestro comer, en realidad devoramos el planeta. Y no por los nutrientes, ni por los alimentos ni por la cocina, sino por las relaciones económicas, ecológicas, sociales que establecemos como legítimas para obtenerlos, compartirlos y desecharlos”. Según esta idea, mal que nos pese, a diario, comiendo, legitimamos al agronegocio.

Pero queda claro que no todxs somos igualmente responsables. También afirma en esta obra que “La alimentación de nuestro tiempo está dominada por la industria y el comercio en un mundo lleno de fronteras durísimas para las personas pero flexible para las mercaderías.” Y que “La crisis del sistema alimentario no pasa por la disponibilidad, ya que hay suficiencia y estabilidad, sino que se vislumbra una crisis de sustentabilidad”. Esta última afirmación da por tierra el argumento que en nuestro país debemos aumentar la producción de alimentos para resolver el hambre del mundo, caballito de batalla que ha usado (y sigue usando) el modelo extractivista de agricultura industrial. Confirma la idea que aumentar la producción sólo es un interés de las corporaciones del agro, para seguir dominando y aumentando sus ganancias.

Analizando esa crisis de sustentabilidad, recorre históricamente las principales actividades productivas en el mundo y en nuestro país: agricultura, ganadería y pesca, que “están poniendo en peligro la tierra, agua y aire y a los mismos comensales”. Y destaca el desprecio por el “hábitat que muestran” estas actividades comerciales, “ya que pueden externalizar sus costos ambientales y cargarlos a la cuenta de la sociedad toda”.

Al desarrollar la crisis de equidad en la distribución de alimentos, señala al mercado como el circuito de distribución hegemónico, y describe en profundidad el circuito de distribución social en nuestro país, a través de las políticas directas e indirectas a lo largo de la historia.

Es muy interesante también la importancia  de la comensalidad, concepto que la autora  explica diciendo: “Comemos con otros, desde los lejanos días en que el omnivorismo (alimentación en base a carnes y vegetales) marcó a fuego a nuestros ancestros (hace unos dos millones y medio de años)… Porque salimos a buscar en conjunto, comimos lo recogido también en conjunto: compartiendo, tanto con aquellos que eran fundamentales para asegurar la obtención, como con aquellos que no colaboraban, bebés, viejos, enfermos, que había que cuidar: esa es la conducta comensal”.  

El libro plantea la crisis pero se propone optimista, porque nos dice que dejar de devorar el planeta es posible, y que para ello “deberíamos empezar por no violentar las características omnívoras de la especie y observar qué conductas nos llevan a cumplirla sin generar daño”. Y agrega que “comer vegetales y animales de producción local, puede reducir más la huella de carbono que comer solo vegetales”.

Este libro de Patricia Aguirre, que recomendamos leer, aporta luz para la construcción entre todxs de un modelo alternativo de producción de alimentos, tarea que debemos considerar urgente. Porque como ella misma dice: “Para que haya un futuro (y no sólo de la comida, sino de la especie), y antes de que la lógica de la ganancia de mercado termine por convertir el planeta en un ‘shopping’ para pocos, podemos, y sin duda, debemos: producir nuestra comida con sustentabilidad, distribuir nuestra comida con equidad y consumir nuestra comida en comensalidad”.

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