Los días de octubre a ambos lados de la “grieta”

Los días de octubre a ambos lados de la “grieta”

18Oct22 0 Por Daniel Campione

Las coaliciones de gobierno y oposición protagonizan un giro a la derecha desde sus respectivos puntos de partida, sin que otras propuestas se muestren sólidas y cohesionadas.

La obediencia al capital.

La actuación en los últimos días del gobierno nacional y las organizaciones políticas y sociales que lo apoyan transcurrieron por carriles ya acostumbrados: El sometimiento a las pautas marcadas por los organismos financieros internacionales. Y el seguimiento de políticas “amables” hacia los poderes fácticos, a despecho de los perjuicios que causen a las mayorías populares.

El ministro de Economía, Sergio Massa, protagonizó un nuevo viaje a EE.UU. Y en su transcurso otra maratón de entrevistas con representantes del poder económico mundial, con el fin de garantizar el “buen comportamiento” de Argentina, para “venderla” como un acogedor destino para las inversiones trasnacionales.

En estos días se discutirá el Presupuesto 2023, cuyo proyecto presenta “recortes” significativos. Abarcarán desde diferentes planes sociales a los recursos para las universidades. Todo acompañado por la disminución general de los subsidios a los distintos servicios públicos. El enfoque de la reducción del déficit fiscal, enfocado con exclusividad desde el costado del “gasto” es una decisión política del gobierno, a llevar a la práctica con rigor creciente.

El costado represivo del seguimiento de la agenda neoliberal sigue en pie. Más allá de las “prisiones domiciliarias”, la criminalización de los reclamos de los pueblos originarios continúa su recorrido. Lo que incluyó a nuevos “atentados” en la zona de Villa La Angostura, con la consiguiente insistencia en culpar a esa entidad fantasmal llamada “RAM”, cuyo único rasgo no controvertido es el de servir de espantajo al servicio del enfoque represivo. Puede leerse aquí.

El presidente Alberto Fernández pasó por el coloquio de IDEA en procura de presentarse como un mandatario honesto y eficiente. A ese efecto no reparó en señalar que él nunca había pedido “compensaciones” a los empresarios por el otorgamiento de obras públicas. Ni había lanzado a la AFIP en contra de lxs capitalistas críticos con su gestión.

La oblicua adhesión a las acusaciones en curso contra la actual vicepresidenta no lo detuvieron en su afán de congraciarse con quienes se perciben como los dueños del país.

Mientras tanto las medidas en discusión para atenuar los padecimientos populares no rebasan la esfera de los paliativos, que por añadidura están pensados para la corta duración.

Se estira el debate acerca de un incremento salarial de suma fija que abarque a todxs lxs trabajadorxs. Así como las idas y venidas en torno a una suerte de subsidio a la indigencia que sólo se extendería a dos meses, noviembre y diciembre. Y únicamente comprenderá a quienes no perciben ningún tipo de ingreso.

Un 17 de octubre entre la división y la “unidad”.

Ha sido señalada con amplitud la multiplicación de los actos orientados a celebrar el “Día de la Lealtad”, como puede leerse aquí.

Todxs hicieron profesión de fe en la “unidad”. Y optaron por el camino de la “moderación” en las críticas al gobierno. Al que insistieron en asumir como propio, pese a las observaciones formuladas.

Nada distinto podía preverse en las concentraciones convocadas por los “gordos” y los “independientes” de la CGT y las organizaciones sociales oficialistas, respectivamente. Allí los reclamos de cargos en el armado electoral del año que viene sonaron más firmes que los pedidos de acciones gubernamentales que siquiera atenúen la suerte de sus “representados”.

En el acto de los “cegetistas” no faltó algún dirigente que se inclinó por la candidatura presidencial del “ajustador” Massa para el año que viene.

Si alguien esperaba pronunciamientos muy diferentes en la manifestación realizada en Plaza de Mayo, es probable que haya salido defraudado. Allí se reunieron corrientes de diversa procedencia y representatividad, con el rasgo en común de alinearse con la vicepresidenta y el “kirchnerismo”. Desde la vertiente “moyanista” de la central obrera más numerosa a La Cámpora. También varios intendentes bonaerenses y representantes de las dos CTA.

Para no abundar en exceso, podemos circunscribirnos a sólo uno entre los que fueron oradores en el acto frente a la Casa Rosada.

Las declaraciones de Pablo Moyano a propósito de la concentración de Plaza de Mayo marcan los estrechos límites del disenso frente a la gestión del Frente de Todos (FdT), siempre sujeta a especulaciones electorales.

 Moyano declaró, acerca del carácter y alcance del llamado: “Creo que es una convocatoria importante y es un acto de apoyo a nuestro Gobierno, pero también con reclamos que todavía tiene que ir resolviendo el gobierno nacional.”

Nótese el “todavía”, como si los funcionarios nacionales estuvieran realmente abocados a la defensa de los intereses populares. Y sólo fuera cuestión de tiempo que logren eficacia en esa tarea. Eso acompañado por la reafirmación de que se trata de “nuestro gobierno”.

El dirigente camionero asimismo afirmó: “Sabemos que el ministro Massa está haciendo un esfuerzo importante, ya que agarró no un fierro sino una acería caliente con lo que nos dejó Macri. Y bueno, está tratando de a poquito de bajar la inflación”.

Vale decir que ni siquiera se permite una crítica seria a la política económica en curso y a su principal ejecutor. Le resulta más cómodo culpar de todo al gobierno anterior. Es claro, eso puede ser un punto de partida para ir a las elecciones del año que viene en medio de un plan de ajuste. Igual habría que votar al peronismo, bajo la amenaza de que retorne la derecha con sus destrozos. “Malmenorismo al palo”.

Moyano da un paso más, junto con otras expresiones “kirchneristas” en el ya añejo talento del peronismo para erigirse en “oposición” y gobierno al mismo tiempo. Y como en este caso, ambas porsturas surgen de modo simultáneo en boca del mismo dirigente.

La dispersión del lunes 17 ha sido expresiva de una situación de crisis del peronismo, con la derrota electoral de 2021 como herida abierta. Y con una realidad económica afligente para las mayorías populares. La que desde el gobierno es acentuada con el estricto cumplimiento de los lineamientos del Fondo Monetario Internacional y el otorgamiento de ventajas y salvaguardas a los grandes capitalistas.

La preocupación por los resultados electorales de 2023 cunde en el conjunto de la dirigencia. En cambio el propósito de hacer algo efectivo para modificar el rumbo se diluye. Aún a riesgo de que se resienta el tradicional vínculo del peronismo con los sectores trabajadorxs y pobres.

Mauricio Macri y Patricia Bullrich. El juego de las atrocidades.

En estos últimos días se reiteraron los gestos y declaraciones de una parte de la dirigencia de Juntos por el Cambio (JxC) en el sentido de propiciar una aplicación a ultranza del programa neoliberal. Acompañada por una revancha de clase que podría resultar de proporciones desconocidas desde 1983 en adelante.

Valga un ejemplo: La presidenta de PRO, Patricia Bullrich, criticó a los diputados de su propio partido que votaron en el Congreso la prórroga del Régimen de Regularización Dominial para barrios populares. Un proyecto del Poder Ejecutivo que plantea la suspensión de los desalojos en esas zonas por 10 años.

“Si sos okupa, no te pueden embargar. Si pagás impuestos y alquilás una propiedad, te destruyen. No entiendo, ¿a quién defendemos? Esto hay que explicarlo”, publicó Bullrich en Twitter.

No pareció importarle que la sanción original de la iniciativa data de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri. E impulsada por legisladores de “Cambiemos” como Elisa Carrió, Mario Negri y Nicolás Massot.

Y pasó por encima del propio bloque: Hasta uno de sus “laderos” Gerardo Milman votó a favor de la prórroga, junto con Laura Rodríguez Machado, otra persona cercana a su conducción. Ambos acompañados por un buen número de diputados de su propio partido.

La exministra de Seguridad protesta así contra cualquier actitud o acción que reste claridad al alineamiento en toda la línea de JxC con los intereses de las clases dominantes y los propietarios en particular. Tal posicionamiento, de paso, le sirve para hostigar al “populismo light” (Mauricio Macri dixit) que profesarían algunxs de sus correligionarixs.

Ocurre que la presidenta de PRO tiene una fórmula clara y permanente para enfrentar sucesos como los que podrían sobrevenir en el reclamo contra eventuales desalojos: Balas. La pedagogía del plomo es un eje fundamental de su propuesta política.

Va en la línea del expresidente Macri, que hace un tiempo exteriorizó la necesidad de “bancarse” muertos, si ese era el precio de la política de ajuste brutal y “reformas” antipopulares que identifica con el “cambio verdadero”.

En materia de reformas económicas, la exministra de Seguridad dio su aporte al coloquio de IDEA: Se manifestó a favor de una completa “apertura” de la economía. Y al ser preguntada por el destino de las PYMEs ante la previsible avalancha de importaciones espetó: “Que se conviertan en oficinas.”

La presidenta de PRO con colaboradores en la reunión de IDEA.

En la misma línea se encolumnan algunos pasajes del nuevo libro del expresidente que está llegando a librerías, titulado ¿Para qué? Allí podrán leerse definiciones tajantes sobre la necesidad de una inmediata y completa ofensiva a favor del gran capital, a desatarse apenas se inicie el segundo turno “cambiemita”, que da por seguro para 2023.

El libro del expresidente.

Al respecto es significativo un párrafo: “El gradualismo fue producto de nuestra debilidad y no de nuestra vocación. El próximo gobierno será más fuerte y su fortaleza requerirá que las reformas estructurales se sancionen en las primeras horas. Debemos tener la valentía de terminar de inmediato con legislaciones obsoletas en materia laboral, sindical, previsional y fiscal”.

Nótese el implícito señalamiento del principal enemigo a vencer: Las “reformas” mencionadas en primer término son las que atañen de modo más directo a las condiciones de vida y de labor y a las posibilidades de organización y lucha de lxs trabajadorxs. El aplastamiento de los sindicatos se pone así al frente de la lista de prioridades.

Como resulta esperable, la propuesta de “reformas estructurales”, va aunada a la amenaza de represión que las facilite:

“No existe ninguna posibilidad de que continuemos asistiendo al triste espectáculo de fuerzas de seguridad que no actúan. Las calles son de todos los ciudadanos y todos tienen derecho a transitarlas. El derecho de protesta debe encontrar un límite cuando perjudica a terceros”.

Basten esos “botones de muestra”.

Perspectivas para dar la disputa.

El cuadro de situación que emana de estos últimos días, es, una vez más, el de las dos coaliciones recostándose sobre un sentido común en el que las políticas de reducción del gasto, equilibrio fiscal y pago de la deuda externa se convierten en “políticas de Estado”. Sobre cuyos ejes no hay discusión entre quienes aparecerán enfrentados en la disputa del voto popular para 2023.

Visto desde los ojos del gran capital el resultado proyectado parece de lo más interesante: Un “ordenamiento” fiscal y monetario realizado por el gobierno del FdT. El que abriría el camino para las “reformas estructurales” que, en su variante más radical y a máxima velocidad, prometen llevar adelante desde la cúpula de PRO. Allí donde se hallan los supuestos portaestandartes de un nuevo turno de gobierno de JxC.

Para las fuerzas políticas y corrientes de pensamiento que se proponen una lucha verdadera contra el orden capitalista existente, se impone dar la pelea contra ese sentido común conservador, de proyecciones reaccionarias. Para ello es indispensable la presencia en las calles, necesariamente acompañada por la lucha por las conciencias.

Se trata de expandir la confianza en que una sociedad distinta es posible. Y propiciar el repudio a las dirigencias actuales sin que se caiga en la “antipolítica” por derecha.

Todo articulado con la revalorización del sentido de la acción colectiva, cercada hoy por el individualismo que todo lo cifra en la competencia. Y vinculado con la creencia de que no hay mejora perdurable en la suerte de trabajadorxs y pobres si no se pone en cuestión al mismo capitalismo. Y con éste al saqueo de los bienes comunes y el incremento de la explotación y la exclusión.

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