Cristina y la violencia política. Algunas aclaraciones necesarias

Cristina y la violencia política. Algunas aclaraciones necesarias

18Nov22 0 Por Guillermo Cieza

En su último discurso en el Estadio de La Plata reivindicó el papel de conocer nuestra propia historia nacional para entender el presente. Tiene razón, pero ocurre que la historia no es un chicle que vamos cambiando de forma según nuestras conveniencias políticas coyunturales.


Cuando el 17 de noviembre de 1972, Perón regresó al país fue recibido por nutridas columnas militantes que encarnaron la consigna Luche y Vuelve. La organización politico-militar Montoneros y quienes empezaban a configurarse como su brazo politico juvenil, la Juventud Peronista, fueron los grandes protagonistas de esa movilización. Cristina Fernández, que tenía en ese tiempo, 19 años, no tuvo una militancia comprometida, pero acompañó ese proceso y no puede desconocer esa historia.
Perón regresó al país producto de la desestabilización política del gobierno militar que se sentía incapaz de contener grandes puebladas populares como el Cordobazo, Tucumanazo, Rosariazo, etc., que se combinaban con el accionar de las organizaciones armadas peronistas y no peronistas.

El regreso de Perón tuvo un doble carácter: por un lado fue una conquista popular, y por otro fue parte de una estrategia de apaciguamiento frente a la desestabilización del sistema capitalista. Por aquellos años, el ejercicio de la violencia de los de abajo era un hecho indiscutible, tenía amplias simpatías populares, y era reivindicada por sectores de la izquierda peronista y no peronista como la única respuesta posible a la violencia opresora, cuyos antecedentes se remontaban a los fusilamientos de obreros en la Patagonia, la Semana Trágica y los bombardeos gorilas de junio de 1955, el fusilamiento del Genera Valle, y los del basural de Leon Suarez, etc. Esa reivindicación de la violencia se encuadraba en un contexto latinamericano y de los países del Sur fuertemente impactado por la revolución cubana, la guerra de Vietnam, las revoluciones anticoloniales en Africa y el ejemplo de la vida del Che Guevara.
De Revolución en Paz, sólo hablaba el Partido Radical, que llevó como candidato en 1973 a Ricardo Balbín y que saco el 21, 29% de los votos. Siguiendo con los radicales debe reconocerse que hubo una continuidad histórica entre esa postura y la frase pronunciada en el Juicio a las Juntas, reivindicada por Cristina, sobre “el fin de la muerte como instrumento político”. Está allí el núcleo conceptual de la teoría de los dos demonios. Un invento socialdemócrata, que pone el acento en las formas en que se desarrolla la lucha de clases, y no en su contenido. Y que en la Argentina, tuvo su apogeo durante el primer gobierno radical post-dictadura.
Hablando de lo sucedido en los años posteriores a 1972, ya con Perón como Presidente, más importante que el debate sobre si se debían o no seguir realizando acciones armadas, fue el debate sobre el proyecto politico. Y allí hubo una ruptura de aguas entre quienes seguían apostando a la Patria Socialista y los que reivindicaban la Patria Peronista. En un momento político donde el mayor escenario de lucha de clases se desplazó a las fábricas, Cristina y Néstor fueron parte del sector juvenil peronista minoritario que se quedaron con Perón, con la Patria Peronista, con Isabel Martínez, con los burócratas de la CGT, etc.
En el discurso de ayer la vicepresidenta caracterizó que el atentado contra su persona rompió el pacto democrático de respetar la vida. Esa definición parece abonar la idea de que este pacto compromete exclusivamente a la dirigencia politica partidaria de los partidos grandes. No incluye a los que no son diputados, senadores, o miembros del poder ejecutivo. Según esa afirmación, no se quebró ningún pacto democrático con los 40 asesinados de diciembre de 2001, con el asesinato de Teresa Rodríguez, Anibal Verón, Darío Santillán, Maxi Kosteki, Rafael Nahuel, Santiago Maldonado, Mariano Ferreyra, etc, ni con las miles de víctimas del gatillo fácil. Para la vicepresidenta lo único de gravedad institucional es que los dirigentes políticos de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos se maten entre ellos.
Más allá de estas precisiones, es evidente que el el eventual regreso de la derecha encarnada en sus personajes más oscuros como Macri, Patricia Bullrich y Javier Milei es una desgracia. Esa circunstancia da a cualquier intento de frenarlos alguna legitimidad. Se puede comprender también que una dirigente política acorralada por causas judiciales, la mayoría inventadas, salga al ruedo buscando alianzas variopintas. Pero parece más prudente callar sobre ciertos temas, que hacer abuso de la desmemoria, aportando a la confusión sobre lo que fue nuestra historia nacional.

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