La masacre de Fátima y el genocidio de clase sistémico

La masacre de Fátima y el genocidio de clase sistémico

19Ago22 0 Por Damián Ravenna

Se está por cumplir un nuevo aniversario de una de las masacres más cruentas perpetradas por el Terrorismo de Estado, donde se ejecutó con un disparo en la cabeza a poca distancia y posteriormente se dinamitaron los cuerpos de 30 militantes revolucionarios -en su mayoría referentes sindicales de la Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires- en la búsqueda de simular un enfrentamiento yvengarse además por el asesinato del General Omar Actis, atribuido a Montoneros.

Fue el 20 de Agosto de 1976, cuando 30 compañeres -20 varones y 10 mujeres- fueron trasladados del CCDTyE que funcionó en la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, hacia Fátima Municipio de Pilar, Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires; ubicada en el kilometro 62 de la ruta 8.

Siendo de suma importancia reivindicar la lucha revolucionaria de les 30 mil y explicar cómo se aplicó el genocidio de clase, primero siguiendo al registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado vamos a ponerles nombre a quienes fueron víctimas de la masacre de Fátima: Inés Nocetti, Roberto Héctor Olivestre, Ramón Lorenzo Velez, Enrique Jorge Aggio, Ángel Osvaldo Leiva, María Rosa Lincon, Alberto Evaristo Comas, Oscar Eladio Ledesma Medina, Conrado Alzogaray, Jorge Daniel Argente, Carlos Raúl Pargas, Ricardo José Herrera, José Daniel Bronzel, Cecilia Podolsky de Bronzel, Susana E. Pedrini de Bronzel, Haydée Cirullo de Carnaghi, Carmen María Carnaghi, Juan Carlos Pasquarosa, José Jacinto Pasquarosa, Ernesto María Saravia Acuña, Norma Susana Frontini, Selma Julia Ocampo, Horacio O. García Gastelú y Marta Alicia Spagnoli de Vera. Segundo resaltamos que fueron denunciados y entregados a los represores por directivos de las empresas Bendix, Royo, Ford y Astrasa.   

Lo atroz del acto de explotar los cuerpos refleja la crueldad aplicada sobre el “enemigo Interno”[1], desaparición forzada, apropiación de bebés, tortura y exterminio. Todo lo que explica la Convención para la Sanción y Prevención del Genocidio[iii] que nos dice que  se entiende por genocidio a cualquiera de los actos que fueran perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal; son claras muestras del genocidio en la Argentina los incisos a-b-d y e del artículo II de la Convención que nos dicen:  “a) Matanza de miembros del grupo;   b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;    d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;  e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

Estos incisos son claramente una descripción precisa de lo que el Terrorismo de Estado perpetró, sin embargo hay un inciso más, el “c” que es el que explica de manera más acabada las implicancias y potencia del acto de genocidio, nos dice este inciso: “c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;” lo que nos da como resultado una perspectiva y análisis de clase, ya que describe este inciso con suma precisión, la vida de toda la clase trabajadora no sólo bajo un Estado Terrorista, sino en toda su existencia bajo el amparo del Estado capitalista, lo que permite enmarcar las opresiones de clase que envuelven las relaciones sociales capitalistas, en donde el terrorismo de Estado es una fase más descarnada de la violencia del capital sobre el trabajo.        

Esto nos lleva a varios aspectos que deben ser sumados para comprender y aplicar una perspectiva de clase sobre nuestra historia reciente y sus continuidades. En principio desde el movimiento de derechos humanos hemos logrado plasmar y probar la existencia de varios sectores sociales que comulgaron con el Terrorismo de Estado, lo que llevó a la siguiente descripción del Terrorismo de Estado: cívico, militar y eclesiástico. Ello conlleva y contiene que verdaderamente se trato de un bloque social e histórico el que perpetro el genocidio, siendo el mismo entonces un genocidio de clase aplicado desde una clase: la capitalista y dominante, sobre otra clase: la trabajadora y subalterna.

Ahora bien, Raúl Eugenio Zaffaroni[iv] elaboró una descripción para explicar la continuidad genocida echando luz sobre ello mediante la elaboración conceptual de la existencia de un genocidio por goteo. Esta sencilla pero contundente descripción conlleva que el genocidio de clase es sistémico.

Es decir se trata de que el capitalismo como sistema civilizatorio aplica un genocidio sobre la clase trabajadora y las clases subalternas de manera constante, en ocasiones abierta cuando la lucha de clases lo requiere, de manera solapada cuando los consensos sociales no requieren para ejecutar el genocidio de clase sistémico, más que los resortes institucionales. Ello tiene también dos caras capitalistas: un capitalismo permanente que es el neoliberal y un capitalismo contingente que es el keynesiano o desarrollista[2].

Ambos capitalismos además reflejan facciones de nuestras clases dominantes que aún no han logrado pasar de ese empate hegemónico que caracteriza la institucionalidad capital-genocida Argentina, pero que si ha provocado el acuerdo programático entre ambas facciones en base al extractivismo y el ajuste, cruel reflejo de lo sistémico del genocidio de clase.

Para todos, todo

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE      


Notas

[1] El Terrorismo de Estado baso parte de su accionar en la idea de un “enemigo interno” dentro del pueblo, de una supuesta extracción filocomunista (peronistas y toda la izquierda) que atentaba contra el “ser nacional”, actualmente debido a la disgregación de la clase trabajadora producto justamente de la aplicación del capitalismo neoliberal, se continúa aplicando la idea del “enemigo interno” siendo estos no la clase obrera organizada, sino los sectores de la clase trabajadora que pertenecen al precariado y quienes viven en las villas y barriadas populares.       

[2] Acá estamos siguiendo a Juan Carlos de la Torre en su definición sobre el peronismo, que extendemos al capitalismo en general.

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