Aquellos fuegos del Cordobazo

Aquellos fuegos del Cordobazo

29May23 0 Por Enrique Gandolfo

Sus resplandores conmovieron tantas conciencias y potenciaron esas voluntades y energías tan necesarias para revolucionar la sociedad injusta y desigual del capital.

A mediados del 68 luego de 15 años en Esquel, toda la familia se trasladó a vivir a Córdoba por el trabajo de mi padre. Como las clases en la cordillera eran en verano mi hermano y yo estuvimos medio año sin ir a la escuela.
Ya había pasado el mayo francés del que mucho se había hablado en mi casa y también la ofensiva del Tet cuando los y las combatientes del  Frente Nacional de Liberación de Vietnam y tropas del Ejército de Vietnam del Norte pusieron contra las cuerdas al invasor yanqui y sus aliados títeres del gobierno de Vietnam del Sur.
Solo algunos datos aislados que nos contaban amigos de la familia nos conectaban con un extendido descontento popular con las políticas del gobierno nacional (Onganía) y provincial. En Córdoba, ya en 1966 la dictadura había asesinado al estudiante Santiago Pampillon en una manifestación de miles de estudiantes que se oponían a la intervención de las universidades (conocida en la UBA como la noche de los Bastones Largos).
Mi madre siempre atenta y estudiosa del movimiento obrero ya hablaba de la CGT de los Argentinos fundada ese año, que agrupaba al sindicalismo combativo que se oponía al gobierno dictatorial. En ella emergía Agustín Tosco, un dirigente de Luz y Fuerza Córdoba, cuyo fulgor proletario y socialista iba a brillar en la historia de la lucha de clases en el país.
Con mis 13 y los 11 de mi hermano Daniel muchas veces escuchábamos y tratábamos de comprender las razones y las pasiones que los hechos despertaban.
También claro el devenir deportivo que siempre atendíamos, con un alegrón particular para mi padre y para mí: el campeonato Metropolitano conquistado en forma invicta por el Ciclón de Boedo con su inolvidable equipo de los Matadores.
Dos hechos político deportivos también nos conmovieron. En Méjico el gobierno, empeñado organizar los Juegos Olímpicos, reprime violentamente una manifestación estudiantil en la Plaza de Tlatelolco asesinando a más de un centenar de manifestantes.
Durante el transcurso de los Juegos, unos meses más tarde, dos atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, medalla de oro y de bronce en los 200 metros, alzaron su puño envuelto en un guante negro mientras comenzaba a sonar el himno nacional estadounidense. La foto del Black Power que recorrió el mundo, visibilizó las luchas por los derechos civiles del pueblo afro en Estados Unidos. En abril del mismo año había sido asesinado en Memphis Martin Luther King uno de los líderes de aquel movimiento.
En diciembre toda la familia festejó el triunfo de Nicolino Locche en la noche de Tokio, en la que conquistaba el título del mundo con una exhibición de destreza pugilística que imaginábamos por el relato radial.
En el 69 un nuevo cambio en el laburo de mi padre nos llevó a Bahía Blanca donde volvimos a la escuela. Mi hermano al último año de la primaria en la Escuela 2 y yo ingresaba a segundo año en el Colegio Nacional. Era todo nuevo para mí, me asombraba que mi curso había tenido Latín en primer año materia que también había en segundo.
Como no había estado el año anterior en esa hora nos permitían irnos a otra pequeña aula donde hablábamos de la vida.
Me llamó la atención una profe de Matemáticas que nos habló de política en contra del gobierno. Poco tiempo después vino un reemplazo. Se dijo que la habían echado, cosa probable que nunca supimos si era verdad. En cambio la profesora de Instrucción Cívica una señora muy prolija nos dictaba textos gran parte de la clase. Siempre recordábamos el primero del día que se presentó. Comenzaba “las instituciones democráticas y la separación de poderes”. Se ve que le había quedado de años anteriores y por supuesto no había conexión con la realidad social y política del país.
En mayo las cosas empezaron a cambiar. Escuchamos por la radio que una manifestación en Corrientes terminó con brutal represión y el asesinato del estudiante Juan José Cabral y luego seguiría el primer rosariazo y la CGT salía de su letargo cómplice y llamando a un paro general el 30.
En Córdoba el paro se iniciaba el 29 al mediodía. De la radio nos llegaban noticias de una protesta cuya magnitud no podíamos dimensionar con precisión. En mi casa no había televisión por lo tanto no recuerdo imágenes de ese día. Con el correr de las horas se supo las muertes obreras y de cientos de detenciones.
Al día siguiente la CGT local convocaba a una concentración en su sede de Mitre y Rodríguez. Era a 2 cuadras de nuestra casa.
No dije que había decidido ir temiendo que no hubiese permiso. Fui solo entonces y antes de llegar me topé con algo que nunca había visto. Una columna muy compacta y aguerrida con sus cánticos y sus banderas de sindicales. Me paré a mirarlos, impresionado por la determinación que mostraban.
Luego seguí hasta la esquina colmada de gente. ¿Adonde me paro pensé? Vi un cartel que decía abajo la dictadura y al lado una bandera de la CGT de los Argentinos. Este es mi lugar me dije y escuché los discursos.
Al finalizar se decidió marchar hacia la Plaza. En la esquina de Mitre y Sarmiento ya se veía a la Policía a una cuadra determinada a impedir la llegada al centro. Para mi asombro algún manifestante tiró una molotov contra un pequeño local de la Armada. Otros comenzaron a cruzar autos en la calle a modo de barricada. La cana se venía.
Ahí metido entre la manifestación tomé una decisión nada valiente. Salir corriendo, dar la vuelta a la manzana y entrar en el reparo de la casa familiar con las emociones a flor de piel. Por supuesto tuve que contar de donde venía. No hubo reproches aunque sí recomendaciones de cuidados.
Con el tiempo hube de comprender la magnitud histórica de aquellas barricadas del cordobazo cuyas resplandores conmovieron tantas conciencias y potenciaron esas voluntades y energías tan necesarias para revolucionar la sociedad injusta y desigual del capital.

Fotos: www.cultura.gob.ar