25 de mayo, la revolución de los tupamaros

25 de mayo, la revolución de los tupamaros

25May23 1 Por Guillermo Cieza

…un día se sabrá que esta Patria fue liberada por los pobres, y los hijos de los pobres, nuestros indios y los negros, que ya no volverán a ser esclavos.

José de San Martín

                                                                                                  

Las revoluciones independentistas expresaron un salto en la resistencia al dominio colonial, siendo continuidad de las rebeliones originarias. Compartiendo esa caracterización,  los servicios de inteligencia imperiales calificaban como “tupamaros” a los conspiradores del Río de la Plata en 1810.  

La primera junta de gobierno tuvo un núcleo duro integrado por Mariano Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano, cuya proyección revolucionaria empalmaba con las mejores experiencias del continente, protagonizada por un sujeto pluriétnico y popular.  Pero la revolución murió temprano en Buenos Aires, cuando los sectores conservadores consiguieron controlarla. Y en el ex Virreinato del Río de la Plata, para encontrar revoluciones había que cruzar el charco para admirar a Artigas o ir a las fronteras para advertir la resistencia de las guerrillas del Alto Perú lideradas por Manuel Padilla y Juana Azurduy, o la creación del ejército de los Andes promovido por San Martín. Y fuera de las fronteras del Virreinato, el Plan de Operaciones de Moreno, vivía en el extraordinario proyecto de la Revolución Paraguaya.

Caracterizar a las revoluciones por su desenlace posterior es una trampa que intenta desligitimar epopeyas populares. Y de la misma forma en que la derecha historiagráfica asegura que la Revolución Rusa no podría tener otro destino que su deformación burocrática; en América se desvalorizan los sueños de independencia y libertad de quienes sufrieron la derrota.

Los sueños revolucionarios de las y los derrotados de todas las batallas populares, son un compromiso legado a las futuras generaciones, que solo podrán ser asumidos por quienes se animen a encarnarlos. La Patria no es de los que la invocan.

En países como el nuestro, la Patria vive en quien se compromete con las clases oprimidas y expoliadas, que vinculan necesariamente la cuestión nacional a la lucha de clases. Sólo, desde ese lugar, es posible zafar de caer en la trampa de solo luchar por reconocimientos simbólicos, culturales e identitarios, o de versiones light del neoliberalismo con folklore nacional y popular.