Gramsci en estas tierras y en nuestros días

Gramsci en estas tierras y en nuestros días

13Jul23 2 Por Daniel Campione

Un libro de muy reciente aparición nos trae miradas actuales y situadas desde América Latina acerca del decurso intelectual, y asimismo vital, de uno de los pensadores marxistas cuyo legado es más fecundo a la hora de pensar la política y la revolución.

Hernán Ouviña (coordinador)

Antonio Gramsci: aproximaciones y (re) lecturas desde América Latina.

1ª edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Santiago de Chile. Muchos Mundos, 2023.

332 páginas.

Es difícil exagerar la importancia para la tradición del pensamiento marxista del teórico y militante italiano. Entre sus méritos estuvo el de llamar la atención sobre toda una serie de problemas que habían quedado relegados para parte del marxismo de su época, en particular los atinentes a las llamadas “superestructuras”. El pensador sardo fue un abanderado contra el “economicismo” que campaba en la codificación del “materialismo dialéctico”, que a su vez anticipaba el enfoque esterilizador que caracterizó al período stalinista.

Lo anterior es lo más recordado del pensamiento gramsciano, a menudo en detrimento de la atención debida al período anterior. Nos referimos a sus elaboraciones al calor de la revolución rusa y, sobre todo, del auge del movimiento obrero y revolucionario de su país en el llamado “bienio rojo”. El libro de reciente edición pone la vista sobre el acercamiento “superestructural” sin desdeñar el llamado “joven Gramsci”, indispensable a la hora de comprender a su obra en perspectiva histórica.

¿Por qué y acerca de qué?

La compilación que aquí reseñamos retoma, con una perspectiva actualísima, la gravitación de la praxis del militante y pensador sardo. Y a la luz de otros escritos de algunos de los autores incluidos, colegimos que la inmersión en su modo de vivir y entender la teoría y la política es paralela y complementaria con la otorgada a Rosa Luxemburgo y otras figuras de la que Ernst Bloch denominó alguna vez la “corriente cálida” del marxismo.

Está constituida por una selección de artículos entre los que pueden distinguirse diversos ejes. Uno, el inicial, es la reconstrucción más o menos cronológica de la trayectoria de Gramsci anterior a la prisión. Hay allí un capítulo dirigido al “bienio rojo” y los consejos de fábrica. Lo sigue una reflexión acerca del tránsito de la Segunda Internacional a la Internacional Comunista. Y un tercero que aborda la actuación de Gramsci en relación al fascismo. Y cierra ese tramo el tratamiento del italiano como dirigente político, esa etapa entre 1921 y 1926, como integrante de la Internacional Comunista y miembro de la conducción del Partido Comunista de Italia. La misma época que algunos enfoques relegan, tal vez porque prefieren aproximarlo a la figura del “intelectual puro” con la cual es claro que su trayectoria no coincide.

En esa línea coincidimos con Ouviña en la presentación del volumen, que invocando a Antonio Santucci, adhiere a la idea de que hay por lo menos dos dimensiones, la de su praxis directa y la de su obra con “indudables características de universalidad”. Santucci completa este aserto con el de que esa distinción no implica contraposición alguna entre el hombre de acción y el pensador crítico.

Y de esto último se ocupan sobre todo el resto de los artículos, dirigidos con preferencia a los borradores que produce en el encierro inferido por el fascismo, con los objetivos coincidentes de la reflexión acerca de la derrota y la generación de las condiciones para un nuevo proceso revolucionario, pensadas en dirección a las sociedades complejas, con amplio desarrollo de las llamadas “superestructuras”.

Cabe destacar el trabajo de Giovanni Semeraro, autor ítalo-brasileño que vuelca su larga trayectoria en la indagación sobre el enfoque gramsciano en materia de educación. O el de Mabel Thwaites Rey, asimismo proyección de su fecunda producción en torno a la teorización del Estado, con el italiano como una vertiente central.

Ouviña por su parte se prodiga en tres artículos, entre los cuales destacan unos llamados “Apuntes en torno a la hegemonía y el poder como relación de fuerzas”, en coautoría con Francisco L’Huillier, que trasunta una riqueza de análisis a menudo ausente en los análisis al uso de las “correlaciones de fuerzas”. Los que hoy son utilizados para cristalizar, y a veces magnificar, situaciones desfavorables para los emprendimientos políticos transformadores.

Además se nos ocurre destacable el escrito de Agustín Artese a propósito de los conceptos de crisis y revolución pasiva, ambos insumos clave para la exploración del presente y el futuro cercano de nuestro continente y del mundo. Y el de Massimo Modonesi en torno a “autonomía y sujeto político”, dos líneas maestras del debate desde hace décadas.

Estos diversos acercamientos no lucen, como a menudo ocurre, cual un acopio de esfuerzos sin mayor relación entre sí. Como ya expresamos, hay inquietudes claras y concurrentes. Todo ello sin dejar de lado la magnitud de conjunto de esa obra de quien, de modo paradójico no ha escrito libro alguno sino “…una infinidad de notas de prensa, escritos políticos, textos inconclusos, epístolas y cuadernos redactados tanto durante su etapa juvenil como en sus años de cárcel…” tal como con acierto señala Ouviña.

Este encararse con la obra del italiano a través de una distinción entre períodos y modalidades, que no por eso desiste de apreciar la articulada totalidad de su pensamiento, refleja un trabajo de más de una década y media desde la investigación y la cátedra.

A lo que hay que agregar la preocupación por poner en contacto estrecho la actuación y la producción gramsciana con el presente de América Latina. Ello como modo de poner su obra en vinculación con la perspectiva de transformaciones profundas para el continente. La comprensión de la crisis de la civilización del capitalismo que estamos viviendo y la agudeza y conflictividad con que esta se proyecta sobre nuestras sociedades, traza un entramado que atraviesa a la mayoría sino a todas las colaboraciones incluidas en el libro.

Una vez más, en torno a los “usos”.

Quizás no sea inoportuno colocar las virtudes ya señaladas del texto que nos ocupa en vinculación crítica con algunas vertientes que en el pasado, cercano y algo más alejado, tentaron otros senderos y alentaron propósitos disímiles a los que asignamos a la compilación que nos convoca hoy.

No se trata de negar rigor intelectual e incluso productividad política a algunos de estos enfoques. No cabría retacearle esas características a estudiosos como José Aricó y Juan Carlos Portantiero, entre otros.

Sí resulta pertinente hacer señalamientos acerca de los problemas que puede suscitar divorciar al militante del pensador. O colocarlo fuera de la tradición comunista, como si hubiera sido un marxista “independiente” sin imbricación política explícita.

Las complejidades y novedades del pensamiento de Gramsci, junto con el carácter inacabado de los escritos del período carcelario, facilitaron una interpretación de sus ideas que las presentaba alejadas de la perspectiva revolucionaria. E incluso las disociaba de la corriente del marxismo, para enfatizar sobre todo la incidencia de otras líneas de pensamiento en su bagaje teórico.

Tal sesgo derivó en una suerte de “socialdemocratización” del sentido de la producción gramsciana, que en no pocos casos fue aún más allá de la socialdemocracia, hacia una mirada netamente liberal y aún conservadora. Al calor de la ofensiva de alcance mundial del gran capital y de las vertientes intelectuales adherentes o al menos compatibles con su dominio, esas derivas se tornaron prevalecientes.

La intelectualidad argentina constituyó un caso relevante en esa dirección. En nuestro país, con muy temprana recepción e incluso elaboración en torno a Gramsci, los años de la década de 1980 y la valoración positiva de la llamada “transición a la democracia” fueron un escenario fértil a esos efectos.  El talante revolucionario de otras épocas cedía ante la búsqueda de insertarse en un proyecto político que se pretendía era una “democracia” sin permitirse ya ninguna adjetivación crítica (“formal”, “burguesa”, “restringida”, etc.)

Entre los valores que distinguen a la publicación que nos ocupa está el de ser receptáculo de una corriente diversa, e incluso opuesta, respecto a la que fue preponderante durante bastante tiempo. Si el investigador Raúl Burgos volviera a escribir Los gramscianos argentinos, yde querer ser enteramente fiel a su título, ya no podría circunscribirse a la vertiente que, a partir de la “superación” del sendero abierto en la ya lejana revista Pasado y Presente, acometió la construcción de un gramscismo “moderado”.

Tampoco incurre el volumen coordinado por Ouviña en la mirada puramente filológica que conduce a la “despolitización” del sardo. La que lo convierte en un clásico más.  Que puede ser estudiado con parámetros parecidos a los que se aplican a Dante Alighieri o Giambattista Vico, para mencionar a dos grandes figuras itálicas a las que nadie tomaría como base del pensamiento y la acción política de actualidad.

Un marxismo creativo para hoy y mañana.

Quizás el mejor andamiaje para producir un nuevo “uso” de la cosmovisión contenida en la obra íntegra (y no solamente en los fundamentales Cuadernos…) del sardo es la de no tomar la vía de traer al presente sus conclusiones, a casi un siglo de distancia y en un mundo muy diferente. Por el contrario se trata, como se muestra a lo largo de esta reunión de trabajos, de partir de sus conclusiones para tratar de pensar un mundo nuevo.

Gramsci necesita ser (re) interpretado a la luz de un proyecto de transformaciones radicales. Su obra es un recordatorio restallante de las complejidades e incertidumbres con las que debe lidiar todo proyecto dirigido a trastocar el orden social. Él se alejó de toda linealidad y determinismo para comprender la intrincada conformación del bloque histórico en torno a una construcción hegemónica. No sólo con finalidades de estudio sino para hurgar en el camino de una hegemonía de signo opuesto, la que en nuestros días suele llamarse “contrahegemonía”.

Con ese derrotero del gran pensador se conjuga la ya mencionada adopción en la obra que comentamos de una mirada latinoamericana que funge asimismo como un factor de superación del “gramscismo” ochentista. Ya no estamos frente a estudiosos preocupados por inscribirse en la “última ola” del pensamiento europeo y estadounidense, sino motivados por dar respuestas radicales al orden de desigualdad e injusticia crecientes que afecta a nuestro continente.

Es ese el espíritu que prevalece en estas “aproximaciones”. Cabe la calurosa recomendación de su lectura y el deseo de que prosiga creciendo y enriqueciéndose el trabajo intelectual y político del que da apropiada cuenta.

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