Independiente

Independiente

31Jul22 0 Por Damián Ripetta

Breve relato coyuntural de como el negocio y muchos “vivos” dejaron al borde del abismo a un gigante del fútbol argentino y sudamericano.

En los últimos días se confirmó que las postergadas elecciones en Independiente se realizarían el próximo 2 de octubre. Si bien las tres agrupaciones no se pusieron de acuerdo, la Junta Electoral dictaminó esa fecha. Vale agregar que ese fin de semana pautado, Independiente juega de visitante lo cual hará que la cantidad de socios que se acerquen a sufragar sea muchísimo menos que si jugase de local.
Esto último no es casualidad. Independiente es un monstruo con cerca de 5 millones de hinchas, 308 peñas y hasta hace poco más de 100 mil socios. Todo pese a una crisis que se estira desde la presidencia de Héctor Grondona a mediados de los 90.

El Moyanismo, tras una primera presidencia medianamente ordenada que le permitió al club terminar el estadio, arreglar y poner a punto los predios de Wilde, Domínico, así como la sede de Boyacá en Capital Federal, desendeudarse parcialmente y que terminó con el impulso del título en el Maracaná con el gran equipo comandado por Ariel Holan, la situación económica volvió a depreciarse a partir del 2018. Sueldos millonarios imposibles de pagar de jugadores que encima no rindieron, compras por valor de decenas de millones de dólares, y la falta de resultados deportivos que estimularan un ingreso de plata acorde a los gastos por participación en competiciones continentales, así como la propia valorización de los jugadores, incidió en Independiente en un descenso a los abismos que ya lleva 3 años y que conocíamos muy recientemente.


La actual comisión directiva encabezada por Moyano ganó en el 2014 y en alianza con todos los sectores político-patronales del país. Junto a Hugo y Pablo Moyano estaban representados el macrismo (Ritondo), el kirchnerismo (Montaña), menemistas residuales (Nakis), así como distintos sectores empresariales. La deriva del macrismo y su enfrentamiento con el moyanismo (así como el acercamiento del burócrata camionero a la nueva alianza peronista) repercutió fuerte en la institucionalidad roja (como también en la AFA), haciéndola blanco de un enfrentamiento entre el gobierno nacional y el club. Así y todo la comisión directiva fue reelegida masivamente a finales del 2017 con casi el 90% de los votos, pero se fue aislando del resto de los grupos que la conformaban. Hugo y Pablo Moyano, junto a Yoyo Maldonado (quien también viene del sindicato de camioneros donde oficia de tesorero) empezaron a manejar la totalidad del club siendo desbordados rápidamente. Los desmanejos se potenciaron e Independiente vio aumentar su deuda exponencialmente, inmediatamente antes de la pandemia. Tan es así, que el último balance publicado (2021) dio un pasivo de casi 4 mil millones de pesos. Y a su vez empezaron a caer juicios de distintos futbolistas que se fueron gratis de la institución, el más grave de los cuales fue el de Gonzalo Verón que se fue en el 2020 y por una deuda de 800 mil dolares hoy reclama 4.8 millones. Un verdadero despropósito agravado por los desmanejos burocráticos de la Comisión Directiva. Por supuesto no es ajena a la situación financiera del club la propia catástrofe económica del país en el último lustro. Una fue retroalimentando la otra.


Todo esto fue agravando la situación institucional. Si durante años el moyanismo tuvo controlada la barra brava con gente propia dentro, a partir de toda esta situación volvieron las internas. Si la dirigencia de Moyano tuvo sus buenos tratos con la barra encabezada con “Bebote” Alvarez como consta en la causa judicial por asociación ilícita, cuando “Bebote” cayó preso en el 2017, el moyanismo giró en su dominio y la barra no apareció en el Libertadores de América (estadio rojo) durante un tiempo que coincidió con el mejor momento deportivo de la gestión actual. La barra volvió presencialmente a la tribuna norte (pepe Santoro) a la vuelta del público tras las restricciones de la pandemia y, para cuando se acercaban las elecciones previstas para diciembre del 2021 y con el reempadronamiento de socios de cara a los comicios, se armó una balacera en pleno centro de Avellaneda donde chocaron dos fracciones de la barra que querían imponer condiciones, quedarse con las primacía de la “norte” y los negocios que eso conllevaba.  El problema era que con la justicia comiéndole los talones a los dirigentes por su asociación con los barras, éstos tuvieron que ir a reempadronarse como cualquier socio (huelga aclarar que jamás pagaban cuotas) y el choque se vio a lo alto y ancho del país cuando se balearon a la vista de todo el mundo, sin que mediase ningún operativo policial.

La asamblea de socios y comisión directiva aprueba el presupuesto de Moyano

Después todo el 2022 fue un cruce de amenazas entre las fracciones que se divide actualmente la barra y con operativos altisonantes de la policía que más que impedir o retrasar el ingreso de las distintas barras maltrataban a la masa societaria. Incluso Bebote Álvares, llegó a amenazar públicamente con retomar la jefatura de la barra a los tiros en el siguiente partido. Así también, durante este año otra de las fracciones de la barra, enfrentada a la Comisión Directiva, se adueñó de la cabecera de la tribuna sur (“Chivo Pavoni”), donde jamás había pisado la barra.
Así a la par que la situación se depreciaba y las críticas de los socios comenzaron a arreciar, la Comisión Directiva inició una guerra solapada contra la masa societaria, que  fue cobrando vigor a medida que la vida institucional, financiera y deportiva del club se iba agravando, mientras las elecciones se postergaban por decisión judicial. Primero trabaron la venta de entradas a hinchas no socios. Luego pusieron los partidos los lunes a la noche con la intención que vaya la menor cantidad de público posible. Por último aumentaron la cuota de la noche a la mañana casi un 50%. Puteados desde los cuatro costados de la cancha, el moyanismo necesita tribunas lo más vacías posibles, pese a la enorme cantidad de socios con que cuenta la institución.


Volviendo a las elecciones, a la par de la lista oficialista integrada por los miembros de la “Agrupación Independiente”, las listas opositoras son parte de este desaguisado. La principal lista de oposición “Agrupación Independiente Tradicional (Unidad Independiente)”, está integrada por el operador mediático Fabián Doman, el macrismo (anteriormente aliado al moyanismo) con el intendente de Lanús Nestor Grindetti y Ritondo en la lista y el hijo del jefe del sindicato patronal de Árbitros (Sadra), el periodista Juan Marconi.
La otra lista de oposición (Gente de Independiente) está encabezada por Claudio Rudecindo ex-vocal del club, profesional de gestión deportiva y aliado al inefable del ex-presidente Andrés Ducatenzeiller (quien no va en ningún cargo).


La crisis de Independiente, no muy distinta a la de otros grandes de la Argentina y del continente, muestra la necesidad de la recuperación del lugar de los socios en la vida social, política y deportiva. Discutir la democracia política de la institución, el rol de las peñas para los hinchas muchos kilómetros alejados, la discusión seria sobre los balances presentados que a duras penas trascienden la discusión entre las agrupaciones. Los socios dieron un mensaje con la movilización de hace unos días a la sede roja en Mitre 470. La discusión que se tiene que abrir es que tipo de gestión queremos para nuestro club, que orientación institucional queremos darle, que compromiso siendo que Independiente tuvo un peso notable no solo en las grandes gestas deportivas sino en las escuelas de la zona, en el estímulo de los deportes amateurs, en el desarrollo de la vida social de la zona. Sin los socios organizados, la crisis que lleva décadas seguirá perviviendo. Demasiado negociado, demasiadas manos dirigenciales, policiales, mercenarias, periodísticas, de representantes, etc. dividiéndose el patrimonio de un club que solo le pertenece a los socios. Es hora de empezar a gestar las bases para recuperarlo.

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