Detener la ofensiva de los trabajadores fue uno de los principales objetivos del golpe de 1976

Detener la ofensiva de los trabajadores fue uno de los principales objetivos del golpe de 1976

24Mar23 0 Por Guillermo Cieza

El principal objetivo del golpe del 76 fue frenar la ofensiva de los trabajadores que, desarrollando luchas desde las fábricas, ponían en riesgo no solo al gobierno de Isabel Perón sino también la estabilidad del sistema capitalista. También se propuso reconfigurar el modelo de país favoreciendo a los grupos económicos agroexportadores y financieros y generando una importante deuda externa.

Los militares intentaron justificar el golpe de Estado culpando al accionar de la lucha armada desarrollada por las organizaciones revolucionarias. Sin embargo, datos de la propia inteligencia militar mostraban que, para marzo del 76, los militares valoraban que las guerrillas habían sido desarticuladas. Según su propia evaluación: la amenaza había sido erradicada y solo quedaban “operaciones de cirugía menor”.

Los datos más inquietantes para las clases dominantes locales provenían de los conflictos obreros, que tomando como eje la cuestión salarial, habían alcanzado picos históricos. Los datos eran elocuentes. Si en los años previos, entre 1967 a 1971, los conflictos en empresas de más de cien trabajadores no superaban la decena, durante los tres primeros años del gobierno peronista habían crecido exponencialmente (1973: 120;  1974: 895; 1975: 500). El porcentaje de huelguistas en relación a los trabajadores ocupados, rompía récords mundiales. Pero la preocupación no era solo por lo cuantitativo, se sumaba el empoderamiento que generaban las formas de luchas adoptadas. En la mayoría de los conflictos los trabajadores apelaban a las bajas programadas de producción, donde demostraban capacidad de controlar las fábricas, los conflictos eran apoyados con pequeñas acciones armadas que contrapesaban las acciones represivas impulsadas por las patronales, la casi totalidad de los conflictos se organizaban al margen de la burocracia sindical, con un muy importante peso de las asambleas, los delegados de sección y las juntas internas. Se empezaba a avanzar en la concreción de coordinadoras interfabriles que vinculaban a los trabajadores en conflicto de distintas empresas, prescindiendo de las estructuras gremiales que respondían al gobierno y las patronales. El accionar represivo del gobierno, que había creado un grupo paramilitar, la triple A, que asesinó a 3000 militantes populares, no había detenido el avance de los trabajadores.

Las principales víctimas de las detenciones y desapariciones a partir del 24 de marzo fueron los trabajadores. Las listas de los acusados de “subversivos”, se hizo fábrica por fábrica, empresa por empresa.  En la confección de estas listas colaboraron activamente las patronales y las burocracias sindicales.

El golpe militar tuvo como objetivo además, reconfigurar el proyecto capitalista para la Argentina. Las clases dominantes estimaron que con una clase obrera escasa y muy rebelde había que abandonar todo pretensión industrialista. Por eso se abrieron las importaciones y se favoreció la relocalización de industrias en países vecinos, se perdieron miles de puestos de trabajos industriales. Se intentó vencer la resistencia obrera con la represión, pero también con la recesión.  Hubo muchos cierres de fábricas, pero en las que siguieron abiertas, el achicamiento de las plantillas se hizo con un criterio selectivo, castigando cualquier actitud de solidaridad o de defensa de derechos sindicales.

La ofensiva de los trabajadores durante el gobierno peronista había conseguido un importante crecimiento de lo recibido por los trabajadores en el PBI, que alcanzaron en 1974 a percibir un 52,4 % del total. Ese porcentaje descendió abruptamente con el golpe militar que lo redujo a un 34,3 % para 1979. Los grandes beneficiarios del nuevo proyecto de país impulsado por la dictadura fueron la burguesía agroindustrial exportadora y los grupos financieros. Para estos grupos, que no están ligados al mercado interno, el salario de los trabajadores no es más que un costo. Por eso, una de las primeras iniciativas del Ministro José Alfredo Martínez de Hoz, fue reducir los salarios en un 30 %.  

El crecimiento gigantesco de la Deuda Externa, fue otro objetivo del nuevo proyecto, porque sometía a los futuros gobiernos a compromisos con el Fondo Monetario Internacional y con el gobierno de Estados Unidos.

El llamado Proceso de Reorganización Nacional, fue en realidad una Contrarrevolución, que modificó sustancialmente el país y provocó grandes cambios en el Estado y en la proyección política de los partidos mayoritarios. El peronismo perdió buena parte de su activismo fabril más experimentado, y el peso de los trabajadores en sus disputas políticas internas. El golpe militar saldó trágicamente la disputa entre la Patria Socialista y la Patria Peronista, asegurando el triunfo del proyecto capitalista. Las oligarquías agroindustriales, exportadoras y financieras, se convirtieron en las grandes factores de poder que condicionaron a los futuros gobiernos elegidos por elecciones.

Recordar lo ocurrido el 24 de marzo de 1976, nos ayuda a alumbrar lo que ocurre en el presente