El ídolo redimido

El ídolo redimido

15Dic22 0 Por Matías Gianfelice

A cuatro días de la final del mundo contra Francia, esta versión de Messi ya ganó un duelo clave en el sentimiento futbolero y popular de la Argentina.

Este domingo es 18 de diciembre y la tarde nos va a encontrar a millones llorando, aun no sabemos si de alegría o de bronca. Pero sin dudas emocionadxs. Pero en el país del supuesto resultadismo (recordemos que el periodismo deportivo de los 80/90 instaló la idea de que lo único que nos importa es ganar) me animo a afirmar que pase lo que pase en la final, hay un triunfo asegurado. Y es individual y colectivo a la vez. Messi construyó su liberación.

El mundo del fútbol en general y el argentino en particular, necesita de mitos y héroes constantes, que pueden y tiene virtudes diferentes, pero que algo no deben obviar: sobreponerse a la adversidad. El mito generacional del futbolero promedio en nuestro país supo ser la selección del 86 (véase que no digo Diego, que merecería otro análisis infinito en si mismo), la cual de su propio andar errático, de las críticas y de las peleas, hizo el fuego que le permitió ser mito. Esos héroes fueron aun más porque dieron vuelta todo aquello que les pesaba. Si nos vamos a los clubes e ídolos de cada camiseta muchas historias similares vamos a encontrar.

Pero volvamos a Messi. Lio es para una parte enorme del mundo del fútbol el mejor del mundo, no solo en estas décadas sino en toda la historia. Es una discusión emocional, difícil y ridículamente subjetiva que prefiero evitar. Ganó todo lo que se puede ganar, y encima lo ganó más veces que nadie. Hay una tabla que lo resume: todos los récords antes de Messi se repartían en muchos jugadores a lo largo de la historia y ahora son casi todos de él. Desde Barcelona y con su zurda, hizo del fútbol el arte más increíble y multitudinario del siglo XXI. Federer, Kobe Bryant, las Leonas, y cuanta estrella mundial haya brillado en este siglo a nivel mundial, lo ve a Messi y se pone en modo fan. Leo es indiscutido en el mundo, Inigualable. El mejor de todos, la leyenda que sigue dando cátedra. Pero acá no. Para gran parte del periodismo y del público futbolero argento Messi fue durante años, una sombra, un fastidio, una mueca de decepción (vaya uno a saber de qué), un grito de rabia e impotencia.

Pero hay algo que el propio Messi empezó a gestar incluso en una nueva derrota.

3 de julio de 2019. Brasil elimina a la Argentina en las semifinales de la Copa América con un arbitraje entre malo y bochornoso. A la postre la Brasil del derechista Neymar festejará la Copa en su propia tierra con el sonriente y fascista presidente Bolsonaro. Pero Messi está en la zona mixta donde lo esperan los periodistas, todxs le conocemos ese ritmo rosarino para hablar, sabemos que se va a comer las “s” pero no esperamos (hablo en primera persona porque era de esos millones desilusionados con el 10; aunque ahora la mayoría tenga amnesia de las bestialidades que supimos decirle) que diga más que dos o tres frases comunes. Abre la boca y desata una tormenta: “cobraron fules boludos, penales pelotudos”. Unos días después se pelea con el capitán de Chile en el partido del tercer puesto.

Pero un genio como Messi no se redime en los micrófonos ni en las patoteadas, lo hace en la cancha. Y dos años después, con pandemia incluída, fue el capitán y la guía para que la selección nacional rompiera una racha que lo excedía (28 años desde la Copa América de 1993) y volviera a gritar campeón.

Desde él y su estrella, con un cuerpo técnico que en silencio supo interpretarlo mejor que nadie (Diego y Sabella incluídos), con un equipo de jugadores/amigos/fanáticos que le puso el cuerpo a este capitán que día a día se fue volviendo el mejor conductor que este barco podía tener.

Así fue edificándose un idilio negado, ese amor no correspondido en masividad y pasionalidad que fue explotando en la previa al mundial. Y digo previa porque un momento clave fue el primer partido contra Arabia y esa derrota inesperada. Y post cachetazo inaugural, Messi volvió a abrir la boca dijo “confíen que este grupo no los va a dejar tirados”. Y fue creíble. Y guío ya no solo a veintipico, sino a millones que ya habíamos elegido previo al mundial, creerle a él y a su tropa.

Lo que vino después fue goce. Eso que tanto nos niegan como clase. Goce porque lo sufrido y vivido daba paso a una pasión de esas que se viven cuando te reconcilias. A partir de ahí Messi y su Qatar 2022 a los 35 años es para coleccionar. Es para celebrar, Es para gozar aun sin saber que pueda pasar el domingo. La final es cinematográfica: es contra el equipo que nos eliminó en el último mundial, es contra el campeón del mundo vigente, es contra Mbappe y su ego desmedido queriendo ser más que el propio Lio, quien además está cerrando su carrera y encima son compañeros de equipo. Todxs deseamos ganar, por el goce propio pero sin dudas que por verlo gozar y feliz a él. Aun si no pasa, liberado de aquellos momentos turbulentos y esquivos, ya alcanzó el amor de un pueblo por ser un capitán que comanda y aguanta.

Como dijo muchas veces Valdano “El que no quiere a Messi, no quiere al fútbol”

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