Te doy la derecha

Te doy la derecha

19Ene23 2 Por Alfredo Grande

Hace unos días, un paciente ante un señalamiento me dijo: “en eso te doy la derecha”.  Como me sucede habitualmente, respondí antes de pensar.  “Si estás de acuerdo conmigo, tenés que darme la izquierda” Aunque parezca una trivialidad, no lo es.  La batalla cultural se da no solamente en las grandes arengas, en los discursos fundantes, sino en descubrir las pequeñas trampas que el lenguaje cotidiano tiene armadas. Esas trampas, con las minas personales, nunca son perceptibles.  Es más: creo que son el mejor ejemplo de naturalización. Dar de la derecha es dar la razón. Como si para tener razón hay que ser de derecha.  Toda la aberrante historia de los zurdos y las zurdas contrariadas ya está en el zócalo de inconsciente histórico y político. Obviamente, me refiero al uso de la mano, porque en lo ideológico es igual o peor.  El sentido común siempre es represor. Lo común en este caso no alude a la comunidad, sino a la habitualidad. Si es habitual, es normal. Y si es normal, para cambiarlo hay que ir por izquierda. O sea: por el mal camino.  La denominada “institucionalidad” es un equipamiento burocratizado. Y de una derecha que tiene un arco que empieza en el progresismo (que alguna ver bauticé como retroprogresismo) y termina con el fascismo. Pasando por lo que denomino el fascismo de consorcio. Versión vecinal de las derechas elegantes.

Notemos esta impregnación del lenguaje: dar la derecha, ir por izquierda. Dar la derecha: te doy la razón.  Ir por izquierda:  hacer algo ilegal. O al menos indecoroso. Lo notable es que este acostumbramiento y adocenamiento a un lenguaje represor pasa habitualmente desapercibido. No es la primera vez que un paciente, o un amigo, compañero, me dice: te doy la derecha. Pero esta vez es la primera que reaccioné con fundamento. Tanto es así que me llevó a escribir este texto. No creo que uno actúe necesariamente como habla. Pero si creo, y esto desde la docencia, la escritura de textos, las diversas intervenciones en espacios de intercambio, que el hablar es actuar. Además del sonsonete de dar la derecha, se ha producido una desaparición de palabras. Lo cual es grave, pero más grave es que desaparecen los sentidos que esas palabras evocaban.  Freud advirtió:  empezamos cediendo en las palabras, y terminamos cediendo en las cosas. Patria Socialista. Hombre Nuevo. (Y no por Hombre sino por Nuevo). Reforma agraria. Ácrata. Anarquismo. Bolchevique. Insurrección. Lucha armada. Esta última ha sido desalojada por los temas de seguridad, y reducida, como hace poco dijo un dirigente importante, a “ir de caño”. Guerrillero. Chancho burgués. Proletariado. Revolución. Incluso se invoca en vano la idea de revolución para referirse al salto tecnológico digital. Espero que en esta enumeración nadie me de la derecha. Aunque si espero que me den la izquierda.

¿Se puede desarmar el discurso de la derecha? Si tenemos presente que cuando vencemos al enemigo con sus armas, el que gana es el enemigo, algunas cosas se pueden hacer. En una reunión reciente con referentes de la izquierda latinoamericana, un compañero sugirió utilizar “tik tok”.  Obviamente, no pude darle la izquierda. Su propuesta me pareció “darle la derecha” a las plataformas digitales. Que no si son el opio de los pueblos, pero el ácido lisérgico seguro. Sugiero algo más sencillo. El discurso de derecha distrae lo fundante uniéndolo a un convencional que lo hace pasar por fundante. Recordemos sin necesidad de angustiarnos uno de los mandamientos más populares: no desearás a la mujer de tu prójimo. Parecería que lo importante es el prójimo y su mujer.  Pues no. Lo importante para el mandamiento es la primera parte:  no desearás. El mandato es no desear. Porque el deseo siempre es instituyente, creador, corajudo, placentero, heroico, generoso, valiente. Y justamente la derecha capturó todos los deseos y los clonó en lo que denomino consumismo.  Consumir consumo.  La derecha caricaturizó el deseo y lo transformó en una mercancía.  Ir por izquierda será siempre una aventura deseante.  Dar la derecha es un mandato represor.

Voy a empezar a practicar.  Cuando me parezca que alguien tiene razón, le diré: “te doy la izquierda” Por algo se empieza.

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