La normalización del espanto

La normalización del espanto

23Sep22 0 Por Gustavo Spinello

Es innegable que las propuestas de salidas a nuestras crisis periódicas desde la hegemonía vigente , es una redundancia política sin objeto. Nada convertirá al zorro en oveja, ningún soldado del cuartel del partido del sistema probará combatir a su tropa. Nadie toca al capital como está, como lo conoce. Pizza y faina siempre. 

Una población empobrecida es un negocio que factura en las urnas y la dadiva o el sacramento de la ayuda oficial tiene origen concreto, la doctrina social de la iglesia. Esa que no se menciona en los discursitos plagados de exitismo y el aplauso de  la tribuna pero que no evita que atraviese por igual a todas las clases sociales  excitando a las hienas que ponen a trabajar los engranajes del monopolio de la represión: 94 asesinatos en pandemia por gatillo racista por si se les escapa la tortuga a pesar que en las urnas se termina depositando legitimidad a los verdugos.  

El poder real,  lanzado a la conquista de su trono en una guerrilla interburguesa lo sabe desde siempre ( “salvo el poder, lo demás es ilusión.” V.L.) con la cruz gamada aferrada en su psiquis y la  impunidad en su ADN social  no guarda empacho y es descarado en hacerlo visible  donde le quede cómodo. En otras palabras descaradamente usan todos los medios posibles para sentirse rebeldes contra la casta política que aborrece pero le hace frente con las botas y municiones en la mano. Sacan pecho delante del desconcierto generalizado. No estaban guardados, son parte del paradigma que no cede ni se retira, se reconfigura. 

Todos juntos, burgueses y pequeñoburgueses, librepensadores y progres dentro de la socialdemocracia definen en el congreso (su patio celestial) que los privilegios no se tocan ni negocian. El privilegio politiquero de siempre hoy está instituido como una condición que ya no es novedosa: ordenar el caos previsto y no perder de vista su cultura represora. 

 Forman una rosca imperturbable, bochornosa, que acaso por grosera son un rumor constante de banalidades en show. 

Todos, queriendo o no se acaloran para sostener “la casa en orden”  con un elefante blanco en el altillo, aún si esa sofocación es intentando un magnicidio. 

¿Qué es una contradicción? En absoluto. 

 La nueva normalidad es diferenciarse sin tocar la estructura de obediencias  de la casa blanca, dentro del sistema todo, fuera de él nada y se cierran filas, invirtiendo el “que no quede ni uno solo” afuera, todos los macacos dentro de sus propiedades y lo demás será miseria. 

Ahora, además con un conservador nato al frente de Economía para coquetear prostibulariamente con los amos del norte, entran  más ajustes con limosna y la mitad de la población son parte del crimen del hambre. Donde el régimen de sufrimiento contra la niñez empobrecida es un genocidio calculado. 

Así, desde el 1983 en adelante la construcción de hegemonía del capital nativo  ha borrado la subjetividad que asoma en cada  reacción, en cada piquete o en cada salida de protesta sectorial; son vectores de achique y ahí, en cada esquina, surge la conciliación y la charlatanería burócrata vaporizando esperanzas incumplidas con los restos del festín de los ajustes. 

Después de todo, la violencia es de los que crean hambre, miseria y descomposición.  La riqueza de los ricos es odio de clase como una condición hereditaria. El otro odio de clase es una necesidad, la condición para borrar del mapa la humillación de la explotación y dar vuelta la taba. 

En realidad, lo que se intenta atacar  y se repetirá por otros medios, es la supuesta representación de la cosa morena, pobre y excluida. Eso es el néctar del sentimiento racista, desde el latifundio genocida al presente. Evocado y explicitado como odio, la llave maestra de la casta burguesa, la aristocracia terrateniente y las expresiones reaccionarias tan pestilentes que duelen en la percepción de las grandes mayorías. 

Entonces vemos como la herencia genocida respira excitada, que incluye hoy cierto exotismo despeinado, sin contenido alguno. Del genocidio inicial,  flotan en el área citadina, por ahora, la fermentación que se quedó con el capital originario, el territorio y la territorialidad y la explotación de todo lo que hay sobre natura. 

Esa naturalización de la verdad pública desarma cualquier caracterización de orden política y así la voluntad de los de abajo desvía su núcleo de atención; por izquierda se borró el concepto de primero el poder político después el dirigente. El término revolución se siente como un sofisma o una lectura olvidada. Y la socialdemocracia aulla…primero el dirigente después la soberanía. Es en este pulido alienante que el axioma  independencia de clase no está contenido en la subjetividad ni la pertenencia de los trabajadores; ni siquiera es slogan, ni rosa el conflicto intelectual de los iluminados  ni vanguardistas. 

La noticia show vende,  especula a los cuatro puntos cardinales, dispersa la atención emocional, produce hastío y concentra animosidad en el culto a la figurita central, se usa la fragmentación política y un neofascismo captura al paso y entrena  sapos e inútiles lumpen para que nada cambie.  

La adaptación al sistema sigue su curso, se traga aspirando, a un ritmo importante en un agujero al centro de la tierra que arrincona y fluye  mansa y segura… ¿ Psicosis de culpa?  no actuar cuando se es víctima del ocaso de un proyecto colonial que tarda en morir por viejo, ya que lo nuevo no entiende como surgir de las cenizas, es una desafío que se logra en la diversidad y unión verdadera de los que resistimos como podemos. 

“A veces hago lo que importa hacer. El resto del tiempo hago lo que debo.” 

Gustavo Spinello 

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter