Fiambalá: la reconquista del “desierto”

Fiambalá: la reconquista del “desierto”

20Nov22 0 Por Agencia de Noticias Biodiversidadla

El 1 de noviembre fue clausurada la planta piloto de litio de la empresa china Liex Zijin, ubicada en Fiambalá, provincia de Catamarca. Los mecanismos implementados por la corporación asiática, en complicidad con los gobiernos locales, ponen de manifiesto su concepción sobre este territorio y las personas que lo habitan: un desierto a conquistar.

Por Camila Parodi para la agencia de noticias BiodiversidadLA

La política minera implementada en el territorio de Fiambalá durante los últimos meses expone, de manera ostentosa, los daños que provoca la explotación de litio en los territorios y en las comunidades que los habitan. Una especie de laboratorio que adelanta una muestra para nada gratis del impacto de la extracción de este metal. Desde enero, la empresa china Liex Zijin comenzó la construcción y operación del proyecto Tres Quebradas que, inicialmente, había sido propiedad de la empresa canadiense Neo Lithium y que fue adquirido en su totalidad por la compañía asiática a finales de 2021. Una vez aprobado el informe de impacto ambiental por parte del gobierno local, a principios de este año comenzó a desarrollar su proyecto, con una inversión de 380 millones de dólares. Si bien aún se encuentra en etapa de construcción, la mina ya tiene una proyección de producción de 20 mil toneladas de carbonato de litio al año.

Hace dos semanas, la Asamblea Pucará “Pueblos Catamarqueños en Resistencia y Autodeterminación” comunicó que la policía minera de la provincia de Catamarca clausuró la planta piloto de litio de Liex Zijin. Si bien las razones no se han conocido de manera oficial hasta el momento, y es evidente la existencia de un blindaje mediático sobre este asunto, fuentes locales denunciaron irregularidades en el manejo de residuos químicos y en el seguimiento de las normas de seguridad e higiene (siendo que se trata de una planta que manipula agentes químicos de alta peligrosidad), así como la inexistencia de una enfermería, un requisito indispensable para la habilitación y funcionamiento de una planta de este tipo. 

A su vez, tras sistematizar las demandas, explicaron desde la Asamblea que “la empresa china viene siendo denunciada hace meses por las condiciones de explotación y precariedad de sus trabajadores y las irregularidades en materia de seguridad”. Asimismo, denunciaron que esta clausura se da en un contexto en que las y los habitantes de Fiambalá sufrieron intoxicaciones, con síntomas como fiebre, vómitos y dolores musculares, presumiblemente a causa de la ingesta de agua contaminada.

Con menos de un año en el territorio, el deterioro desatado por Liex Zijin en Fiambalá es evidente, tanto a nivel ambiental como en lo que respecta al tejido social. Mientras, los gobiernos locales aseguran que la llegada de proyectos como el de Tres Quebradas garantizan el progreso para la región, ya que se instalan en territorios que, para ellos, son “desiertos”. Las poblaciones que los habitan se encuentran atravesando una situación muy compleja, ya que la contaminación del agua es un hecho y el riesgo para su salud es inminente. A su vez, quienes continúan con sus trabajos en la producción de vid, agricultura y ganadería, evidencian la falta de agua y la salinización del suelo, mientras que aquellos que decidieron trabajar para la mina denuncian una situación laboral precaria. 

Aquí se plantea un recorrido por Fiambalá que, lejos de ser una zona deshabitada, cuenta con una historia milenaria de pueblos que vivieron en armonía con sus territorios. Allí, junto a las investigadoras y educadoras populares de Bienaventurados los Pobres (Be. Pe.), Rosa Aráoz y Patricia Agosto, BiodiversidadLA indagó en el funcionamiento del proyecto Tres Quebradas, que hoy funciona como ejemplo vivo para comprender las lógicas extractivistas de saqueo y sacrificio de los bienes comunes del Sur Global, que se implementan de manera interrumpida desde la conquista europea.

Foto: Julio Carrizo
Historias del Abaucán

Uno de los discursos que sostiene la explotación de litio en los salares altoandinos se basa en la construcción social de que estos territorios son “desiertos”. “El progreso, la sociedad y las instituciones”, llegan, supuestamente, con los proyectos de inversión minera. Este discurso no es del todo mentiroso; ciertamente, se trata de territorios abandonados por gran parte de los gobiernos democráticos, que subestimaron tanto las economías regionales que allí se desarrollan como las expresiones culturales y sus cosmologías ancestrales. Pero deshabitados no; por el contrario, acumulan la historia de muchas generaciones.

Al respecto, la educadora popular e integrante del Equipo de Investigación de Be. Pe., Rosa Aráoz, explicó que los pueblos precolombinos plasmaron en sus espacios de vida su cosmovisión, según la cual “lejos de considerarse los ‘dueños o propietarios’ de las tierras que habitan, se saben sus hijos e hijas”. Los pueblos que habitaron la zona de Fiambalá no son ajenos a esa concepción.

Desde el año 1000, aproximadamente, el territorio de Fiambalá es habitado por los Abaucanes y los Watungasta, poblaciones que ocupan los valles y serranías que comprenden el valle de Chauschuil y el bolsón de Fiambalá. Aráoz relató que, según investigaciones arqueológicas, se evidencia que los asentamientos fueron originados en torno a las confluencias del río Abaucán y sus principales afluentes. A su vez, explicó que allí “desarrollaron sus modos de organización social, como parte de la Nación Diaguita. Reconocían a sus ancestros y espíritus presentes en los ríos, los cerros, los vientos, la tierra”.

Aráoz afirmó que estas comunidades “contaron con una importante y diversa base económica de sustentación de la vida, principalmente agrícola, con cultivos de maíz, zapallos, porotos y maní; y el aprovechamiento de frutos silvestres como algarroba, chañar y mistol”. A esto se suma “el manejo de camélidos andinos y el desarrollo de actividades cerámicas, textiles y metalúrgicas”. Por lo tanto, para la educadora es posible concebir a esta territorialidad como “sustentable, fecunda y saludable”.

Foto: Julio Carrizo

Sin embargo, la territorialidad y las relaciones que allí se tejieron empezaron a desmoronarse con la conquista europea. Aráoz refirió que para los invasores, “inspirados en la visión colonial (revestida de una falsa espiritualidad cristiana), la tierra es un ‘recurso’, reservorio de ‘materias primas’, mercancía a ser conquistada y poseída”. Por este motivo, explicó que “la ocupación hispánica implicó una radical transformación del espacio socioproductivo local: la base productiva dejó de estar orientada a sostener la reproducción de la vida de las poblaciones locales, sino a abastecer centros de consumo y de explotación territorial para poner en marcha el sistema de acumulación capitalista, a través del extractivismo de bienes y energías”. 

La historia que continuó es la que se replicó en cada rincón de América Latina y el Caribe: los territorios y sus poblaciones se convirtieron en proveedores de energía humana, vegetal y animal. La educadora desarrolló que, más adelante, durante los siglos XVIII y XIX, “el Bolsón de Fiambalá fue económica y ecológicamente asfixiado por la imposición del monocultivo de la vid. Luego, en 1911, con la extensión del ramal ferroviario hasta Tinogasta, se profundizó la devastación de los bosques nativos para el soporte de las vías y el combustible de las máquinas”. Un “progreso” que, según Aráoz, significó “además de la desertificación y el empobrecimiento económico y ecológico, la imposición en los territorios de lógicas individualistas, racistas y machistas”.

Fiambalá: el pasado llegó

El megaproyecto de explotación de litio Tres Quebradas, ahora implementado por Liex Zijin, se instaló en el año 2017. Hoy funciona como ejemplo de la continuidad de las políticas extractivistas iniciadas tras el proceso de colonización de dicho territorio: proyectos de monocultivo, desmonte y minería se articulan a lo largo de su historia como parte de un mismo entramado colonial. Incluso el traspaso a Zijin agrega un elemento de oscuridad al proceso ya que, hasta el momento, son desconocidos los mecanismos y formas de explotación minera que podría implementar una empresa china en este territorio.

Tres Quebradas se propone como un proyecto de gran magnitud: incluye once propiedades mineras distribuidas en más de 30 mil hectáreas y pretende extraer 20 mil toneladas de carbonato de litio al año. Sin embargo, lejos de ser un “desierto”, el territorio ocupado forma parte del sitio de lagunas altoandinas y puneñas de Catamarca, reconocido bajo el Convenio de Ramsar, el cual tiene por objetivo asegurar la conservación de los humedales por los poderes locales y nacionales, así como por la cooperación internacional, en pos del desarrollo mundial sostenible.

Al respecto, la investigadora Patricia Agosto explicó que, además de albergar una rica biodiversidad, “estas lagunas tienen un rol en el equilibrio ecosistémico global, ya que regulan la temperatura del planeta”. Tanto las lagunas altoandinas como sus salares son humedales de altura que garantizan el equilibrio ambiental, ya que funcionan como reservorios de agua. A su vez, al igual que los océanos y bosques, absorben el dióxido de carbono de la atmósfera y reducen su presencia en el aire, así como también propician la conservación de los glaciares. Además de todas esas funciones, esta zona constituye uno de los siete lugares del mundo donde se protegen los flamencos andinos.

Argentina tiene 23 sitios Ramsar y todos se encuentran en peligro. Como explicaron en su comunicado desde la Asamblea Pucará, la aprobación de la Ley de Humedales “podría disponer alguna protección a estas áreas naturales amenazadas por la minería de litio que, como otros extractivismos, consume y contamina el agua e impacta en el paisaje y en los ecosistemas que ya de por sí son muy sensibles, debido a las condiciones climáticas extremas”.

La Ley de Humedales es una propuesta de legislación nacional para la regulación, protección y conservación de los humedales. El pasado jueves 10 de noviembre obtuvo dictamen luego de años de ser rechazada por los gobernadores del norte del país, que están relacionados con el lobby de las empresas mineras y el agronegocio.

Foto: Julio Carrizo

Además de los impactos irreversibles en ecosistemas frágiles y complejos, el proyecto Tres Quebradas también afecta tanto a las actividades económicas como a la vida cotidiana de las poblaciones campesinas e indígenas que habitan Fiambalá y sus alrededores. Por lo dicho previamente, este territorio se fue convirtiendo en un ambiente desértico, rodeado por dunas de gran altura y a más de 1600 metros sobre el nivel del mar, de forma que los ríos Chauschil y Abaucán ocupan un lugar central en el sostenimiento de la vida. 

En ese marco, desarrollaron las investigadoras que “la salinización de los suelos y el agotamiento de fuentes de agua dulce por el excesivo consumo de agua que requiere el proceso de evaporación de las salmueras -necesario para obtener el litio en una actividad que se define como minería del agua- son dramáticas afectaciones en el suelo, aire, agua y clima, incompatibles con los modos de vida campesinos e indígenas, que necesitan el agua para sostener sus producciones y reproducir sus vidas”. 

A su vez, la particularidad de que este proyecto sea implementado por una empresa china despierta nuevas inquietudes. Durante los últimos meses, desde su instalación en el Bolsón de Fiambalá, explicaron las investigadoras, los cambios sociales y políticos también son visibles: cooptación de medios de comunicación y de algunos sectores del ámbito académico; freno a la expresión de voces opositoras, al convocar para trabajar en la empresa a familiares de militantes antimineros; injerencia política, ya que la empresa participa en instancias que son propias del poder político.

En menos de un año, la empresa china no sólo explota litio en la zona de Tres Quebradas, también hace parte de la vida cotidiana de la ciudad, a través de la presencia de elementos de la cultura china en diferentes instituciones y espacios públicos, participando de las actividades deportivas, organizando torneos de fútbol para las infancias y realizando festejos para la comunidad. A su vez, se han creado espacios y talleres para la enseñanza del idioma chino. Ciertamente, el panorama es incierto y los tiempos son muy veloces. Por eso, hablar hoy de las paradojas de la transición energética es urgente.

Este artículo forma parte de una serie de notas sobre los efectos de la minería de litio en el norte de Argentina. Te invitamos a leer las entregas anteriores:  Litio para principiantes y  Catamarca minera: un modelo para desarmar“.

Esta serie fue realizada con el apoyo de la Fundación Heks.

Por  Camila Parodi para agencia de noticias BiodiversidadLA –  camilaparodi04@gmail.com

Agencia de Noticias BiodiversidadLA –   www.biodiversidadla.org

Imagen destacada; Julio Carrizo

Fuente original: https://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/Fiambala-la-reconquista-del-desierto

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