Dólar Soja II: un gobierno de rodillas compra tiempo

Dólar Soja II: un gobierno de rodillas compra tiempo

30Nov22 0 Por Mariano Féliz

Bajo presión, el gobierno vuelve a ceder frente al poder del gran capital. Bajo presión, pero por errores propios y rumbo estratégico elegido, el gobierno sigue haciendo esperar a los sectores populares. La maratón hacia las elecciones 2023 ya comenzó, y el gobierno de les Fernández busca construir un puente de plata que le permita llegar sin sobresaltos y -quien sabe- ganar la elección. El problema es que el puente no es de plata sino de naipes.

Se anunció el plan Dólar Soja II. Nuevamente los grandes exportadores del complejo sojero recibirán un dólar de privilegio, más caro, por exportar sus reservas acumuladas. Ahora les toca un nuevo beneficio, indexado por inflación: 230 pesos por cada dólar de exportaciones declaradas, cuando el dólar oficial mayorista está en torno a los 165 pesos. Como ya explicamos, el gobierno nacional recibirá el plus de mayores retenciones a las exportaciones, mejorando el balance fiscal (sonríe el FMI). Sin embargo, al mismo tiempo, el Banco Central acumulará una pérdida multimillonaria por comprar dólares a 230 pesos que luego venderá a 165 a los importadores. El peor negocio del mundo, excepto para exportadores e importadores (que muchas veces son los mismos). A la vez, los pesos emitidos por el Banco Central para comprar esa millonada de dólares de exportación serán re-absorbidos, al menos parcialmente, emitiendo LELIQ, esos títulos de deuda que sólo pueden comprar los bancos. El gobierno sigue alimentando al negocio financiero, pero no al pueblo.

Según del DNU 787/22, a diferencia de la versión I, ahora parte del dinero incremental recaudado por el Dólar Soja II se dirigirá a financiar un número indeterminado de programas para promover las “economías regionales”. Ni siquiera aportará recursos para apoyar transferencias indispensable para los sectores populares más necesitados. Ni las migajas llegan al pueblo esta vez.

La extorsión de las grandes corporaciones exportadoras es la contracara de la decisión del gobierno de sostener a rajatabla un acuerdo con el FMI que ya está teniendo enormes costos sociales, y sólo pasaron unos meses desde su firma. El gasto público (salarios, jubilaciones, programas sociales, transferencias a las provincias) está cayendo a un ritmo acelerado frente a la inflación. Mal que les pese a los oficialistas, ni Guzmán se atrevió a tanto. La decisión del Ministro Massa es cumplir si o si, con el sudor y la sangre de les argentines; y en el Frente de Todxs (Fdt) ya nadie lo cuestiona.

Mientras tanto el gobierno apuesta todos sus cañones pre-electrorales al éxito del plan Precios Justos. Ahora sumó a las petroleras que se comprometen a limitar los aumentos en los precios de los combustibles. Claro, que lo hacen en un momento en que el precio internacional del petróleo se desploma, pero la nafta no se abarata en Argentina. Por supuesto, tampoco es una concesión gratuita de las petroleras: el gobierno les garantiza acceso a dólares oficiales baratos para seguir avanzando en los proyectos vinculados a Vaca Muerta, el saqueo del litio y otras iniciativas extractivistas.

Nubarrones se aproximan. La economía se desacelera frente al aumento de las tasas de interés (que encarece el crédito productivo y de consumo), y la ausencia de dólares (que limita importaciones de insumos esenciales). Para sumar al panorama, el mundo en guerra y con tensiones geopolíticas en ascenso, parece también encaminarse a una fuerte desaceleración. Si con la economía creciendo, los salarios no aumentan y el empleo se precariza, ¿qué puede esperarse de una nueva recesión y atados de manos frente FMI?

Más dudas arrecian. ¿Cuál será el impacto de la sequía sobre la oferta de dólares en los próximos meses? ¿Podrá el gobierno seguir manejando el precio del dólar cuando una multitud de agentes financieros dolarizan sus inversiones en el contexto pre-electoral? ¿Cómo lograrán que en la próxima cosecha los sojeros y otros agroexportadores efectivamente vendan algo sin un “endulzante” (es decir, algún incentivo como el Dólar Soja III)?

El frente interno del gobierno nacional está cerrado en términos estratégicos. Nadie sacará los pies del plato. Todos apuestan a ajustarse los cinturones y rezarle a varios santos y santas para que el programa acordado con el Fondo resista social, económica y políticamente. Pero todo está atado con alambre. En este contexto, la idea en el FdT de la “unidad (de ajustadores y críticos) hasta que duela” con tal de ganarle a JxC, corre el riesgo de entregar en bandeja al macrismo un pueblo exhausto, incrédulo y desorganizado.

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