Pasionaria, la militancia de una vida

Pasionaria, la militancia de una vida

18Nov22 0 Por Daniel Campione

La vida de la dirigente comunista española conocida como Pasionaria ha sido tema de varios libros. Aquí comentamos el más reciente y completo.

Mario Amorós

¡No pasarán!: Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria.

Madrid. Akal. 3ª edición. 2021.

607 páginas.

Cualquiera que sea la opinión que se tenga acerca de la trayectoria del Partido Comunista de España –y la del que escribe esto  es más bien crítica- no puede negarse la singular estatura política de Dolores Ibárruri,  quien fuera símbolo viviente de su partido. Y mucho más allá, su apodo Pasionaria se volvió en el mundo entero sinónimo de mujer luchadora, de convicción firme y capaz de sobreponerse a la adversidad.

La dirigente de origen vasco, a través de su carisma y su brillante oratoria, logró convertirse en la voz por excelencia del Frente Popular español apenas arribó a las Cortes, en febrero de 1936. Producido el golpe militar de julio de 1936, pasó a ser el adalid de la resistencia antifascista, con el punto alto que supuso la en principio desesperada pero a la postre exitosa defensa de Madrid.

De origen proletario, temprana militante comunista, austera, combativa, tuvo singular eco a la hora de erigirse en la voz de los obreros y campesinos españoles en lucha contra la amenaza del fascismo local e internacional.

Durante los casi tres años de guerra, su palabra hablada y su escritura estuvieron acordes a los lineamientos partidarios, los que a su vez respondían a los dictados de la Internacional Comunista. Ella siguió la línea de “guerra nacional revolucionaria”, formulación que se contraponía a la perspectiva de los anarquistas y del POUM, partidarios de una revolución proletaria superadora de la alianza antifascista con sectores de la burguesía.

Terminado el conflicto armado y producido el retiro y después la muerte del secretario general José Díaz, Pasionaria fue su reemplazante y líder del Partido Comunista de España desde el penoso exilio. Que en su caso se desplazó entre la Unión Soviética y Francia.

Con la dirección partidaria fuera del país, los comunistas que actuaban en el interior de España eran apresados, torturados y en no pocos casos fusilados. Un número importante se había “echado al monte” y desarrollaba guerrillas contra la dictadura. Dolores seguía entonces como la voz mayor del partido. La emisora radial conocida como La Pirenaica llevaba sus discursos al interior de España, con la palabra de aliento para quienes resistían en condiciones dificilísimas.

La política de los comunistas españoles, “sugestiones” de Stalin mediante, trasmigró de la guerrilla al trabajo entre la clase obrera oprimida por el régimen y aherrojada por sindicatos “verticales”. Ibárruri acompañó ese giro, complementado por posiciones progresivamente menos radicales en el carácter y objetivos de la resistencia antidictatorial.

Su rol de dirección del partido se prolongó hasta 1960. Entonces renunció a la secretaría general a favor de Santiago Carrillo para pasar a la presidencia partidaria, con funciones más representativas y honoríficas que ejecutivas, pero sin dejar el colectivo de conducción.

Ibárruri condujo por épocas, y acompañó en otras, las decisiones de los que resultaban los sectores mayoritarios del comunismo español. Pese a su acendrado vínculo con la Unión Soviética, donde residió por décadas, no dudó en sustentar la condena a la U.R.S.S. por invadir Checoeslovaquia en 1968.

Esa decisión de diferenciarse daba fin para el partido hispano a la predisposición a acompañar sin chistar incluso las peores acciones de la burocracia soviética.

Fue al mismo tiempo la fragua del eurocomunismo, ese proceso de “socialdemocratización” que llevó al abandono de la impugnación al capitalismo y en algún caso, como el italiano, a la desaparición del comunismo como fuerza política.

Detrás de la política de “reconciliación nacional” del PC vino el propiciar una amnistía tanto para vencedores como para vencidos. Y de allí se fue a la aceptación de la bandera de los enemigos de 1936 y al reconocimiento de la monarquía instaurada por obra de Francisco Franco.

Pasionaria no se opuso a ninguno de esos giros, que equivalían a dejar en la estacada, sobre todo en el plano simbólico, a los millares de comunistas españoles que se habían jugado la vida (en muchos casos perdiéndola) por ideales antifascistas y socialistas.

Dolores Ibárruri murió en noviembre de 1989, en medio de la “caída del Muro” y del final de la configuración histórica en la que se había desenvuelto su recorrido vital y político.   

Un documentado homenaje.

Mario Amorós sigue el itinerario de la biografiada sobre todo a través de sus discursos y sus artículos periodísticos. En general no se detiene en el análisis de éstos ni emite juicios de valor. Parece interesarle más bien seguir el camino de Pasionaria en los sucesivos momentos, “dándole la palabra” a ella misma.

Las intervenciones de Ibárruri, al ser escasamente comentadas, quedan a modo de testimonio directo de una carrera política que estuvo marcada por un rápido ascenso a los primeros planos y su apogeo durante la guerra civil. Luego vino el arduo camino de la derrota y el exilio, portando “la voz” del antifranquismo.

Se echa en falta un examen más fundamentado de las distintas disidencias que surcaron al PCE, en las que Dolores se mantuvo inconmovible del lado de las mayorías. Sólo la protagonizada por Fernando Claudín y Jorge Semprún merece un tratamiento más amplio.

Sin hacerlo explícito, el libro parece constituirse en un homenaje a Ibárruri. Por cierto que documentado, entre otros elementos, con un concienzudo recorrido por la colección de Mundo Obrero y otros periódicos. Surcado asimismo por información inédita proveniente de diversos archivos, que incluyen el propio de la biografiada, atesorado hoy por su nieta.

Un trabajo ajeno a la adjetivación laudatoria y capaz de encararse con momentos oscuros, pero en su conjunto muy favorable a la dirigente biografiada.

Dedica poco espacio a la vida afectiva y familiar del personaje. Sí le asigna peso a un parteaguas gravitante en la vida de la protagonista: La muerte de su hijo Rubén en el frente de Stalingrado. Ella misma se refirió en numerosas oportunidades en sus discursos, reproducidas en el libro, a esa pérdida, para ella una ofrenda suprema a la causa del socialismo.

La lectura de este trabajo proporciona amplia información. Y logra trasmitir un perfil del personaje insertado en la compleja secuencia de largas décadas de comunismo español. La “deuda” que resta es un mayor análisis de las posiciones políticas que desarrolló el partido y la forma en que las procesó Pasionaria.

Como ya hemos escrito, es un trabajo que, sin ser celebratorio, es muy propicio a su figura. Tal vez haya aún lugar para nuevos estudios, más críticos e incluso polémicos. Mientras tanto, es más que pertinente la lectura de la obra de Amorós.

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