El regreso de los fachos

El regreso de los fachos

26Sep22 1 Por Guillermo Cieza

Cuando en 2017 algunos observadores advertimos sobre la aparición de bandas neonazis en las guarimbas venezolanas, no faltaron quienes nos atribuyeron haber contraído algún delirio tropical. Un año después, Bolsonaro les golpeó la puerta a los incrédulos de Brasil. Con el asesinato de Marielle Franco, se acabaron las sonrisas socarronas. La aparición de simbología nazi en los tatuajes del personaje que intentó asesinar a Cristina abrió algunos interrogantes. Quienes no quisieron convencerse con los ejemplos latinoamericanos, empezarán a preocuparse con el triunfo electoral de la agrupación filo-fascista los Hermanos de Italia, en la tierras de Gramsci.

Orlando Figueres, joven afrodescendiente, quemado vivo por las guarimbas por “parecer chavista “



Entre abril y junio de 2017 las guarimbas, acciones de terrorismo urbano protagonizados por grupos de ultraderecha, dejaron en Venezuela un saldo de 163 muertos y más de 3000 heridos. Estos grupos estaban vinculados con la agrupación Voluntad Popular, liderada por Leopoldo López y eran financiadas por Estados Unidos.

Simbologia de las Cruzadas en las guarimbas venezolanas


El origen político de Leopoldo López es la agrupacion Tradición, Familia y Propiedad. Esta organización nació en 1960 en Brasil, inspirada en el libro “Revolución y Contrarrevolución” de Plinio Correa de Oliveira, que propuso un marco teórico, asociado a los principios del fascismo. Esta nueva secta, que se presentó como protagonistas de una Nueva Cruzada contra el comunismo internacional, hizo una interpretación particular de la Biblia y los evangelios, cuestionando en particular el décimo mandamiento “no matarás”, alegando que no podía interponerse a las decisiones divinas que ellos encarnaban e interpretaban. Su actividad no se limitó al terreno eclesiástico. Tuvieron especial preocupación por influenciar las élites civiles y militares de sus respectivos países y de involucrar a jóvenes de clase media en la lucha contra “el comunismo”, justificando el asesinato político y la utilización de métodos aberrantes. En la Argentina fue fundada en 1964 por Mario Amadeo, dirigente de la derecha católica en el golpe del 55, y presidida por Cosme Beccar Varela y su órgano propagandístico fue la revista “Cruzada”. Este grupo estuvo desde el principio muy vinculado a la sucursal chilena que tempranamente se ocupó de conspirar contra el “peligro comunista”, representado por la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. Tradición Familia y Propiedad cumplió un papel destacado en dar sustento ideológico, desde una perspectiva cristiana, a la dictadura de Pinochet. Otro tanto ocurrió con respecto a la dictadura de Videla en la Argentina, aunque ha sido menos investigado y difundido.

Calavera de las SS nazis en el Batallón Azov


La referencia política más inmediata que reivindicaron las guarimbas venezolanas fue la rebelión de El Maidan, ocurrida en Ucrania en 2014. Esta rebelión de corte fascista promovida y financiada por Estados Unidos depuso al Presidente constitucional, de orientacion prorrusa, Víktor Yanukóvichs. El líder de este movimiento fue Andréi Biletski, dirigente del grupo neonazi ucraniano Patriota de Ucrania. En 2010, Biletski proclamó que un día el papel de Ucrania sería «guiar a las razas blancas del mundo en una cruzada final (…) contra los untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas». Ese líder es el fundador del batallón de Azov, que se organizó en 2014. Sus integrantes usan tatuajes con la insignia de la calavera de las SS y runas de relámpagos, y luciendo el Sonnenrad, el símbolo del sol negro del nazismo esotérico. La simbología de las Cruzadas y de El Maidan fueron utilizadas por las guarimbas venezolanas. En la Argentina, el Sol Negro es un signo identificatorio de grupos políticos, y también de metaleros, de orientaciós fascista. Lo tenía tatuado Sabag Montiel.


El crecimiento de la extrema derecha no es un fenómeno exclusivamente latinoamericano. Gobiernos de ultraderecha gobiernan desde hace años Polonia, Hungría y Ucrania. En Letonia grupos que reivindican las tradiciones nazis son partes del gobierno. En Francia, lideradas por Marine Le Pen, fueron a segunda vuelta para derimir las elecciones presidenciales. En Suecia, acaban de formar gobierno. En Italia ayer ganaron las elecciones y pondrán a la Primer Ministra. En países como Estonia, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Alemania, Portugal o España donde en 2010 no tenían representación parlamentaria, ahora aspiran a gobernar. En el mapa político de la Unión Europea la anomalía no es la presencia de la ultraderecha, sino los países donde no tienen representación parlamentaria. Esos países son, por ahora: El Reino Unido, Luxemburgo e Islandia.

Giorgia Meloni, ganadora de las elecciones en Italia. A su lado, Berlusconi.

En Estados Unidos “el trumpismo”, que gobernó durante cuatro años y amenaza volver en las próximas elecciones alentó la reaparición de grupos criminales racistas como el Ku Kus Klan, que promovió el linchamiento de negros, una práctica que dejó en ese país más de 4.400 víctimas entre 1877 y 1950. 


El crecimiento de corrientes políticas de ultraderecha y de regímenes de orientación fascista está vinculada a la agudización de la crisis capitalista. La ultraderecha agita la evidencia de que el sistema político ha fracasado, pero promueve como solución la eliminación de toda mediación o regulación. Culpando de todos los males a la clase política, al “gasto social”, al populismo o al “pobrismo”, propone ampliar el dominio de las élites. Esa ampliación de dominio se sustenta con una política autoritaria que restringe y reprime cualquier atisbo de protesta social y entra en colisión con la vigencia de las libertades democráticas y aún con aspectos formales de la democracia representativa o el derecho penal burgués. Para quedar en la mira de la ultraderecha no es necesario promover transformaciones con horizonte socialista. Alcanza con proponer medidas regulatorias, politicas redistributivas o ampliar algunos derechos.

Hay un famoso poema atribuido a Bertold Bretch, que fue escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller, que empieza diciendo: “Primero vinieron por los comunistas, pero como yo no lo era, guardé silencio …” , El progresimo desestimó la alarma de las guarimbas venezolanas. Peor aún, buena parte de los gobiernos de esa orientación avalaron el informe Bachelett sobre lo ocurrido en ese período. Esto es algo así como haberle creído a Brenda Uliarte, a Gabriel Carrizo, y a los líderes del grupo Revolución Federal.
Aquel famoso poema termina: “Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.
Sería penoso que le demos otra vuelta a ese error y desde la izquierda en la Argentina digamos: “Primero vinieron por Cristina, pero como yo no era kirchnerista…”

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