Gepeto y la derecha argentina

Gepeto y la derecha argentina

23Oct22 0 Por Matías Gianfelice

La familia Caputo y sus negociados inmobiliarios se toparon con el emprendedor carpintero y militante derechista Jonathan Morel. Revolución Federal y el “jogo bonito” de la hija de Basile.

A Pinocho, el muñeco de madera, le crecía la nariz por mentir. A la clase política y empresaria argentina por suerte no le pasa, sino sería difícil conseguir pañuelos y que el aire nos alcance a todxs. Aire que por ahora no nos cobran.

La investigación sobre el atentado a CFK abrió líneas que rozan al partido político creado por Mauricio Macri, el PRO. Si bien las conexiones todavía son escasas y no tienen una comprobación judicial, el poder judicial ya llegó a la familia Caputo, lo cual es casi sinónimo de decir llegó a la familia Macri. Nicolás y Luís “Toto” Caputo han sido, desde la más tierna y acomodada infancia, amigos y socios de Mauricio Macri. Amigos escolares, socios comerciales en los 80′ y 90′, aliados políticos en el PRO y nuevamente “socios” en la política, ya que Nicky y Toto ganaron licitaciones para obras en CABA por encima de los 1.200 millones de pesos; de 2015 a 2019 Luís “Toto” Caputo fue Secretario de Finanzas de la Nación, Ministro de Finanzas de la Nación y presidente del Banco Central de la República Argentina, todos esos cargos bajo la presidencia de Mauricio Macri. Tanto se quieren y se acompañan, que forman parte del selecto y honorable grupo de argentinos que forman parte de los “Panamá Papers”.

Las causas judiciales que conectan el atentado con “Revolución Federal” y con la familia Caputo son dos y van en paralelo: por un lado la propia causa del atentado que está a cargo de la jueza federal María Eugenia Capuchetti, y por el otro, la causa que investiga a “Revolución Federal” por amenazas a CFK y por sus posibles vínculos con el atentado, que está a cargo del juez Marcelo Martínez de Giorgi. Este magistrado llegó hasta la familia Caputo, porque los hermanos de “Toto” Caputo, son tan buenos emprendedores como el resto de sus familiares y en junio de 2004 fundaron una desarrolladora inmobiliaria. La misma se enorgullece de haber construidos varios barrios privados y hoteles, demostrando que la tierra no es para quien la trabaja… sino para quien la negocia. La cuestión es que la hermandad de los buenos albañiles contrató hace poco y por más de ocho millones de pesos, a la carpintería de barrio que puso en Boulogne el joven inexperto Jonathan Morel, líder de “Revolución Federal”. La firma “Caputo Hermanos” reconoce dicha contratación y es el propio Morel quien explicó ante la justicia el obvio método que toda gran empresa tiene cuando necesita un trabajo de magnitud: la hermana Rossana Caputo iba caminando por el barrio, vio la carpintería (NdR: Morel no tiene experiencia previa y aprendió carpintería por videitos de Youtube), entró y luego de un primer pedido fallido, los volvió a convocar y directamente los Caputos los contrataron por 13 millones de pesos (NdR: fue el propio Morel quien reconoció que 8 millones fueron pagados en “blanco” y los otros 5 fueron “en negro”), para que Morel y su carpintería les entreguen cientos de muebles en…Neuquén!! Podemos notar que los Caputo colaboran también con el repunte del sector camioneros.

Revolución Federal: o como bastardear dos palabras en un solo nombre

Morel es el líder de Revolución Federal, la agrupación política de derecha, que se basa fundamentalmente en no tener nada de revolucionaria ni de federal. Pero en un mundo hiper subjetivo y liviano, te podés autoproclamar lo que se te cante y defender conceptos que sean opuestos a cada una de tus prácticas sociales. Total nada es cierto, la verdad es relativa.

Jony “Maderita” Morel llevaba meses de bravuconadas en las redes sociales y en cuanto medio de comunicación lo sacara al aire, su escasez argumentativa es más que evidente y se basa más o menos en la siguiente línea de pensamiento: el Estado/lo popular/lo peronista/lo de izquierda (como si todo eso fuesen sinónimos) son una porquería y vivimos en la miseria absoluta porque esas cosas existen y al pobre y honrado sector social trabajador y emprendedor nadie lo defiende. Hay que reconocerle a “Maderita” y a todos los grupos de extrema derecha que han surgido estos años que tienen una gran virtud: saben explotar el malestar social por la vida cada vez más precaria que vivimos y a su vez saben aprovechar las ineptitudes y mentiras de quienes llevan décadas gobernando el país. Es decir toman datos de la realidad totalmente inobjetables y los cargan de responsabilidad en grupos o sectores, que en parte la tienen, pero que lejos están de ser los únicos (ni los principales) responsables. El inexperto carpintero, tanto como los altisonantes diputados Javier Milei y José Luis Espert, jamás expresan las enormes responsabilidades que tienen los burgueses nacionales e internacionales como clase social dominante, en esta realidad miserable que vivimos. Ni el capitalismo ni sus leyes de mercado, ni sus valores de ganancias y acumulación, tienen nada que ver según estos nuevos “influencers” políticos y sociales.

Al altísimo vuelo intelectual del grupo de Morel lo completan un par de señoras bien de Recoleta, otros indignados como él y la hija del Coco Basile. Sabrina Basile, que está también detenida junto a Morel y otros integrantes de la agrupación. Se la puede reconocer en algunas manifestaciones de “Revolución Federal” gritando “hace cuatro días que no como”: o el Coco ha sido un padre muy poco generoso o esta señora no encuentra la heladera de su casa.

Ni Pinocho es de madera ni se ven los hilos de Gepeto

Convivimos con un poder judicial que tiene mil fallos a favor de los poderosos y casi ninguno a favor de la clase trabajadora. Pero cuando se trata de peleas entre los de arriba, sus propias internas y tensiones abren ventanas inesperadas. En el 2015 CFK aun era presidenta y el fiscal Gerardo Pollicita, en el marco de la muerte de Alberto Nisman, decidió imputarla a ella y a otros funcionarios, aquel dato sumado a su investigación en la causa sobre la corrupción en la obra pública; no hacen más que quitarle cualquier sospecha de ser kirchnerista. Es justamente este mismo fiscal quien avanza ahora contra los miembros de “Revolución Federal” y las conexiones con la plata de la familia Caputo. Vueltas raras de un poder elitista.

Hasta donde avanzará la investigación es difícil saberlo, quizás el hilo se corte mucho antes de que afecte en serio a empresarios y políticos poderosos del país. Sin embargo, y como CFK y el peronismo en general, no son comunes ciudadanos de la clase trabajadora, las presiones son muchas y las posibilidades de hacer rodar alguna cabeza están latentes.

En los medios se ven jugadas que muestran el pulso de las investigaciones y los intereses que se mueven: oposición y grandes medios (¿se los puede considerar cosas diferentes?) fueron de la duda y el supuesto autoatentado (vale reconocer que esa teoría fue marginal y se cayó por su propio peso a las pocas horas), hasta querer instalar la idea del grupito de “loquitos sueltos” que salieron sin más a la aventura de asesinar por cadena nacional (eso eran las llegadas de CFK a su casa por aquellos días) a una vicepresidenta en ejercicio. El correr de las semanas va ampliando la mancha de posibles involucrados como si fuera humedad en pared vieja, empieza a sospecharse de un financiamiento y de vínculos cruzados con sectores del PRO, más especialmente con gente muy cercana a Macri y/o Patricia Bullrich.

Para quien escribe la nota, no es menor pensar en extender las sospechas a la custodia de CFK y a los servicios; ya que las internas, los vueltos y el cobro de favores es moneda corriente en todo el sistema político. Hay un salto al vacío que cuesta imaginar que este turbio poder judicial vaya a darlo: mostrar las manos y los hilos detrás de Gepeto.

Indignación selectiva

La muy mal explicada transacción económica de Caputo con Morel, las mentiras y gestos cargados de violencia política de “Revolución Federal” en sus actos, la cercanía de esta agrupación a personajes como Milei o Bullrich; así como desandar el camino y ver los negociados de Macri en CABA y Nación para favorecer a su “hermano del alma”, son datos que quedan por fuera de la indignación mediática y social contra la corrupción y las mentiras de los políticos. En el fondo no se odia ni molesta la corrupción ni las mentiras, sino que molesta que las haga el peronismo, el “populismo”…si las hace “gente bien” podemos mirar para otro lado (misma indignación selectiva a la inversa cuando se trata de denunciar represiones o ajustes).

Han instalado mediáticamente una falsa grieta que se va llevando puesta la capacidad social y colectiva de analizar la realidad concreta y de evaluar consecuencias de las ideas que se imponen. La derrota cultural es más grande de lo que vislumbramos, nos ganan por goleada en las conciencias de millones de personas, vivir en una intolerable precariedad sin soluciones y con promesas vacías, lo único que hace es alimentar esa derrota.

Matías Gianfelice.

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