Rosario irrespirable

Rosario irrespirable

10Ago22 0 Por Silvio Schachter

Nuevamente la ciudad de Rosario sufre las consecuencias de los incendios en el Delta. El resultado, además del ecocidio en los humedales, es el aumento exponencial de las enfermedades cardiorrespiratorias. Resulta flagrante, la falta de prevención, la desidia y la complicidad de las autoridades y los organismos de control del Estado.

En el año 2020, en un estudio realizado por el Laboratorio de Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura (Universidad Nacional de Rosario), se aportaron datos alarmantes sobre la calidad del aire en la ciudad como consecuencia del humo ocasionado por los incendios en la zona de islas, con índices hasta 5 veces mayores que lo normal. Desde ese año los incendios no han cesado.

Las consecuencias del cambio climático, que genera  altas temperaturas en Europa, están produciendo gigantescos y devastadores incendios en Francia, Portugal, España y Grecia, al igual que la costa este de EEUU, constituyen  una clara señal de alarma que no se puede ignorar. Las sequias y las olas de calor han hecho que sea más difícil combatir los incendios, ya que estas condiciones facilitan que se propaguen rápidamente. Los científicos apuntan que el cambio climático seguirá haciendo que el clima sea más extremo y los fuegos más frecuentes y destructivos. Esto incluye los llamados “megaincendios”, fuegos tan grandes que son casi imparables. No se puede ver arder un bosque sin sentir una enorme tristeza.

Teniendo como antecedente los registros del verano pasado en nuestro país, es previsible que cuando se aproxime la temporada estival volverán las sequias y los incendios. Nadie puede alegar desconocimiento. Mientras tanto el proyecto consensuado de la ley de Humedales, que ofrece recursos para aminorar el impacto del cambio climatico, fue ignorado y cajoneado intencionalmente, a la vez que desde el ministerio de Medio Ambiente se promueve una ley a la medida de los sectores concentrados del agronegocio y los grandes operadores inmobiliarios.

A diferencia de Europa o el norte americano, los incendios en el Delta son intencionales y son consecuencia  del modelo agrotecnológico imperante desde mediados de los años 90, que genera enormes volúmenes exportables e ingresos extraordinarios para una minoría, pero  produce también un conjunto de externalidades que barren con la diversidad de los ecosistemas y deterioran la calidad de vida de los asentamientos humanos. Más grave aún es, que estas  quemas se realizan muchas veces en un contexto de sequía y bajante extraordinaria del Paraná y con elevadas temperaturas.  Así los múltiples focos simultáneos  sin control, implican un riesgo de devastación de los ecosistemas, superando cualquier nivel de resiliencia que pudieran presentar las especies nativas.

El Delta del Parana tiene una superficie de 19.000 km2,  en su seno se hallan múltiples   humedales,   son un mosaico de bañados, pajonales, pastizales, bosques y lagunas entreveradas con arroyos interactuando con la fauna nativa y la población isleña. Es el hábitat natural de 700 especies de plantas  y una diversidad de fauna litoraleña de 50 especies de mamíferos, 260 de aves, cerca de 300 de peces, 27 de anfibios, más de 30 de reptiles y una enorme variedad de invertebrados. A su vera se extienden importantes centros urbanos.

En el año 2020 en esta región fueron más de 3.700 focos de calor detectados por datos de sensores satelitales, más que en toda la década anterior junta. De esos focos, el 82 % se concentra en la provincia de Entre Ríos, lo que explica porque Rosario, San Nicolás y San Pedro  estan entre las ciudades más afectadas.  La distancia que existe  entre una ley y su aplicación se pone de manifiesto  nuevamente en este caso; en septiembre de 2008 la Legislatura de la Provincia de Entre Ríos sancionó la ley N.º 9.868 para el manejo y prevención del fuego, que explicita mecanismos de control y penalizaciones por su incumplimiento. Letra muerta, impunemente se suceden las acciones unilaterales por parte de los  dueños de la tierra, que priorizan su rentabilidad económica por sobre el bien común, sumando a los incendios, el endicamiento de arroyos, el sobrepastoreo y el uso intensivo de agrotoxicos.

El incumplimiento de las  leyes vigentes, el bloqueo de la ley de Humedales, la ausencia de control, no son fruto de la falta de información y ni de recursos disponibles,  es parte de la política sistemática del lobbysmo del agronegocio y de los gobiernos, que más allá de los discursos, siempre ceden a sus presiones,  gobiernos que se niegan  a instrumentar los distintos canales de participación colectiva en la gestión y democratización del territorio. Espacios colectivos que ya existen y han aportado sus experiencias y saberes en la esencial disputa por preservar la vida.

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