Ayudamemoria para El País del No me Acuerdo: 16 de setiembre de 1955

Ayudamemoria para El País del No me Acuerdo: 16 de setiembre de 1955

16Sep22 0 Por Guillermo Cieza

Los hechos producidos entre los días 16 y 19 de setiembre de 1955, alcanzan plena comprensión teniendo en cuenta lo ocurrido tres meses antes con los bombardeos a Plaza de Mayo en junio de 1955. La conspiración golpista que derrocó al presidente Juan Domingo Perón amenazó con bombardear la Destilería de Ensenada y ya había demostrado que no le importaba asesinar civiles.



El 16 de junio de 1955, el ataque aéreo de los militares golpistas a la Casa Rosada y la Plaza de Mayo se concentró en tres oleadas sucesivas. El objetivo de “matar a Perón”, que esgrimieron los aviadores, no podía ser cumplido después del primer bombardeo, cuando ya los agresores sabían que Perón estaba vivo y que se había alejado de la zona. Sin embargo, siguieron bombardeando e hicieron foco en miles de personas que se concentraron, convocados por la CGT, en las inmediaciones de la Plaza de Mayo, contradiciendo las ordenes de Perón que había pedido a sus partidarios civiles que no se acercaran a ese lugar, porque la lucha debía ser “entre soldados”.
El objetivo de los bombardeos del 16 de junio fue crear pánico en la población, demostrándole que los golpistas no tendrían límites para conseguir sus objetivos. Una investigación realizada por el Archivo Nacional de la Memoria en 2010, permitió documentar la existencia de 308 personas fallecidas en los bombardeos. Se estima que esta cifra es mucho mayor porque muchas víctimas que murieron carbonizadas no pudieron ser identificadas.
El operativo del 16 de setiembre de 1955, fue organizado por la Marina y en él participaron algunos sectores del Ejército. La sublevación se inició en Curuzú-Cuatiá, Córdoba, Cuyo, Puerto Belgrano y Ensenada. La posición de Perón fue la misma que había tomada tres meses antes en el sentido de no convocar a los civiles a defender su gobierno. Por iniciativa de Evita, la CGT había adquirido armas para los trabajadores en caso de una asonada golpista, pero no fueron entregadas. La posición de los principales líderes sindicales fue desalentar que los trabajadores se involucraran en los enfrentamientos. Sin embargo, está documentado que un importante número de civiles de los dos bandos participaron en la disputa.
Al hacer un repaso de lo ocurrido en los seis días, entre el 16 y el 22 de setiembre, que duró el enfrentamiento, los primeros resultados parecieron darle el triunfo a Perón. Los combates que se desarrollaron en Curuzú Cuatia, Puerto Belgrano y Córdoba, también se produjeron en Ensenada. El 16 de diciembre, en ese lugar, se desarrolló una batalla que dura casi todo el día, donde las fuerzas leales terminaron derrotando a los marinos que se habían sublevado en la guarnición de Río Santiago. Militantes civiles peronistas de Berisso y Ensenada participaron en estos enfrentamientos y la población de esas ciudades no fue ajena a estos hechos. El 16 de septiembre evacuaron a La Plata a causa de los combates y volvieron a hacerlo el 19 de septiembre a causa de la amenaza de volar la Destileria de YPF.
El resultado de los enfrentamientos empieza a cambiar el 19 de setiembre, cuando los golpistas bombardearon los depósitos petroleros de Mar del Plata y se difundió un ultimatum de la Marina de Guerra que amenazaba con hacer volar la Destilería de Ensenada y bombardear Buenos Aires. El antecedente del 16 de junio demostraba que los golpistas estaban dispuestos a todo. Perón finalmente decidió renunciar y formar una Junta Militar para que negocie con las fuerzas golpistas. Esta Junta aceptó la renuncia y el 23 de septiembre asumió el gobierno el general Leonardi, uno de los líderes del golpe militar.
Resulta evidente que más allá de la participación de civiles en los enfrentamientos, lo que ocurrió con el golpe del 16 de setiembre se derimió entre militares. No faltaron los generales que advirtieron que el gobierno había perdido apoyos y cambiaron de bando en esos días. Perón no contaba con las simpatías de la nueva potencia emergente, Estados Unidos, y había perdido el sostén de grupos empresarios locales que, de la mano del renunciante ministro Antonio Cafiero, aprovecharon el conflicto con la Iglesia para abandonar el barco. Por el contrario, la oposición había juntado un gran frente político que unificaba al conjunto de la partidocracia liberal, y una alianza social entre la oligarquía y sectores medios. En setiembre de 1955 el frente social que apoyaba a Perón había quedado reducido a los trabajadores. Y desde su lógica de caudillo militar, su único sostén era el ejército.
La oligarquía que bombardeó la Plaza de Mayo y derrocó a Perón en el 55, fue la misma que había consumado las masacres de la Semana Trágica y de la Patagonia, la que promovió el exterminio del pueblo mapuche y arrasó la experiencia independentista del Paraguay. Y fue la misma que dio el golpe de los años 1966 y 1976. Mantienen la coherencia histórica, nunca olvidan. Su signo identificatorio es la crueldad contra los que se rebelan frente a la opresión o aspiran a un mejor vivir.
Quienes sí olvidan y se presentan como herederos de nuestra experiencia nacional y popular, viven en el País del No Me Acuerdo. En ese lugar, hacer buena letra con Estados Unidos es una decisión inteligente, compartir una misa con Eduardo Duhalde es una jugada táctica genial y reivindicar a Antonio Cafiero es rendir homenaje a la sensatez política.

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