Desigualdad en Venezuela

Desigualdad en Venezuela

3Ago22 0 Por Gerardo Rojas

Quienes luchamos junto a Chávez para construir una patria justa, libre y soberana, con el socialismo como horizonte y con lo comunal como parte de la estrategia para su construcción, tenemos certeza de que siempre hay alternativa para ganarle espacio al capital, y se construyen pensando a las mayorías como motor del cambio.

Por Gerardo Rojas

A quienes nos apuntan con recordatorios sobre las acciones del imperio y sus lacayos contra la revolución y sus dramáticas consecuencias para el país, para intentar minimizar las críticas ante la política económica, les recuerdo que no las olvidamos por una clara razón: las padecemos a diario.

No tenemos dudas de las duras condiciones que imponen, porque las buscamos sortear de mil maneras, algunas con éxito, otras nos superan y nos inmovilizan a ratos, nos golpean el alma, sobre todo cuando la solidaridad con el otrx se hace imposible, cuando se nos van lxs que deberían estar aún con nosotros y nosotras.

En esa lucha hemos sentido compañía, entre silencios para no preocupar, se acercan hermanos y hermanas, las de sangre, las que en la vida hemos ganado, y entre necesidades se juntan alegrías para completar, para saldar por lo menos algo de la deuda, de las precariedades.

Partiendo de una máxima ratificada en estos años, además del pan necesario, el amor y el calor humano, nos ayudan a defender la vida.

Por supuesto que también hemos sentido compañía por los esfuerzos del gobierno nacional, que con aciertos y errores, ha enfrentado a una escala muy superior grandes dificultades, de muchas conocemos, de otras seguro la historia por venir nos las hará saber.

En ambas dimensiones, en lo personal, familiar y comunitario, así como desde el gobierno, las tramas que cohesionaban, alentaban y articulaban, han sido debilitadas. Objetivo claro del enemigo, que gana no solo llegando formalmente al gobierno, sino también imponiendo su lógica de resolución de los problemas, sus fórmulas para la sobrevivencia.

La lógica del capital

Así el enemigo prepara el camino para hacer, o para que otrxs hagan, lo que siempre ha planteado: la reproducción del metabolismo del capital. Que la vida se ajuste a lo mínimo, que se deshumanice los encuentros, que se calculen desde el beneficio propio, que se acumule entre pocos, lo necesario para muchos y muchas. En fin, que se instaure el reino de la desigualdad.

Son años de retroceso de lo conquistado, donde mires, donde pises, donde sueñes, es otra la situación en comparación con lo que construimos hasta hace poco. Es algo muy evidente, pero que debe ser procesado en profundidad, estamos ante otra realidad que nos obliga a descifrar los nuevos caminos de lucha y defensa de la vida.

Teniendo claro que puede ser otra situación, pero sigue siendo nuestro lugar, nuestro territorio, nuestra patria, la que debemos cambiar para mejor.

Y de eso los pueblos saben, siempre encuentran cauces para seguir su lucha por un tiempo mejor, de lo que somos ejemplo. Solo eso explica que estemos de pie, nuestra necia voluntad de sostenernos en movimiento, que aunque nos cueste verlo, mantiene cientos de experiencias, de iniciativas, de dignidad y coherencia para enfrentar lo que hemos vivido.

Aunque a algunos nos cueste reorientarnos, encontrar el tono y lugar desde donde decir verdades, para denunciar lo que siempre hemos denunciado o para visibilizar los triunfos que hemos logrado, por más pequeños que sean, con el objetivo de hacer para mejorar, pero sobre todo para reencontrarnos.

Un reencontrarnos para seguir siendo lo que siempre hemos sido, lxs que buscamos un horizonte de justicia, de inclusión, los que luchamos porque el futuro esté en manos de las mayorías, en su trabajo y beneficio colectivo; en nuestro porvenir sigue estando, dicho con Chávez, el socialismo.

Por eso, el contraste con la nueva situación nos golpea con dureza.

Otra situación

Hasta hace nada, con poco podías resolver la subsistencia, no la vida digna, pero le ganabas un día a la fatalidad, en el marco de una generalizada precariedad, el mínimo era lo común entre la mayoría, sin negar los muchos casos que ni eso lograban. Hoy estamos en otra situación.

La subsistencia se complica aún más, el poco es nada, el día se pelea con mayor fuerza, se sigue ganando, pero con otras dificultades, aunque también hay muestras de nichos activos, de sectores en que incluso algunos pobres pueden tener lo básico, otros un poco más, también muchos quedan fuera del mapa, de nuevo invisibles.

A todos le hablan de mejorías, de emprendimientos, de esfuerzos necesarios, algunos de cierta forma ven algún tipo de opulencia de cerca, lo que los motivan a tratar de encontrarla para sí. El éxito se le presenta con una fórmula que exige negar al otrx, explotar a quien puedan, ganar más aprovechándose de las circunstancias.

Ante esta nueva situación, como siempre, se hacen presentes las compañías para llevar de la mejor manera posible los tiempos, en lo personal, familiar y comunitario. Pero no pasa lo mismo desde el gobierno, quien ahora, desde un silencio selectivo, genera ausencia de temas vitales. Lo que se traduce, ya más por acción que no se comunica, que por omisión, en un amparo de la desigualdad.

Las pocas voces que desde el gobierno se refieren a las consecuencias, ya no sólo de las medidas coercitivas del enemigo, sino también de las políticas económicas que se adelantan, plantean que debemos transitar inevitablemente este camino, hasta ver la luz al final del túnel… Esa imagen que posterga la felicidad y justicia, se fundamenta en la esperanza de un futuro mejor, que contrasta con el presente de sacrificios para las mayorías.

Silencio selectivo

Se hizo norma el uso del silencio selectivo por parte del gobierno, un silencio pesado, duro, que se convierte en signo del desamparo, que borra toda referencia al protector que tanto fue reivindicado en otro momento.

Es un silencio que en ocasiones ha sido vencido por presión popular, por las claras consecuencias negativas de algunas decisiones ante la opinión pública, lamentablemente no es lo común, pero nos toca sumar fuerzas para que así sea.

Mientras, el que calla, otorga, como afirma la vieja prédica. Así que ante reclamos directos contra acciones de alguna institución que afectan a miles, a millones de trabajadores y sus familias (como el reciente caso de la Onapre), el silencio se convierte en aprobación del alto gobierno y no en responsabilidad de algún funcionarix, por más importante que pueda ser.

La respuesta ante el reclamo justo, no puede ser el de la resignación ante lo irremediable, consecuencias del bloqueo y sanciones, como nos plantean algunxs, para negar el debate, e incluso, criminalizar la diferencia. Para quienes sostienen esa justificación parece que la desigualdad, que se profundiza y normaliza, es preferible antes que debatir o asumir propuestas de acción alternativas a las que se adelantan.

En estos años hemos conocido propuestas de revolucionarixs, que se atreven a plantear caminos distintos al aplicado, con todo y los riesgos que eso implica, ya que solo plantear alternativas termina siendo la excusa para ser señalados, marcados, estigmatizados como traidores y tarifados, o defensores de dogmas por parte de quienes nos imponen dogmas ya conocidos, padecidos y superados.

Son éstos últimos quienes en la mayoría de los casos tienen siempre una misma respuesta de los pueblos: la calle para el reclamo justo, para exigir sus derechos. Con Chávez conocimos otra vía de resolución de estas demandas vitales, la acción del gobierno pensando en las mayorías populares.

Equilibrar la balanza

La acción de gobierno con Chávez partía de que era necesario equilibrar la balanza a favor del trabajador y trabajadora, ganándole espacio al capital con cada batalla, acumulando fuerzas para ir siempre por más.

Equilibrio que se encuentra roto, encontrándonos la gran mayoría abajo, viendo subir a pocos, entre los que se encuentran algunos de los que nos piden sacrificios y postergación del reclamo justo, algo clave para entender las molestias y exigencias. El ejemplo no es lo que se transmite, ni lo que se percibe.

Sin duda este es un momento difícil a escala global, con una nueva ofensiva del imperio gringo, que necesita imponerse o fallece. Por ello, no tiene ningún inconveniente en llevarse todo por delante. Total, para ellos en el desastre también ganan, no por casualidad la guerra es uno de sus negocios predilectos.

Incluso viéndonos en el espejo de Serbia. Ante la negativa de ponerse al servicio de la agenda del imperio, se crean nuevos conflictos, que se nutren de las heridas aún abiertas generadas por la OTAN, para intentar desestabilizar su gobierno y paz. Lo que se podría replicar, sin lugar a dudas, también en Venezuela.

Ante el complejo escenario, internacional y nacional, la pregunta necesaria es: ¿Debemos resignarnos inevitablemente a la injusticia del capital para sobrevivir o podemos obligar al gobierno a equilibrar la balanza a favor de lxs humildes?

Quienes luchamos junto a Chávez para construir una patria justa, libre y soberana, con el socialismo como horizonte y con lo comunal como parte de la estrategia para su construcción, tenemos certeza de que siempre hay alternativa para ganarle espacio al capital, y se construyen pensando a las mayorías como motor del cambio.

Eso es a lo que llamamos Revolución Bolivariana, la que construye alternativas ante lo que nos imponen el capital como irremediable.

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