2022, encrucijada sin retorno

2022, encrucijada sin retorno

16Dic22 0 Por monica peralta ramos

La economía mundial se encamina hacia una crisis económica, financiera y de deuda inédita

Estamos ante un punto de inflexión… frente a un nuevo orden mundial, y nosotros tenemos que liderarlo”. (Joe Biden, 21-3-2022)

Los días galopan desbocados y un año turbulento llega a su fin mientras la vida cotidiana se empantana en un torbellino de minucias alentadas por un relato oficial que vende espejitos de colores y siembra subrepticiamente desconfianza, miedo y odio. Esto no es casual: cuanto mayor es la incertidumbre, más difícil se vuelve la reflexión sobre las causas de los problemas que nos aquejan y menor es la posibilidad de cambio. La oscuridad, sin embargo, nunca es completa. Lejos de ser un tumulto de episodios inconexos, la realidad inmediata está impregnada por una estructura de relaciones de poder que le da sentido. Esta estructura nunca es estática: cruje al impulso de los conflictos que engendra. En determinadas coyunturas históricas, el rumor de estos movimientos sísmicos sale a la superficie y engendra condiciones para deshilvanar al relato oficial. Esto es lo que ha ocurrido a lo largo de este año que llega a su fin. Estridencias económicas, financieras y geopolíticas empiezan a perforar el presente de los miles y miles de ciudadanos esparcidos por el mundo y contribuyen a desnudar el sentido último de fenómenos globales de enorme trascendencia.

La ruptura catastrófica de cadenas de valor global formadas durante décadas y una crisis energética de índole estructural y magnitud inédita han dado lugar a una inflación global que destruye la seguridad alimentaria y la paz social. En este contexto, el totalitarismo se multiplica con diversos ropajes y la guerra entre potencias nucleares está a la vuelta de la esquina. Todos estos fenómenos no surgieron de la nada, fueron cocinándose a lo largo de décadas. Hoy salen a la intemperie y alimentan una guerra informativa que ya no alcanza para ocultar la impunidad obscena de una estructura de poder embretada en sus propias contradicciones.

Importancia estratégica de la guerra en Ucrania

Desde fines de la década del ‘60 del siglo pasado el desarrollo tecnológico se transformó en el eje de expansión de un capitalismo global monopólico que buscó maximizar ganancias en todos los aspectos de la vida social. La expansión de las corporaciones norteamericanas integró así a la economía y a las finanzas mundiales a un nivel inédito en la historia de la humanidad, mientras un estado de guerra permanente aseguraba energía barata sembrando destrucción y países inviables en las regiones con mayor concentración de recursos estratégicos no renovables. Hoy esta estrategia ha dado paso a una guerra caliente en el continente europeo, principal aliado norteamericano, y su objetivo es preservar la hegemonía mundial de los Estados Unidos.

La guerra en Ucrania trasciende pues a los intereses de los países directamente involucrados y constituye la primera fase de un enfrentamiento que tiene por objetivo último impedir el avance de China, el “único competidor que tiene la intención y la creciente capacidad de rediseñar el orden internacional” [1]. Así, una larga guerra en Ucrania busca aislar a Rusia y desangrarla mientras se cierra el cerco a China. De ahí que, desde un inicio, el gobierno norteamericano dejó en claro que esta guerra concierne directamente “a Occidente… y es mayor que Rusia y mayor que Ucrania” [2]. Al mismo tiempo saboteó el primer intento de negociación porque “aunque Ucrania esté lista para negociar, Occidente no lo está… y con Putin no se negocia… se lo presiona” [3]. La reciente decisión de mantener las sanciones económicas contra Rusia más allá de cualquier negociación posible [4] y la decisión de abrir un comando permanente de las fuerzas armadas norteamericanas en Alemania y otro en Polonia “para llevar a cabo una larga misión” en la propia frontera rusa [5] muestran que el objetivo es prolongar la guerra. Mientras tanto, Rusia continúa consolidando su avance militar en Ucrania y ex oficiales de las fuerzas armadas, de los servicios de inteligencia [6] y de la diplomacia norteamericana [7] empiezan a cuestionar los objetivos de la política de su propio país.

Esta guerra tiene además otra arista fundamental: la captura de la economía europea, y especialmente la de su dínamo: Alemania. Las sanciones económicas contra Rusia y la destrucción terrorista de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 lograron poner fin al abastecimiento de gas y petróleo ruso barato, sustituyéndolo por petróleo y gas natural licuado norteamericano, mucho más caro. Esto ha precipitado la crisis energética y la desindustrialización europea. La utilización de subsidios para atraer a las corporaciones alemanas y europeas a la economía norteamericana [8] muestra que la captura de mercados y de capitales es funcional a la reestructuración de su economía. El costo para Europa es, sin embargo, enorme: la desindustrialización y la pobreza energética erosionan el nivel de vida de la población, destruyen la legitimidad de su elite política y abren las compuertas al estallido social [9].

Paralelamente con la guerra en Ucrania el gobierno norteamericano ha intensificado el cerco militar y económico de China, buscando bloquear su desarrollo tecnológico con medidas punitivas que buscan desacoplar a la economía norteamericana de la china. Estos esfuerzos por redireccionar las inversiones y el comercio internacional llevan al fin de la globalización y junto con las sanciones económicas a Rusia contribuyen a la emergencia de un sistema de transacciones financieras y comerciales que opera al margen del dólar y se basa en monedas locales referenciadas en commodities y en el oro. Estas circunstancias brindan a los países periféricos la posibilidad de no alinearse ante las potencias nucleares, y de articular alianzas para concretar políticas autónomas acordes con sus intereses específicos.

Crisis financiera y rol del dólar

La economía mundial se encamina hacia una crisis económica, financiera y de endeudamiento de índole inédita. Las políticas seguidas en los países centrales para capear la crisis financiera del 2008 han profundizado la brecha entre el crecimiento de la deuda y el de la economía real. En estas circunstancias, el desacople de las cadenas de valor global, la crisis energética y la inflación resultante encierran a la Reserva Federal y a los bancos centrales de los países más desarrollados, en una situación sin salida: si suben las tasas de interés y restringen la emisión monetaria para controlar la inflación detonan la implosión del enorme endeudamiento global. Si no hacen nada, la inflación creciente desemboca en la implosión de la economía real. Para evitar esto último, la Reserva ha comenzado a subir las tasas de interés y a restringir la inyección monetaria (QT) y ya hay indicios de crisis de liquidez en distintos mercados, incluyendo el de los bonos del Tesoro norteamericano [10].

Un informe reciente del BIS [11] advierte sobre un aspecto crucial de este problema: un puñado de bancos extranjeros posee hoy 39 billones (trillions) de dólares de deuda en derivados que no figura en sus balances y es 10 veces superior a su capital. Los peligros que se derivan de esta situación se potencian debido a la estrecha vinculación entre estos bancos extranjeros con los cinco bancos norteamericanos que poseen el 84% del total de la deuda norteamericana en derivados. Más aún, este puñado de grandes bancos norteamericanos y extranjeros están contractualmente obligados a participar en las subastas de bonos del Tesoro norteamericano que realiza la Reserva. Son pues parte intrínseca de la aplicación de la política monetaria y un problema de iliquidez en cualquiera de estos bancos afectara inmediatamente a esta política.

Esto ocurre al mismo tiempo que China y otros países tienden a desprenderse de los bonos del tesoro norteamericano que tienen en sus reservas y a sustituirlos por oro. Este flujo de bonos, sumado a la restricción monetaria que impide a la Reserva absorberlos, contribuye a erosionar el valor del dólar como moneda internacional de reserva. La suba de las tasas de interés aprecia al dólar en relación a las otras monedas. Sin embargo, los cambios ocurridos en la geopolítica del petróleo y el gas aumentan la vulnerabilidad del dólar como moneda internacional de reserva. Así, por ejemplo, el interés de Arabia Saudita por participar en los BRICs y en la Organización de Cooperación de Shanghai, su disponibilidad a saldar parte de sus exportaciones de petróleo a China y a otros países en yuanes y otras monedas locales y su creciente asociación comercial y productiva con China [12], hacen temblar los cimientos del petrodólar basado en el compromiso del Presidente Nixon en los ‘70 de garantizar protección militar a Arabia Saudita a cambio de la utilización del dólar en el comercio del petróleo.

Asimismo, las sanciones económicas contra Rusia junto con la rápida pérdida de productividad de los yacimientos de gas y petróleo no convencional norteamericano [13] han contribuido a otorgar a Rusia y a los países productores de petróleo (OPEP) creciente poder en la determinación de los precios de la energía. Por otra parte, la vinculación del precio del petróleo ruso con el oro fortalece la posibilidad de establecer un circuito comercial y financiero al margen del dólar, al tiempo que hace posible un aumento del precio del oro-metal que arriesga con detonar una crisis de liquidez de los grandes bancos que operan en el mercado del oro-papel [14].

Crisis del dólar y dólar digital

El avance de la alta tecnología aplicada a las finanzas y la inminencia de una crisis financiera estimulan una creciente disputa entre bancos, entidades financieras y monopolios tecnológicos por el control de la emisión del dinero y de la renta financiera [15]. Esto ha llevado al BIS a promover la sustitución del dinero en efectivo por dinero digital emitido por los Bancos Centrales [16]. Acorde con ello, la Reserva Federal estudia desde hace tiempo la posibilidad de emitir un dólar digital (CBDC) que con tecnología de avanzada le permitirá sustituir al dólar papel y controlar rápidamente la circulación y el destino de las operaciones en dólares en cualquier parte del mundo. Esto significa mayor control del puñado de poderosos bancos privados que constituyen a la Reserva Federal sobre el resto de los actores financieros y potencian un sinnúmero de conflictos entre distintos tipos de bancos, entidades financieras y monopolios tecnológicos que emiten criptomonedas referenciadas al dólar. Sin embargo, la inminencia de la crisis financiera ha acortado los tiempos de las decisiones y hace pocos días la Reserva Federal de Nueva York lanzó un programa para testear la capacidad de realizar operaciones entre distintos actores financieros en una plataforma digital que opera en dólares [17]. El proyecto durará 12 semanas, y se espera que culmine con la emisión de un CBDC. De ocurrir esto último, tendrá múltiples consecuencias, entre ellas un mayor control de la Reserva sobre la política monetaria de los países de la periferia endeudados en dólares.

Argentina: hagámonos cargo

Esta semana ocurrió un hecho histórico: la proscripción política de la líder indiscutible del partido peronista, en un gobierno peronista, y a partir de una sentencia en una causa inventada por funcionarios judiciales abiertamente ligados a las corporaciones y a los medios concentrados e involucrados personalmente en falsear evidencia para ocultar su vinculación en recientes operaciones ilícitas. Así, los “sótanos de la democracia” a los que el Presidente Alberto Fernández prometió combatir al inicio de su gestión aparecieron en la TV operando a plena luz del día para impedir que la Vicepresidenta de la Nación dispute cargos en las próximas elecciones.

Desde un inicio, el Presidente olvidó las promesas electorales, tendió puentes directos con la mafia judicial y corporativa, legitimó una deuda odiosa y se ató de pies y manos a un FMI que utiliza abiertamente a esta deuda para reproducir al endeudamiento ilimitado e imponer un brutal ajuste fiscal. Este último perjudica especialmente a los sectores más vulnerables, dolariza a la economía del país y crea condiciones políticas para bloquear un eventual triunfo electoral del peronismo, asegurando así la “estabilidad jurídica y política” que permitirá explotar los recursos naturales de importancia estratégica que el país tiene y que, según el embajador norteamericano, el mundo necesita con urgencia.

Así, la proscripción política de la Vicepresidenta no es solo consecuencia del lawfare. Es también el resultado del acuerdo con el FMI y de una política económica que, en sus distintas variantes, ha sido y sigue siendo funcional a los intereses de los monopolios. Hoy no hay lugar para malabarismos que permitan “equilibrar las finanzas” y controlar la inflación para llegar a las elecciones. Estas definiciones sirven para ocultar la brutal transferencia de ingresos desde los sectores populares a los que concentran el poder económico, y las peleas dentro de estos últimos por apropiarse de una mayor tajada de la renta, del excedente económico y de los ingresos de la población. Estas circunstancias explican la impunidad obscena de las hordas macristas reivindicando la violencia, defendiendo a la república en abiertas connivencia con la mafia judicial, mediática y corporativa, y negándose a repudiar el intento de asesinato de la Vicepresidenta. Así crean y difunden un mundo al revés, kafkiano y perverso, que siembra el odio y el miedo y reproduce las condiciones necesarias para confundir a la población e impedir la vuelta del “populismo” y la posibilidad de un cambio social.

En este contexto, la renuncia de la Vicepresidenta a presentarse en las próximas elecciones equivale a la apertura de una ventana por la que entre el aire fresco. Lejos de desaparecer políticamente, su renuncia a los cargos ilumina un espacio que trasciende al juego electoral e involucra al futuro del peronismo en un país y en una coyuntura internacional totalmente nuevas. Los acontecimientos que vivimos apelan a la reflexión, a la elaboración de un plan de acción que trasciende a las elecciones y a la participación y movilización ciudadana tras metas concretas destinadas a superar los fenómenos que hoy reproducen la miseria, el endeudamiento y la pérdida de soberanía. Hoy no hay lugar para la rosca política, el clientelismo y la pelea por la repartija de cargos y recursos. La dirigencia política y los intelectuales tenemos que “hacernos cargo” de la gravedad del momento que vivimos y de la oportunidad que brinda la actual coyuntura internacional para cambiar las relaciones de poder que impiden concretar un desarrollo soberano e inclusivo.

Fuente – El cohete y la luna

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