El país de los Soviets. La revolución y sus contratiempos (1917-1924), un libro imprescindible

El país de los Soviets. La revolución y sus contratiempos (1917-1924), un libro imprescindible

24Ene23 0 Por Guillermo Cieza

Este segundo texto de Aldo Casas sobre la Revolución Rusa, tiene el mérito de desmenuzar los múltiples conflictos y encrucijadas a que se enfrentaron los revolucionarios rusos después de hacerse cargo del poder político. Valora sus decisiones políticas, con sus aciertos y sus errores.

Casas no es un panegirista de un proceso histórico, sino un pensador preocupado por obtener conclusiones de esa experiencia revolucionaria. Aborda esa tarea con una enorme honradez intelectual, lo que le permite construir una obra de lectura imprescindible para quienes se propongan aportar a cambiar el mundo.

Las lecturas escolares sobre la Revolución Rusa tanto para ensalzarla, como para descalificarla, son suficientes para llenar muchas bibliotecas. Las críticas simplistas, los relatos que reducen los conflictos al inesperado predominio de los burócratas en desmedro de los revolucionarios, han servido de explicación de sus dificultades y fracasos a muchas generaciones de militantes. Negar la intervención del pensamiento crítico dirigido al análisis de los primeros años de la Revolución, con la excusa de “no hacerle el juego a la derecha” ha servido, entre otras cosas, para obturar el diálogo con otras experiencias revolucionarias posteriores. La falta de difusión de materiales críticos desde la izquierda sobre los primeros años de la Revolución Rusa, una de sus excepciones fue el extraordinario aporte de Rosa Luxemburgo, ha favorecido la idea de quienes pensaron, como decía Cooke, que es posible hacer revoluciones con escuadra y tiralínea.

Retomando la línea del primer libro, (Rusia 1917. Vertientes y afluentes) donde nos ilustra con abundante documentación sobre la existencia de un sujeto plural revolucionario y de múltiples actores políticos, y también sobre la imposible desconexión entre los hechos revolucionarios de febrero y octubre de 1917, Casas elige el camino de leer la historia a contrapelo, asumiendo sus consecuencias.

Casas desnuda los primeros pasos de la formación de la burocracia soviética con Lenin y Trotsky vivos y en el poder. Se anima a decir, por ejemplo: “El aplastamiento de los cronstadianos (integrantes de la comuna de Cronstadt), fue injustificado y debe ser condenado como un crimen y un grave error político. A cien años de haberse cometido es hora de decirlo claramente. No hace favor a la Revolución Rusa, ni al comunismo, ocultarlo o buscar justificaciones para lo injustificable”.

Casas advierte los interrogantes que la realidad le plantea a Lenin. Y ocurre así que, el mismo hombre que había escrito el Estado y la Revolución, posterga la inmediata disolución del Estado, cuando debe afrontar la situación de que los bolcheviques están en el poder amenazados en sus fronteras por las potencias capitalistas y teniendo que enfrentar el problema del hambre. Desde esa honestidad intelectual resulta apasionante su caracterización de las encrucijadas en que grandes revolucionarios tomaron decisiones muy polémicas. Cuestiona la no comprensión de los bolcheviques de la potencialidad de la obstschina y de la cultura ancestral campesina. Enumera los múltiples errores cometidos con el “comunismo de guerra”.

Cuestiona la orientación económica de la NEP, pero no obvía su contexto. Casas expone con claridad el estado en que quedó el país después de la guerra civil internacional, donde enfrentó a las clases locales expropiadas y a la conjura internacional para acabar con la la Revolución Rusa. Utiliza una cita de J.J. Marie: “El país quedó totalmente desangrado, agotado hambriento”…”Durante el invierno 1921-22,y la primavera de 1922, hizo reaparecer el canibalismo y ocasionó centenares de miles de muertos en la cuenca del Volga, en el Sur del país”.

Con mucha precisión describe el proceso en que primero se rompe la alianza obrera campesina, después el partido bolchevique sustituye al proletariado y al final, el poder queda en manos del Estado dirigido por el aparato del Partido. Pero la prolija descripción de estas y otras desviaciones y errores, va más allá de lo admonitorio, no está relatada como la traición de un mandato sino como decisiones equivocadas tomadas en un tránsito en que los revolucionarios sólo cuentan con: “unos cuantos mojones, que señalan la dirección general en las que tenemos que buscar las medidas necesarias, y las señales son principalmente de carácter negativo”. La cita es de Rosa Luxemburgo.

El texto de Casas humaniza a los revolucionarios rusos, haciendo visibles sus interrogantes y despojándolos de toda infalibilidad. En ese tema, adhiere a la postura de Lenin que sostenía en febrero de 1922: “habría que considerar irremediablemente perdidos a aquellos comunistas que imaginaran que se puede consumar una empresa de alcance histórico mundial, como establecer las bases de una economía socialista (sobre todo en un país de pequeños campesinos) sin errores, sin retrocesos, sin recomenzar de nuevo múltiples tareas inacabadas o mal ejecutadas”. En esa dirección advierte respecto a las dudas de Lenin en los últimos años de su vida sobre el rumbo que estaba tomando el proceso, y de su comprensión de que la necesidad empezaba a convertirse en virtud, y las concesiones por urgencias coyunturales, intentaban validarse como principios constitutivo para la transición al socialismo. Como acción práctica, da cuenta de su última conspiración intentando detener el ascenso vertiginoso de Stalin.
Merecen especial atención los textos que incorpora Aldo sobre la Revolución de Ucrania, donde se critica a los bolcheviques por ignorar la cuestión nacional.

Desde miradas como las de Aldo Casas, la Revolución Rusa puede dialogar con otros ´procesos revolucionarios. Quien escribe estas líneas, leyó el texto de Casas tropezando a cada momento con situaciones y debates que se dieron en la Revolución Bolivariana. Pudo cotejar algunas conclusiones, con nuevas dificultades que aparecieron en el proceso venezolano y que no aparecen en el análisis de la revolución rusa. Por ejemplo: cómo resolver el problema del hambre en un país bloqueado que ha perdido su cultura campesina; la cuestión de la metabolización del capitalismo de todos los procesos disruptivos, aún por fuera del Estado, un tema sobre el que había trabajado Ivan Meszaros; cómo resolver la cuestión de la cultura parasitaria, que en las formaciones sociales de matriz rentista impregna a todos los estamentos de la sociedad, etc.
Finalmente, el texto de Casas, nos recuerda que si algo caracteriza a una Revolución es la complejidad de los problemas a abordar. Se puede acordar o no con todas las conclusiones del libro, pero es indiscutible que Aldo hace un aporte extraordinario a la comprensión de un hecho histórico, que fue el más trascendente del siglo XX.

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