La penúltima muerte de Hebe

La penúltima muerte de Hebe

21Nov22 0 Por Alfredo Grande

“Cuando lo imposible sucede, no es la revolución. Pero es lo revolucionario. Hebe es lo revolucionario que supimos conseguir” (aforismo implicado AG)

“pobre de la tierra que no tiene héroes. No, infeliz de la tierra que necesita héroes”.  Este dialogo que recuerdo de una de las obras de Bertolt Brecht, se me actualizó al enterarme de la muerte de Hebe de Bonafini. La tierra, nuestra tierra, necesitó a Hebe. Necesitó a la heroína que desafiara a los dioses de la muerte. En su doble dimensión de luchadora incansable y como símbolo de la resistencia al fascismo que encarnaron las Madres de Plaza de Mayo. Podría referirme a esa doble dimensión, porque creo tener elementos para hacerlo. Sin embargo, apenas puedo en este momento intentar poner en superficie mi implicación con Hebe. Ante todo, soy reacio a toda idealización. Pienso que la idealización mata al ideal. El ideal es una aspiración, un anhelo, una meta, una admiración, un amor, dirigido hacia una persona o hacia una idea. Un abanico que abarca desde lo individual hasta lo colectivo. “El tigre de los llanos, el padre de la patria, el padre de la democracia, el primer trabajador, el guerrillero heroico, el padre del aula, la jefa espiritual, el restaurador de las leyes” y muchas otras idealizaciones, a mi criterio son un lastre de plomo para el idealizado. Porque siendo todos y todas ejemplos a seguir, a emular, a respetar, la idealización los convierten en mandatos de culto refractarios a toda forma de pensamiento crítico. La idealización de los padres siempre fue en detrimento de la alegría de los hijos.

La conocí a Hebe en 1999.  Y digo a Hebe y no a las Madres, a las cuales, desde alguna de las organizaciones de las izquierdas, las había acompañado en las marchas de la resistencia, incluso cuando había mas ausencias que presencias. En el que fuera el café literario Osvaldo Bayer, nos empezamos a reunir convocados por Vicente Zito Lema, para darle forma terrenal al sueño de una universidad de lucha y resistencia. Finalmente, en el 2000, de fundó la Universidad y toqué un pedazo de cielo con las manos al estar en el cuerpo de coordinadores y profesores. Pero no solamente. También de mis interminables charlas con Juanita, Porota y Hebe.  Siempre me entusiasmó el humor de las Madres. Y digo el buen humor, sorprendente al menos para mí, en mujeres que tanto habían, y seguían sufriendo.  Quizá justamente por eso logramos una relación de empatía, de amorosidad, que todavía extraño. Era mi lugar en el mundo. Recuerdo que en el acto inaugural de la Universidad Popular pensé: “milité toda la vida para estar es este lugar” Cuando su hija Alejandra se fue a Cuba, lo hizo con un certificado médico que yo firmé, a pedido de Hebe. Cuando el periodista Horacio Verbitsky escribió un articulo condenatorio de las posiciones de la Universidad en relación con el atentado a las Torres Gemelas, al cual tituló “La alegría de la muerte”, fue el anticipo de la suspensión del suplemento que el diario Pagina 12 publicaba los días viernes sobre la Universidad. Altísimo costo que tuvo que pagar la universidad popular por sostener la libertad de pensamiento. Fueron momentos donde estuve muy unido a Hebe y a las Madres. Cuando se produjo la separación con la línea fundadora, a pesar de que nunca estuve de acuerdo con la consigna que recibir la compensación financiera era prostituirse, me quedé con Madres Hebe. A las que en un trabajo denominé “Territorio Fundador”. Pero el diablo metió algo mas que la cola, y en marzo 2003 Vicente Zito Lema deja la dirección académica de la Universidad Popular que junto a Hebe había fundado. El volcán explotó.  Cuatro meses después, en una asamblea de docentes y alumnos, al cual asistieron las Madres con sus pañuelos, tuve una segunda intervención para contestar injurias y luego me retiré, seguido por mas de 30 compañeras y compañeros. Desde ya, la plana mayor se quedó con Hebe, aunque no pocas y pocos fueron cayendo en cuotas. La cola del diablo no es misericordiosa. Yo me fui al contado, y fue uno de los momentos mas dolorosos de mi vida. Nunca mas tuve una charla personal con Hebe. ¿Pero quien me quita lo aprendido?   Ninguna crítica por correcta que sea al devenir que tuvo la organización política Madres de Plaza de Mayo en su mimetización con la política de derechos humanos del kirchnerismo cambia lo fundante: la argentina necesita héroes y heroínas. Y los tuvo. Los tiene y los tendrá. Héroes colectivos como enseñó Oesterheld y colectivo de héroes. Que son aquellos que cambian el horizonte de lo posible y no esperan correlación de fuerzas, sino que hacen mucha fuerza para cambiar la correlación.

Eso son las Madres de Plaza de Mayo, todas ellas. Esta es la penúltima muerte de Hebe. La última solo será posible si la olvidamos. Pero la cola del diablo no es tan larga. No la olvidaremos. Para la cual no es necesario idealizarla.  Porque sabemos que nuestros ideales están cuidados hasta la victoria siempre.

Alfredo Grande

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