El dilema radiactivo de Atucha

El dilema radiactivo de Atucha

8Ene23 0 Por Cristian Basualdo

La extensión de vida de Atucha I no le ahorra a la Argentina su decomisionamiento, solo lo posterga.

“Atucha I se la merece”, dijo José Luis Antúnez, presidente de Nucleoeléctrica Argentina, refiriéndose a la extensión de vida de la vieja central nuclear ubicada sobre una barranca del río Paraná, a unos cien kilómetros aguas arriba de la Ciudad de Buenos Aires.

“Es muchísimo más barato extenderle la vida a una nuclear que decomisionarla”, afirmó Antúnez durante el seminario Energía nuclear y trabajo argentino, “si se decreta finalizado su ciclo de vida, hay que pararla y decomisionarla”, a un costo estimado por Antúnez en no menos de 1.400 millones de dólares (MUSD).

El decomisionamiento es un término usado por la industria nuclear para definir el proceso de clausura de una central nuclear, que implica la retirada del combustible nuclear, el desmantelamiento de las instalaciones, y la disposición de los residuos, entre otras tareas.

La propia experiencia de Nucleoeléctrica contradice a Antúnez, porque la extensión de vida de la Central Nuclear Embalse costó 2.149 MUSD, mientras que su decomisionamiento fue estimado por un funcionario de la empresa estatal en 1.800 MUSD.[1]

Atucha I es una “rara avis” en la flota mundial de reactores, tiene una vasija o recipiente de presión, utiliza uranio natural como combustible y agua pesada como refrigerante y moderador. Solo se construyeron tres unidades, en este orden: MZFR (Alemania), y Atucha I y II (Argentina).

Le propongo al lector considerar el decomisionamiento del antepasado de Atucha I: el reactor de investigación polivalente, abreviado MZFR, que funcionó en el Centro de Investigación de Karlsruhe, Alemania. Fue un prototipo de 57 megavatios, construido entre 1961 y 1965, que se empleó para generar electricidad y suministrar calefacción urbana al centro de investigación. Dejó de funcionar en 1984, su decomisionamiento comenzó en 1987 con la idea de finalizarlo en 2006, pero los trabajos se retrasaron y continúan en la actualidad.

Entre 1999 y 2008, se desmanteló la vasija de presión; debido a los altos niveles de radiactividad, solo fue posible a distancia. La tapa de la vasija se desmontó y embaló a distancia. El tanque del moderador se inundó para desmantelar bajo el agua los internos del reactor que estaban fuertemente activados. El agua tiene un efecto de blindaje de la radiactividad, pero las partículas producidas durante el desmantelamiento la contaminan y la convierten en otro residuo a gestionar. El recipiente de presión se desmontó por oxicorte.

Entre 2010 y 2011, se desmanteló el armazón de hormigón en forma de anillo que servía para contener la radiación del reactor. El hormigón estaba contaminado con tritio. Primero se desmontó un revestimiento de acero, para después retirar unas 370 toneladas de hormigón armado activado. El lector puede realizar una visita virtual del interior de la cúpula del reactor MZFR haciendo clic aquí:

El complejo constaba de varios edificios que no podían demolerse así nomás, debido a los radionucleidos escondidos en paredes, suelos y techos. Poco a poco, los edificios que se dejaban de usar fueron desalojados, descontaminados (hay que retirar las capas de pintura y después de hormigón hasta que ya no se detecta radiactividad), y demolidos. El edificio de la pileta de almacenamiento del combustible nuclear gastado fue demolido a principios de 2013. Por último, hay que darle una disposición a la enorme cantidad de basura radiactiva producida.

La extensión de vida de Atucha I no le ahorra a la Argentina su decomisionamiento, solo lo posterga, además, el de Atucha I será más dificultoso que el del MZFR, porque se trata de un reactor de mayor tamaño y potencia, con mas años de operación. La Autoridad Regulatoria Nuclear explicó que el agua pesada se va activando cada vez más con el paso del tiempo, también se van contaminando más los diferentes sistemas y componentes.[2]

Otro aspecto a considerar es que Argentina, a diferencia de Alemania, no guardó dinero para estas tareas. Los funcionarios del átomo nunca se preocuparon por constituir el fondo para la gestión y disposición final de los residuos radiactivos que establece la Ley N.º 25.018, ni el fondo para retiro de servicio de centrales nucleares que establece la Ley N.º 24.804.[3] Recientemente, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) recomendó a la Argentina “la creación de un fondo fiduciario para las actividades de desmantelamiento, gestión de residuos radiactivos y combustible gastado”. El mejor predictor del comportamiento futuro es el comportamiento pasado, los siete sitios donde se realizó minería del uranio que fueron abandonados sin remediar por la Comisión Nacional de Energía Atómica, nos advierten acerca de lo que sucederá con las centrales nucleares argentinas cuando dejen de operar.

Imagen principal: Demolición del edificio de la pileta de almacenamiento del combustible nuclear gastado del reactor MZFR, Alemania. El MZFR es el antepasado de Atucha I. Fuente: Instituto de Tecnología de Karlsruhe.

Referencias:

  1. Un funcionario de Nucleoeléctrica estimó en 1800 MUSD el costo de decomisionar la Central Nuclear Embalse, en un documento que consta en el Expediente del Estudio de Impacto Ambiental del Proyecto Extensión de Vida, Secretaría de Ambiente de la Provincia de Córdoba, Expediente N.º 0517-021445/2016, fs. 12802. La cifra coincide con el costo de decomisionar el reactor Gentily II (Canadá), gemelo de Embalse.
  2. Autoridad Regulatoria Nuclear, Noveno Informe Nacional de Seguridad Nuclear, Anexo II, pg. 17, agosto 2022: https://www.argentina.gob.ar/arn/informe-nacional-de-seguridad-nuclear
  3. Ley N.º 25.018, Artículo 13: “Créase el Fondo para la Gestión y Disposición Final de los Residuos Radiactivos que se constituirá a partir de la promulgación de esta ley y cuyo destino exclusivo será el financiamiento del Programa Nacional de Gestión de Residuos Radiactivos, a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica”. Ley N.º 24.804, Artículo 9: “Todo explotador de una central de generación nucleoeléctrica deberá aportar a un fondo para retiro de servicio de centrales nucleares”.
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