Algo de justicia, mucho de lucha

Algo de justicia, mucho de lucha

14Sep22 0 Por Matías Gianfelice

Este lunes el TOC 5 de San Justo sentenció la absolución de Oscar Vega. Caía sobre él un pedido de perpetua por la muerte del colectivero Pablo Flores en 2020. Pruebas plantadas, corrupción, armado de causas y una red estatal que buscó impunidad.

Hace un tiempo circuló la noticia de que se había calculado el tiempo anual que las personas que vivimos en grandes ciudades perdemos de nuestras vidas haciendo las filas para algunos trámites, o en el super, o en los peajes y embotellamientos, etc. No me acuerdo cual era el resultado, pero me acuerdo de una pregunta super interesante: “¿Cuánto vale para vos tu tiempo?”.

Perderlo en ese tipo de cosas es un garrón, fastidia, incomoda; pero no dejan de ser secuencias cotidianas que o bien podemos evitar o sino sabemos que en un rato se terminan. La pregunta que podría hacerse es “¿Estarías casi dos años de corrido esperando en la fila del cajero?”, “¿Dejarías casi dos años de tu vida en la fila del chino?”. A Oscar Vega, y a su familia, les robaron casi dos años de vida. Pero no en un trámite, se los arrebató el entramado mafioso estatal metiéndolo preso en Gonzalez Catán. Y además de esa humillación, lo difamó como coautor del asesinato de un chofer de colectivos. Les quebró la vida. La policía bonaerense, los funcionarios del poder judicial, muchos comunicadores de grandes medios, peritos, la sordera de infinidad de funcionarios y dirigentes políticos, etc, etc, etc.

Oscar Vega fue acusado en diciembre del 2020, en un allanamiento ilegal, violento, donde le plantaron pruebas, de ser parte del asesinato del chofer Pablo Flores (ocurrido el 1/10/20). Asesinato que demás está decir, sigue impune, ya que la inoperante y corrupta policía, al igual que los funcionarios judiciales, se encargaron de armar una causa a las apuradas, en vez de investigar quiénes y por qué mataron a Flores (NdR: esa noche Flores manejaba un interno que no era el de él y se supone que los asesinos iban contratados para matar al chofer habitual; increíblemente a ese chofer nunca se lo investigó para tratar de sumar elementos que den con los verdaderos asesinos).

Oscar perdió una libertad, un lugar de trabajo, el tiempo con su familia, el fútbol con sus amigos, perdió todo durante casi dos años. Fue sometido a un sin fin de violencias, falsas acusaciones y tratos denigrantes. Por suerte, su compañera de vida, Zulema, supo juntar fuerzas desde un montón de rincones y junto al calor y el dolor de sus hijxs, salió a gritar la inocencia de Oscar y a reclamar justicia. Como en muchas de las causas armadas, Zulema encontró algunos valiosos apoyos, pero una infinidad de silencios y desplantes. Para este sistema, incluso para sus aristas más progresistas y sensibles, las causas armadas, los casos de gatillo fácil son realidades incómodas, luchas complejas que “dejan poco acumulado político”. En el fondo, este cronista se permite pensar, que para mucha gente (incluso la supuestamente bien pensante) el morochaje de este país, es culpable de antemano, por lo menos hasta que un camión repleto de pruebas, le demuestre lo contrario.

El lunes los funcionarios judiciales dictaminaron la libertad para Oscar, pero hicieron “justicia” a medias; más bien diría hicieron un granito de justicia. Tan poca justicia es, que si le agregamos el prefijo “in” suena más real. En primer lugar porque le quitaron la libertad casi dos años a un inocente; están llegando 1 año y 9 meses tarde. En segundo lugar porque fue tan pero tan desastroso el accionar policial primero y el de fiscalía después, que nada de lo actuado sirve para intentar esclarecer el asesinato. Tercero, porque hay un muerto y una familia, a la cual le mintieron durante dos años y le siguen negando el derecho a saber quienes fueron los asesinos de Pablo Flores.

En esta fallida democracia burguesa, en este sistema violento, injusto y desigual, las causas armadas existen, los pibes pobres asesinados por el gatillo fácil de las policías existen, los femicidios impunes existen. Contra eso no deben estar más las víctimas y familias solas, debemos ser muchxs quienes alcemos la voz y digamos bien fuerte ¡NUNCA MÁS!

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