Palmaditas del Fondo para un presupuesto de ajuste

Palmaditas del Fondo para un presupuesto de ajuste

22Sep22 0 Por Mariano Féliz

Massa pasó la aspiradora en los Estados Unidos y parece que consiguió algunos dólares para postergar la corrida cambiaria, mientras burócratas sindicales se abrazan con el Embajador de EE.UU. en Buenos Aires. La directora gerenta del Fondo, Kristalina Georgieva, elogia el programa económico y da el ok a un nuevo pago (que volverá sobre sí mismo). El Ministerio de Economía presenta un presupuesto de ajuste con el apoyo del Frente de Todxs y el aval sotto voce de Juntos por el Cambio.

Un presupuesto a la medida del Fondo

Luego de una extensa gira por los EE.UU., el Ministro de Economía Massa recibió promesas de miles de millones de dólares en inversiones y más deuda. Ni bien regresó, se presentó al Congreso Nacional el proyecto de presupuesto de recursos y gastos del Estado nacional para 2023.

Es un proyecto con el visto bueno del Fondo Monetario Internacional (FMI) que propone continuar con el ajuste fiscal: un déficit de 2,5% del PBI en 2022 se transformará en 1,9% en un año electoral, al tiempo que se espera reducir la emisión monetaria para financiar ese déficit a sólo 0,6% del PBI. El resto del déficit se financiará con más endeudamiento. Esto no incluye el creciente déficit del Banco Central (denominado déficit cuasi-fiscal) que es producto fundamentalmente de los millonarios y crecientes pagos al sistema financiero a través de intereses de las LELIQ y otros instrumentos.

No sólo se reducirá el déficti (diferencia entre el gasto y los ingresos). También se achicará el gasto primario (sin incluir pagos de deuda pública) del Estado nacional en 1,2% del PBI. El recorte de gastos se concentrará en los subsidios en servicios públicos (agua, transporte y energía) y el virtual congelamiento de los salarios en el sector público y en la previsión social. Las prioridades son claras: por ejemplo, mientras las universidades nacionales recibirán un aumento presupuestario (54%) menor a la inflación proyectada (75% promedio para todo 2023), el pago de intereses de la deuda pública se duplicará.

En el debate parlamentario, sólo se vislumbra algún chisporroteo en torno a las exenciones impositivas (crípticamente llamadas “gasto tributario”) que superan el 2,5% del PBI. Las mismas incluyen el no pago de impuesto a las ganancias por parte de la mayoría de los jueces y la reducción del pago de IVA por parte de grandes empresas en Tierra del Fuego, hasta el beneficio de no pago de impuestos por los intereses que cobran quienes compran deuda pública o incluso exenciones de impuestos de cooperativas y mutuales. Todo en la misma bolsa, no augura un debate serio en torno a los subsidios directos e indirectos que reciben las grandes corporaciones.

Lejos quedó el insuficiente impuesto a las grandes fortunas aprobado en 2021, o el abortado proyecto de impuesto a las ganancias extraordinarias presentado por Guzmán en 2022. De hecho, la recaudación de impuestos también se reducirá en 2023 en 0,4% del PBI. La reducción del déficit no la pagarán los que más tienen sino los que siempre pagan los platos rotos.

Inflación y crecimiento

El presupuesto nacional incluye proyecciones macroeconómicas, que refieren a la evolución proyectada de la economía en su conjunto. Por una parte, el gobierno ratifica que la inflación durante todo 2022 llegará -al menos- a 95%, muy por encima de la gran mayoría de las paritarias negociadas. Seguramente, la caída del poder de compra de los salarios no ha sido parte de la conversación entre Hugo Yasky, Roberto Baradel, Pablo Moyano y otrxs burócratas sindicales con el Embajador de los EE.UU.

Para 2023 se estima un 60% de inflación entre diciembre de 2022 y diciembre del año próximo, es decir 4% por mes. El gobierno aspira a reducir la inflación sólo por la vía de la caída del déficit fiscal y la menor emisión monetaria (como acordó con el FMI). Sin embargo, parece difícil llegar al objetivo de bajar la inflación, en ausencia de acciones reales que limiten la dolarización de la economía, la sangría de dólares, debiliten el poder de las grandes formadoras de precios y la indexación generalizada de los mismos (incluidos alquileres), y contengan la suba de tarifas de servicios públicos y del dólar (proyectada en 62,2% para todo 2023).

Por último, la proyección de crecimiento económico se reduce a sólo 2% para todo el año próximo. El gobierno espera que eso esté impulsado por un significativo aumento de las exportaciones (7,1%) y un muy leve repunte en la inversión (2,9%). Este es un gran problema para una estrategia que espera que sea el crecimiento y la acumulación capitalista la que resuelva los problemas de trabajo e ingreso de la población. Con alta inflación y bajísimo crecimiento (comparado con 4% en 2022, y 10,4% en 2021) podemos esperar que las y los trabajadores continúen perdiendo espacio en la disputa por la apropiación de la riqueza que ellxs generan. Sin una economía dinámica que genere empleo, sin un Estado que amplíe sus funciones y alcances, y con una inflación que carcome los ingresos populares, los únicos beneficiarios de la estrategia macroeconómica seguirán siendo los acreedores internacionales y locales, junto con las grandes corporaciones (en especial, las exportadoras y saqueadoras de nuestros bienes comunes).

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