Berni: los golpes que más duelen

Berni: los golpes que más duelen

5Abr23 0 Por Guillermo Cieza

El Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires se plantó frente a un corte de ruta de choferes que protestaban por el asesinato de un compañero y recibió unas cuantas trompadas. La derecha se hace un festín con la noticia y el gobierno parece desencajado. La imagen de un alto funcionario peronista abofeteado por trabajadores, pega en el imaginario de un movimiento que siempre se enorgulleció de representar a los laburantes.

     

La figura de Sergio Berni siempre fue polémica. Por un lado, porque nadie como él retomó las banderas de la lucha contra la Inseguridad en los términos que lo planteó la derecha. Con mano dura, y aval para que la policía bonaerense, apelara a prácticas de patear puertas de hogares humildes y ejercer el gatillo fácil. Desde lo simbólico, Berni construyó su imagen arrasando los ranchos levantados en el asentamiento de Guernica, gaseando a los hinchas de fútbol en el estadio de Gimnasia y Esgrima de la Plata, protegiendo a los asesinos de Facundo Astudillo Castro y Daiana Abregù. Desde los números, el último informe de la Correpi, correspondiente a 2022, menciona que en la provincia de Buenos Aires, hay 51.673 personas presas, casi la mitad del total país, y que de las 37 muertes producidas en comisarìas en la Argentina, 16 se produjeron en el distrito comandado por Berni.

La imagen de Berni que pretendió presentarse como un sheriff duro, pero necesario, como un guardespalda del progresismo, se cayó a pedazos con la golpiza que le propinaron los choferes indignados. Más allá de la grieta, que se agranda en tiempos preelectorales,  con Berni fracasó una estrategia de la derecha, para enfrentar la cuestión de Seguridad, y quien lo sostuvo, el gobernador Kicilloff va a pagar los costos.

En un país donde lo que más crece es la desigualdad, donde el 52,4% de los menores de 14 años son pobres, donde aumentan exponencialmente la cantidad de jóvenes que ni trabajan ni estudian, el problema de la inseguridad tiene componentes estructurales que no se resuelven con mano dura, y mayor represión institucional y policial. Con esas políticas se ganan votos, porque los vecinos de los barrios están hartos que los roben. Con esas políticas se hace demagogia, porque se incentiva la idea de que la amenaza es el vecino, o el hijo de la comadre. Pero no se baja el número de delitos, y por el contrario se fomenta que el delito sea más violento. En un país donde, en los enfrentamientos con la policía, hay más muertos que heridos, nadie sale a robar con un arma de juguete.

La derecha ha festejado el mal paso de Berni. Ha disfrutado de su imagen patética al ser retirado a los empujones por la policía metropolitana, con un casco de ciclista. En cuestiones de Seguridad han tenido, con Berni, más acuerdos que diferencias. Pero no es buen momento para recordar esas coincidencias.

La derecha se regodea cuando Aníbal Fernández vuelve a tratar de justificar lo imposible con teorías conspirativas. La misma pluma que inventó que Darío y Maxi murieron en un enfrentamiento entre piqueteros, y que las pedradas contra el Congreso fue un atentado contra Cristina con bombitas trazadoras de pintura, ahora vuelve a sorprendernos con la versión del atentado desestabilizador sin fines de robo. Como le gustaba repetir a Luis Brunati: “el problema no es ganar, el problema es ganar con este equipo”.

Sin embargo, la derecha debería tomar nota, que los trabajadores compran discursos, pero también exigen resultados. Seguramente muchos de los que el lunes 3 de abril lo recibieron a Berni, gritándole mentiroso, un año atrás le creyeron y pensaron que era el hombre indicado para garantizarles que pudieran trabajar en paz. Los que salen a poner el cuerpo todos los días, pueden confundirse, pero no viven de fantasías.

La derecha hizo su juego endeudando al país por varias generaciones. El gobierno del Frente de Todos, eligió no confrontar con acreedores externos, ni con grandes grupos monopólicos formadores de precios, ni con el imperio en retirada. Por eso, a la hora de pagar las travesuras de la derecha, la cuenta le llega a los trabajadores. En el gremio de los colectiveros la identidad peronista es mayoritaria. Alguna vez su combatividad, que incluyó acciones directas, enorgullecía al peronismo. Creo recordar que alguna vez compartimos que la violencia de los de abajo es justicia.  Ahora parece que no es así. ¿Será que el peronismo ha enfermado de la misma amnesia histórica que padeció el radicalismo?

El 3 de abril en el corte de ruta de los colectiveros volvió a escucharse: “que se vayan todos”. El hartazgo y la exasperación popular es un dato de la realidad. Que ese hartazgo sea canalizado por una perspectiva popular, es otra discusión.