¡Sembrá que va a llover!

¡Sembrá que va a llover!

13Ene23 0 Por Guillermo Cieza

Cambio climático, pronósticos metereológicos amañados y quiebra de productores.


La Argentina está padeciendo la sequía más grande de los últimos años. Según la Mesa Nacional del Monitoreo de Sequías, hay 161 millones de hectáreas afectadas, destinadas a producciones extensivas como son la agricultura y la ganadería.

El cambio climático vino para quedarse, expresándose ahora con la ocurrencia de fenómenos extremos como son grandes inundaciones o prolongadas sequías, olas de calor o de frío, e incendios, nunca antes registrados. Las consecuencias de la sequía ya son visibles con una caída de la producción de trigo del 50% del volumen estimado y con un panorama muy desalentador para la cosecha gruesa: soja, maíz y girasol. Ya hay plantaciones perdidas por falta de agua, se han demorado siembras y muchas de ellas no podrán realizarse porque los suelos no tienen la humedad suficiente. Se estima que, en los sembradíos que sobrevivan, los rindes serán afectados. En ganadería, la sequía ha provocado: mortandad de vacunos, anticipo en las ventas de terneros, disminución en los índices de preñez de las vacas y un exceso de oferta que ha disminuido el valor de la carne, que durante 2022 subió aproximadamente la mitad de la inflación. Sin embargo, los quebrantos serán mucho mayores en la agricultura porque esta actividad, que está fuertemente inserta en el modelo agrícola-industrial, utiliza gran cantidad de insumos externos. Las semillas, herbicidas y fertilizantes, se cotizan en dólares y una vez realizada la siembra, se pagan aunque no haya cosecha. La gran pregunta es por qué muchos productores se lanzaron a sembrar en condiciones de alto riesgo climático.

Los pronósticos de los organismos públicos.

Veníamos de dos años de precipitaciones escasas, con déficits de humedad en los suelos y dos años de continuidad del fenómeno Niña que, en países como el nuestro, está asociado a la sequía.

La Argentina cuenta a su favor con instituciones estatales que realizan pronósticos climáticos como es el Servicio Metereológico Nacional(SMN) o el INTA. Resulta interesante revisar sus previsiones para la primavera de este año.

El 25 de agosto de 2022, un informe de INTA sobre la posibilidad de ocurrencias de lluvias en la primavera 2022 y verano 22-23 pronosticaba que: “Los modelos internacionales anticipan que la probabilidad de que continúe La Niña es de un 70 a un 80 % aproximadamente. Se trata del doble de la probabilidad calculada, según los datos históricos”.

Un informe posterior de INTA del mes de octubre de 2022, pronosticaba que para los meses de noviembre, diciembre y enero, la provincia de Buenos Aires, con excepción de la zona norte, tendría lluvias normales o inferiores a las normales y que toda la Mesopotamia, Santa Fe, este de Córdoba y norte de la Provincia de Buenos Aires, tendrían lluvias por debajo de lo normal. Poco tiempo después, se conoció el pronóstico trimestral elaborado en forma conjunta por profesionales del Servicio Meteorológico Nacional (SMN); del Instituto Nacional del Agua (INTA); de la Cátedra de Climatología Agrícola de la Facultad de Agronomía (UBA); del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos (DCAO UBA); personal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA); de la Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas de los Ríos Limay, Neuquén y Negro (AIC); del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación (SSRH), y de la Comisión Regional del Río Bermejo (COREBE). Una de las expertas en clima Matilde Rusticucci, que trabajó en ese informe, nos proporciona una buena síntesis :“Estamos frente a un déficit importante de precipitaciones y, lamentablemente, seguimos bajo la influencia de un fenómeno Niña que se va a extender, por lo menos, hasta el final del verano. Habrá que tener mucho cuidado ante la posibilidad de que se produzcan nuevos incendios”

El pronostico del SMN del 6 de enero de 2023 anunció: para la zona este de la Patagonia y toda la Provincia de Buenos Aires, excepto el norte, lluvias normales. Para la Mesopotamia, norte de Buenos Aires y Santa Fé, Córdoba, Chaco y Formosa, lluvias por debajo de lo normal. Y, para el noroeste y suroeste del país, lluvias por encima de lo normal.

Si se repasan todos estos informes brindados por organismos públicos, fue previsible lo que ocurrió con el trigo y no hubo condiciones para arriesgar con las siembras de la cosecha gruesa en la mayor parte de las zonas más productivas del país. Sin embargo se sembró con la esperanza de que llegarían las lluvias.

Los malos consejos de las multinacionales

Cuando una persona se enferma concurre a su médico de cabecera o al Hospital público. Allí recibe un diagnóstico de su dolencia, se le recetan los medicamentos adecuados y generalmente el profesional pronostica su evolución más probable. Si en lugar de recurrir a estas consultas le preguntara a un laboratorio que produce y vende medicamentos, la salud del paciente corre riesgos. El ejemplo viene a cuenta, porque los productores rara vez consultan los pronósticos de los organismos públicos y se fían de expertos, consultores o periodistas agropecuarios que difunden sus vaticinios en medios sponsoreados por vendedores de agroinsumos. Frecuentemente ocurre que se titulan artículos con contenidos que son contrarios a los informes públicos, que son citados en forma fragmentaria o confusa, apostando a generar expectativas positivas. Títulos como “Se vienen las lluvias”, se usan para anunciar lluvias de 10 o 15 mm, pero no dicen que son totalmente insuficientes, ya que para recomponer la humedad de los suelos se necesitan 200 mm. Titulares como “Se disipa la posibilidad de una nueva Niña”, no aclaran que las precipitaciones van a normalizarse pasado el verano, en tiempos de cosecha, cuando ya las lluvias son para los cultivos, más un problema que un aporte.

Los pronósticos de las multinacionales y sus difusores pagos, sólo se proponen aumentar ganancias. También son ellos partes del modelo agroindustrial, que tiene como denominador común restringir la autonomía de los productores y convertirlos en engranajes, que no deciden pero asumen todos los riesgos, al invertir en insumos y labores cada vez que siembran.

Las consecuencias de la sequía impactarán el próximo año en las cuentas públicas por menor ingreso de divisas y en los bolsillos de los productores. No hay que ser adivino para imaginar que cargarán sobre el gobierno y el Estado exigiendo compensaciones. Agregarán a sus exigencias un argumento que parece sólido. “Si en años de ganancias extraordinarias, el Ministro Massa nos dió el dolar soja, en años de quebrantos no pueden negarnos nuevas concesiones”.

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