El vaso medio lleno de la CELAC

El vaso medio lleno de la CELAC

23Ene23 0 Por Guillermo Cieza

El regreso de Brasil a la CELAC es la gran novedad de este evento que empezará hoy en Buenos Aires. El total desprestigio de la OEA, ha contribuido al relanzamiento de un organismo que nació con metas muy ambiciosas pero se fue diluyendo con la avanzada de los gobiernos neoliberales en la región.

La iniciativa de la CELAC como un organismo permanente que velara por los intereses de los países latinoamericanos y del Caribe fue impulsada por el Presidente Chávez, en 2011 desde Venezuela, y tenía metas muy ambiciosas como era la creación del Banco del Sur, una moneda común y la creación de una fuerza armada conjunta que defendiera a los territorios de agresiones externas.

El gobierno de Brasil, presidido por Lula, no adoptaba posiciones de vanguardia, pero su sola presencia, como potencia regional, reforzaba su legitimidad. La CELAC nació como un organismo diverso políticamente, ya que incluía tanto a los países del grupo del Alba como a los del grupo del Pacifico (Chile, Colombia y Perú) que era un caballo de troya del imperio, pero la sola existencia de un organismo americano que excluía expresamente a Estados Unidos, era un gesto de independencia.

El triunfo del bolsonarismo en Brasil, de Macri en la Argentina, el estrechamiento del cerco económico y mediático contra Venezuela y el retroceso del Frente Amplio en Uruguay, diluyeron a la propuesta de la CELAC, fortaleciendo el papel de la OEA, capitaneada por Luis Almagro, un personaje servil de los intereses norteamericanos. La intervención de este organismo y este personaje en el golpe de Bolivia contra Evo Morales y el reconocimiento del “autoproclamado” Presidente de Venezuela, Juan Guaidó, llevaron a la OEA a un enorme desprestigio. Esa actuación lamentable se repitió ante la represión a los pueblos originarios de Ecuador, y más recientemente con el golpe de Estado en Perú y la represión del gobierno de Dina Boluarte que es responsable de más de 65 asesinatos.

El retorno al gobierno del MAS en Bolivia, y la pérdida del bastión colombiano con la asunción de Gustavo Petro, ha sido acompañada por los triunfos de López Obrador en Mexico, de Fernández en la Argentina, y de Boric en Chile, que con distintos matices expresan un progresismo light, o social liberalismo. El triunfo de Lula en Brasil, en una versión más moderada que la anterior, completa el nuevo paisaje político latinoamericano que promueve el relanzamiento de la CELAC, en una versión más tibia. La convocatoria de Buenos Aires tiene la impronta de Alberto Fernández, que no desentona demasiado con el resto de los gobernantes. Invita a una delegación norteamericana que concurre en representación del presidente Biden. Invita al presidente Maduro, pero le garantiza su seguridad, tanto como al avión de ese país que hace alrededor de un año está retenido en Ezeiza.

En un mundo, donde los conflictos geopolíticos han escalado al nivel de un gran conflicto militar en Ucrania, que amenaza con prolongarse y extenderse, y donde continúan enfrentamientos armados más antiguos, el alineamiento de los países que tienen energía y alimentos se ha tornado importante. En los países que conforman la CELAC, China ha desplazado a la Unión Europea en la disputa con Estados Unidos.

Para los distintos gobiernos las opciones son mantenerse en el corral tradicional de la hegemonía del dólar estadounidense, o tratar de sumarse a nuevas alternativas como las que pueden ofrecer los BRICS. Actuar en bloque facilita los gestos de independencia , o el aprovechamiento de las disputas globales para conseguir algunas concesiones. Por las posturas políticas de los gobiernos el tema del extractivismo va a estar fuera de agenda, pero pueden aparecer algunas voces discordantes.

En el plano local, el evento de la CELAC, fortalecerá al gobierno. Juntos por el Cambio no tiene más propuestas que someterse a los dictados de Estados Unidos, en su versión trumpista. El Frente de Todos especula con que del evento surja alguna declaración o gesto de solidaridad con Cristina Fernández, y alguna mención a las prácticas de lawfare.

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