De arañero a comandante: la izquierda en el joven Chávez

De arañero a comandante: la izquierda en el joven Chávez

28Jul22 0 Por Mauro Berengan

Hugo Chávez nació un día como hoy de 1954 en Sabaneta, un pequeño pueblo de calles de tierra en los llanos venezolanos. Paraje perdido, lejano a los centros de poder, con un niño pobre que vendía dulces (“arañas”) en la calle para ayudar en el hogar ¿Cómo el arañero devino en comandante? ¿Cómo llegó la izquierda a sus pies descalzos? ¿Cómo el comandante devino en presidente?

Los llanos y los llaneros representan en Venezuela lo que por estas latitudes pudieran ser los Chacho Peñaloza, los Facundo Quiroga, las montoneras federales, los pueblos que resistieron el centralismo, los caudillos en lucha, la cultura de guerrilla, el folklore profundo, los cantos bonitos.

Hijo de maestros, Hugo heredó unas capacidades de oratoria que tempranamente puso en juego animando bailes, fiestas, relatos. Su sueño, según contó tantas veces, era ser beisbolista profesional. Apodado “Tribilín” por su contextura física, su ingreso al mundo militar estuvo relacionado con aquel sueño de palo y pelota.

 Pero la pequeña Sabaneta era hogar también de don Ruíz Guevara, “el viejo comunista”, padre de unos amiguitos de Hugo cercanos a la organización fundada por Alfredo Maneiro, Causa R (La Causa Radical), con el que conoció las primeras referencias a la “izquierda internacional”.

Contrario a los relatos exteriorizados que recibimos en latitudes tan lejanas a los llanos, Chávez no “se hizo de izquierda” una vez en el poder, ni mucho menos al hablar de socialismo por primera vez en público en el Foro Social de Sao Paulo del año 2005. Veamos este recorrido.

Aquel veinteañero Tribilín que buscaba ser pitcher y cursaba en la Academia Militar, viajó con una comitiva a Perú invitados por el presidente Velasco Alvarado. Allí escribió en su diario:

“Los peruanos defienden con gran pasión a su gobierno, el del general Juan Velasco Alvarado, a quien tuvimos la suerte de saludar personalmente esa tarde y recibir de sus manos un pequeño libro empastado en azul, titulado “La Revolución Nacional Peruana”. Por su parte, un ardoroso antinorteamericanismo surge a borbotones del discurso de los jóvenes cadetes del Colegio Militar de Panamá, la del Congreso Anfictiónico, la del canal interoceánico. (…) Recortadas las siete estrellas sobre el cielo encapotado, me sentí tocado en la fibra venezolanista y latinoamericana que nos mantiene aferrados a nuestra historia, ante un presente confuso y oscuro, como esta tarde de hoy en la legendaria tierra de Ayacucho”.

Tal eran ya sus letras. Por estos años también, 1974-1975, meses antes de egresar de la Academia y lejos de la geografía llanera, escribió en su diario:

“Hoy es sábado y me pregunto qué estarán haciendo los jóvenes de mi edad (…) Si supieran lo que estamos haciendo dirían que estamos locos, pero no estoy loco, sé muy bien lo que busco y lo que hago y por qué me sacrifico. Recuerdo en estos momentos un pensamiento del Che: ´El presente es de lucha, el futuro nos pertenece´”.

En la propia Academia, bajo influencias de grandes maestros como Jacinto Pérez Arcay, el joven Chávez leyó a Mao Tse Tung, Lenin, Mariátegui y otros clásicos, impulsado por el “Plan Andrés Bello” que había cambiado la formación militar volviéndola de nivel superior. Egresó en 1975 y volvió a Sabaneta de Barinas donde profundizó su relación con Ruíz Guevara y abordó nuevos clásicos de la literatura universal de la lucha, además de su trabajo como subteniente en la comunidad. En 1977 escribió en su diario:

“Uno, dos Vietnam en América Latina. Tampoco pudo. Bienvenida sea la muerte. Villa, Che, nuevos gritos, nuevas manos. También, al igual que quien deliró sobre el Chimborazo debió haber sentido la sensación de haber arado en el mar. No importa, aquí puede ser. Todos los que no pudieron, que regresen (…) Los militares empuñando su espada en defensa de las garantías sociales, allí está la esperanza, quizás (…) Esta guerra es de años y nos da la oportunidad de convertirnos en el escalón más alto de la especie humana.”

Trasladado al otro lado del mundo venezolano, lejos de los Llanos y los joropos que gustaba desentonar, Chávez fundó en Cumaná el efímero “Ejército de Liberación del Pueblo de Venezuela”. No perduró. muchos años después relata a Romonet que realizó un Aló Presidente en aquel lugar “Y aparece un sargento, gordito, pelo blanco: «Mi Comandante, el sargento Toro se presenta». Le veo la cara: «¿Tú eres…?». «Sí, me dice, del Ejército de Liberación del Pueblo Venezolano». Casi se pone a llorar. Y añade: «Allá, mire, aquel alto de pelo blanco es Núñez». Volteo, veo a Núñez que estaba de civil, lo llamo, y sin palabras nos dimos un abrazo, emocionados. Me dice Núñez: «Mi Comandante, tengo a tres mil reservistas organizados aquí en Portuguesa. El “ejército” ha crecido…»”

La fundación del MBR200 es conocida, replicando el juramento de Bolívar bajo el Samán de Güere. A partir de allí, durante toda la década de 1980, Chávez estableció nuevos vínculos con la izquierda. Si bien pasarían por sus contactos grupos como Bandera Roja o La Liga Socialista, fue con Causa R y el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) con quienes intentó llevar adelante una temprana –o, desde otro lugar, tardía- revolución (Movimiento Bolivariano Revolucionario).

Y es que la tesis de una fusión cívico militar tenía ya un largo recorrido en Venezuela. Tras las distintas escisiones tanto del Partido Comunista como de Acción Democrática desde la década del 60, se formaron agrupamientos de izquierda que, en general pero especialmente con Douglas Bravo del PRV, tenían como hipótesis de poder establecer vínculos con las Fuerzas Armadas para producir un levantamiento militar-popular. Y desde dentro, allí estaban William Izarra y su grupo ARMA (Alianza Revolucionaria de Militares Activos) y tantos otros grupos que conspiraron para llevar adelante la “insurrección combinada”. Chávez fue más bien producto que creador de un sujeto histórico y una estrategia de poder.

Dogulas Bravo fue el referente de izquierda más conocido en Venezuela hasta Hugo Chávez. Al PRV se sumó su hermano, Adán, y -tras un tiempo de contacto- el propio Hugo fue parte de su directorio. De hecho, buena parte del posterior chavismo pasó por las filas douglistas, mientras que otros cuadros de conducción provienen de partidos menores de izquierda como La Liga Socialista –Maduro- o Bandera Roja –Elías Jaua.

La hipótesis de poder que conllevaba la fusión cívico-militar, es decir la conspiración desde dentro de las Fuerzas Armadas sumada al trabajo social de organizaciones de izquierda que produzcan un estallido popular de apoyo al golpe, ciertamente falló. Los años preparativos para el 4F no dieron sus frutos. La relación con Dogulas se rompió poco antes del alzamiento. La conducción de Causa R, con el “dirigente sindical” Andrés Velásquez a la cabeza, abandonó los preparativos. Algunos cuadros de sus filas, como Pablo Medina y Ali Rodríguez Araque, intentaron continuar con los preparativos, pero no cumplieron su parte. Nadie acudió a la cita. El levantamiento fue militar, no hubo fusión. Pero Chávez llevaba más de dos décadas de oratoria y formación, y una vida de llanero, con toques de Caribe. Al aparecer un minuto y medio en televisión, asumir la responsabilidad del fracaso y dejar el inmortal “por ahora no hemos conseguido los objetivos”, las mayorías populares golpeadas por el agotamiento del Pacto de Punto Fijo y las medidas neoliberales que habían eclosionado en el Caracazo se identificaron con el Hugo comandante.

A partir de allí otro camino comenzaría. El arañero era ahora una figura pública que podía explotar sus dotes discursivos. Con sus lecturas de Gramsci, de Mariátegui, sabía de la fuerza del mito, sabía de la disputa hegemónica, sabía de las crisis orgánicas y su posibilidad. Debía articular un conjunto de ideas que aúnen a la dispersa y excluida población. Volver uno los cerros de Caracas. Bolívar vino en su ayuda: antineoliberalismo, antipuntofijismo, revolución, democracia popular, bolivarianismo y especialmente la Asamblea Constituyente como demanda articuladora que solucionaría todos los problemas, fueron los ejes de un discurso que llevó al cambio de estrategia: había que ganar las elecciones ¿Quién podría ahora hacer frente a un arañero-llanero-comandante?

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