El fútbol y el orden del universo

El fútbol y el orden del universo

17Dic22 0 Por Miguel Mazzeo

Más allá del acontecer superficial, debemos hacer el esfuerzo intelectual y afectivo de
leer las formaciones subterráneas.

Respecto del trajinar del seleccionado argentino de fútbol en el Mundial, algunas
posiciones relativamente piadosas (frente a otras de signo opuesto, por ejemplo: el
racionalismo ultra-liberal de La Nación) han reivindicado la predisposición popular de
gozar con “nimiedades”, con cosas “efímeras”. En forma paralela se han encargado de
señalar que, haga lo que haga el seleccionado argentino, no se alterará ni un ápice el
orden del universo. Aclaran, con garbo antropológico, que esa impotencia histórica de
ningún modo atenta contra la sensación de plenitud que puede generar el hecho de ganar
un partido, un campeonato. En fin, reconocen, con mucha razón, que nadie debería
arrogarse el derecho de administrar nuestro éxtasis e imponernos unos manantiales
predeterminados. A pesar del aparente “progresismo” que destilan, estos puntos de vista
ocultan una pedagogía paternalista y soberbia que se expresa en el gesto de concederle
“generosamente” al pueblo el derecho a algunas alienaciones (casi nunca usan esa
palabra) de efectos gratificantes en lo inmediato; alienaciones dosificadas, claro.
Pues bien, nos permitimos dudar del carácter “nimio” y “efímero” del goce popular en
torno al asunto futbolístico en cuestión. La idea de una “alienación tolerada” nos parece
espantosa.
Más allá del acontecer superficial, debemos hacer el esfuerzo intelectual y afectivo de
leer las formaciones subterráneas. Al margen de la imagen socialmente cohesiva que se
le atribuye al fútbol, las formas de vivenciar el fútbol tienen innegables connotaciones
de clase (entre otras). Entonces, en el fondo del goce popular (de este goce futbolístico y
de otros goces populares) hay elementos políticamente muy potentes y conmovedores;
si se quiere, elementos “trascendentes”, antítesis de lo alienante.
En primer lugar: un modo de ser con el corazón a flor de piel basado en la confianza en
la vida y capaz de sobreponerse a las peores adversidades. Ese modo de ser siempre
interpeló a las clases dominantes y a otras ideológicamente subsidiarias que la orbitan.
En segundo lugar: la necesidad de crear mitos “eficaces” que encarnen pasiones
colectivas. Nos emociona la capacidad de nuestro pueblo (de todes nosotres) para crear
ese tipo de mitos. Incluso con insumos que, a pesar de ser portadores de destrezas,
magias y ternuras, a veces, distan de ser los ideales.
En tercer lugar: la búsqueda espontánea y siempre creativa de circunstancias culturales
y/o festivas que permitan sentir al unísono.
Por cierto, ahí tenemos tres elementos imprescindibles para alterar el orden del
universo. El fútbol, cada tanto, lo pone en evidencia.

Miguel Mazzeo

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