El olvido que somos

El olvido que somos

15Ago22 0 Por Alfredo Grande

El olvido que seremos es una película colombiana del año 2019 , dirigida por Fernando Trueba, basada en la novela homónima de Héctor Abad Faciolince La cinta se ambienta durante la violencia que vivió Colombia en los años 80 y buena parte de los 90, época de los grandes capos de la droga y los grupos paramilitares que, con el respaldo de sectores políticos y militares, acallaban las voces de aquellas personas críticas (defensores de derechos humanos, profesores universitarios, sindicalistas, integrantes y simpatizantes de movimientos y partidos de izquierda).

Es el telón de fondo para contar la vida de Héctor Abad Gómez desde la visión amorosa y orgullosa de su hijo Héctor Abad Faciolince, como un vínculo casi sobrenatural que liga a los implicados en un contrato que sólo se rompe con la muerte de uno de ellos. Es un amor que crece con los años entre su padre y él, convirtiéndose en una narración que trae a colación la vida, obra y muerte de su padre, del dolor profundo que le causó un país que se hundía en la más negra de sus horas, violentando y masacrando a todo aquel que diera su voz de protesta.

La cultura represora cultiva diferentes formas del olvido. El afectivo, que bloquea los recuerdos. El político, que bloquea la memoria. El histórico, que bloquea el sentido de las luchas por la liberación nacional y social. El sujeto de la posmodernidad es el sujeto del olvido. La percepción de este sujeto fue anticipada por la Asociación de Reporteros Gráficos cuando levantó la consigna: “no se olviden de Cabezas”.
Cuando Rodolfo Walsh advertía que la derecha siempre contaba la historia sepultando el pasado de luchas, decía lo mismo con otras palabras. Las derechas tienen diferentes estrategias del olvido. Una de ellas es la exaltación de la efeméride. Los 70 años del fallecimiento de Eva Perón fue recordado con la premisa de olvidar los aspectos fundantes de sus luchas.

Hay muchas y muchos que luchamos contra todas las formas del olvido. Debo decir que somos minoría. Una de las estrategias de las derechas es generar una sobredosis de noticias, y por lo tanto el consumo problemático de trivialidades genera la necesidad del olvido para que la memoria tenga algún espacio en ese disco rígido que algunos llaman subjetividad.

Uno de los refranes que el sentido común, el más reaccionario de los sentidos, ha impuesto es: “borrón y cuenta nueva”. O sea: olvido y cuenta vieja. Más, pero siempre de lo mismo. “Lo pasado, pisado”. O sea: olvidado. En el mejor de los casos, o sea en el peor, habrá una historia oficial. Que decreta el olvido de toda otra historia. Olvida y reinarás.

Una película que se ha olvidado es “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Para que la mente pueda brillar, debe dejar caer el lastre de los recuerdos. El llamado stress postraumático es justamente la imposibilidad de olvidar. Por eso a los soldados que han vuelto del frente no de combate, sino del frente de masacre, se los somete a técnicas de desensibilización y olvido forzoso.

Hoy los medios digitales, ese inmenso archivo de la memoria, dificulta la estrategia del olvido. Entonces recurren a la sobre saturación y frivolización. La memoria se convierte en su versión bizarra en memes. Se recuerda más el aviso que el producto. Se recuerda más el meme que aquello que lo originó.

La manipulación del pasado, como anticipara George Orwell, es una forma sofisticada del olvido. No se puede recordar lo que no pasó. Este es un país que fue concentrando el poder con masacres de diversa intensidad. Hay dos que no quiero olvidar: la masacre de Trelew y la masacre de Ezeiza. Dos masacres que sepultaron al cementerio del olvido las luchas por una patria socialista.

El peronismo decretó el olvido para la obra de John W Cooke. Y tanto se olvidó que llegó el super ministro, el hombre de las mil caras.
Las y los guerreros de la memoria tienen una misión que es posible. Derrotar todas las formas del olvido. Desde esta trinchera de ideas que es la Agencia de Noticias Pelota de Trapo, ninguna forma del olvido será tolerada. Ni el afectivo, ni el político, ni el histórico.

Esta realidad que Silvana Melo describe no será olvidada: “Al niño no se le ve la cara. Su cabeza, como un radar especializado, busca en la oscuridad lo que tira la gente del centro. Habrá alguna naranja podrida a medias, una sobra de torta de cumpleaños, unos fideos mezclados con restos de los propios cuerpos que habitan los edificios y las casas con garaje. Él tiene los dedos amaestrados y desactiva la nariz cuando entra. A veces se queda un rato en esa oscuridad bendita” .

La masacre cotidiana de niñas, niños y adolescentes es pensada (es una forma de decir obviamente) como trastornos de la conducta, de la salud mental, disfunciones cerebrales y otras gansadas. La idea de que el hambre no solamente es un crimen, sino que es una masacre planificada, es rápidamente olvidada. Incluso por mí. Es curioso que (es otra forma de decir, obviamente) el infanticidio describe el asesinato de un infante. Parece obvio. Pero no está tipificado el asesinato de niñas y niños por el solo hecho de que son niñas y niños.

El femicidio no es el asesinato de una mujer. Es el asesinato de una mujer por ser mujer. Se asesina a un judío por ser judío. Se asesina a un originario por serlo. Hoy se tipifica el delito de ecocidio. Por lo tanto, es necesario tipificar el delito de asesinar niñas y niños por el solo hecho de serlo.

Abogadas y abogados están convocados a tipificar este delito de lesa humanidad.

Las hojitas al viento son demasiadas para poder protegerlas una por una. Los depredadores de la niñez deben ser exterminados. De lo contrario, por siempre jamás, estaremos condenados al olvido que somos.

Alfredo Grande

Original Publicado en Agencia de Noticias Pelota de Trapo

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