La cultura es un derecho humano

La cultura es un derecho humano

31Oct22 0 Por Damián Ravenna

Venimos asistiendo a un ajuste estructural que significa graves violaciones a los derechos humanos, entre ellos al derecho humano a la cultura.

Es en esta sintonía que se debió pelear por la ley que extiende por 50 años los fondos específicos destinados a la industria cultural, de la cual dependían para su financiamiento y el mantenimiento de puestos de trabajo entre otros: El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, el Instituto Nacional de la Música, el Instituto Nacional de Teatro, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares.

A este respecto el mantenimiento de estos fondos se condice con el respeto y fomento de la cultura, como se desprende del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) en su artículo 15 inciso 2 que dice: “Entre las medidas que los Estados parte en el presente pacto deberán adoptar para asegurar el pleno ejercicio de este derecho, figurarán las necesarias para la conservación, el desarrollo y la difusión de la ciencia y de la cultura”.

Ahora bien, en el Senado de la Nación y de parte de los artistas reconocidos o famosos se sostuvo discursos rimbombantes sobre la cultura como parte del ser humano y como un derecho, como sí por el sólo fomento de la industria cultural este derecho estuviera cumplido.

En este sentido el mismo artículo 15 del PIDESC nos ilumina al respecto al reconocer “el derecho de toda persona a participar de la vida cultural” lo que significa que el acceso a la cultura es parte fundamental del ejercicio de este derecho humano.

En este mismo sentido la UNESCO nos amplia en su recomendación relativa a la participación y la contribución de las masas populares en la vida cultural cuando nos dice: “La cultura no se limita al acceso a las obras de arte y a las humanidades sino que es a la vez adquisición de conocimientos, exigencia de un modo de vida, necesidad de comunicación”.

Sumando a ello nos dice: “Observando que la acción cultural no suele afectar sino a una intima parte de la población y que además las organizaciones existentes y los medios utilizados no siempre corresponden a las exigencias de la situación de quienes resultan especialmente vulnerables debido a una instrucción insuficiente, un bajo nivel de vida, un hábitat mediocre y en general una dependencia económica y social, (…)” 

Es así que desde una perspectiva de los derechos humanos, el derecho a la cultura tiene para su efectivo cumplimiento dos dimensiones: la de acceder y gozar (papel pasivo) y la de tomar parte, crear y contribuir (papel activo). Dicho esto, que es una dimensión individual de la cultura como un derecho, está también en los derechos humanos fruto de la ciencia antropológica una comprensión colectiva de la cultura  como un sistema de valores y símbolos, una serie de prácticas que un grupo cultural determinado reproduce a lo largo del tiempo y que proporciona a sus miembros significados necesarios para el comportamiento y las relaciones sociales.

Entonces el derecho humano a la cultura es tanto un derecho individual como colectivo, que requiere para su cumplimiento de acceso, de fomento y respeto por parte del Estado. La extensión de los fondos para la cultura es sólo para la industria de la cultura, es decir para un sector que mayoritariamente reproduce la cultura de nuestras clases dominantes.

Pensemos en la agenda cultural desde los territorios, cómo miles de militantes de la cultura elaboran desde el territorio, fomentan la accesibilidad a la cultural y las expresiones artísticas, mayoritariamente sin fondos del Estado, muchos a la gorra consciente, muchos de elles  trabajadores de la cultura sin derechos laborales, elles y no el Estado son los que promueven el derecho humano a la cultura para las clases subalternas.

Los fondos para la industria de la cultura, si bien necesarios, no podemos dejar de decirlo, sirven para irradiar sobre todo el tejido social la ideología de nuestras clases dominantes, como ejemplo de ello la película argentina 1985 nos muestra la historia contada por los opresores, con la teoría de los dos demonios como núcleo y sin la presencia necesaria de las victimas-oprimidos.

Al igual que los derechos humanos y la memoria, el derecho a la cultura es mucho más de lo que nos dicen y enseñan las clases dominantes.

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE            


La cultura es un derecho humano: Versión escrita de la columna radial en el programa Encuentro con las Noticias FM TINKUNACO 107.3 Mhz

Imagen destacada: Ricardo Carpani

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