La incursión que trastocó a Medio Oriente

La incursión que trastocó a Medio Oriente

12Nov23 0 Por Claudio Katz

Los bombardeos de Israel en Gaza están consumando uno de los mayores crímenes de la
historia contemporánea. Incluyen hospitales, escuelas y campamentos de refugiados. Utilizan
armas desconocidas que derriten la piel, provocan quemaduras e impiden el tratamiento a los
heridos. Los pacientes son también operados sin anestesia de las atroces consecuencias del
fósforo blanco
.


Ya no hay pan, queda muy poca agua y el olor a muerte se ha expandido por el incontable número de víctimas que yace bajo los escombros. Entre los 10.000 muertos computados hasta el momento hay más de 3000 niños. Cada quince minutos un menor es asesinado y muchos pequeños escriben sus nombres en las manos, para permitir su identificación si las bombas despedazan sus cuerpos.
La tragedia se agrava por el bloqueo al ingreso de los camiones con ayuda humanitaria. Sólo acceden a cuentagotas al epicentro de la masacre. El grueso de la población sobrevive a la intemperie, sin alimentos, ni atención sanitaria. Ruegan para que el próximo misil no caiga sobre sus cabezas.
Israel perpetra con impunidad una matanza programada. Anuncia el lugar de las descargas antes de empezar cada ataque. Implementa el castigo contra la población civil, que otras potencias guerreras descargaron contra multitudes indefensas. Repite en Gaza el sufrimiento que padecieron los alemanes en Dresde y los japoneses en Hiroshima. Estas represalias salvajes contra ciudades convertidas en campos de tiro han sido también la norma de todos los colonialistas.
Pero lo más indignante es el doble rasero de las principales coberturas informativas. En esas transmisiones la vida de un niño israelí tiene un valor incalculable y la supervivencia de un pequeño palestino es irrelevante.
Gaza se ha transformado en un gran laboratorio de noticias falsas. Esas mentiras involucran lo ocurrido durante el operativo de Hamas. Ocultan la condición militar una gran parte de los israelíes caídos y que no hubo violaciones, ni decapitaciones de inocentes. El fuego amigo proveniente del propio ejército sionista habría determinado un alto número de fallecimientos.
La magnitud de esa desinformación empalma con el escandaloso número de periodistas palestinos asesinados. Basta recordar las masacres perpetradas en el pasado en Sabra, Chatila, Yenin o Deir Yassin, para reforzar la credibilidad de las denuncias sobre las atrocidades actuales. La invasión a Gaza es la cuarta desde el 2006 y extiende la Nakba que sufren los palestinos. Esa población padece la sistemática expulsión de sus tierras por parte de un ocupante colonial. El objetivo del despojo es vaciar toda la zona de sus habitantes originarios, para reemplazarlos por inmigrantes de origen judío. Los hogares de 5 millones y medio de refugiados han sido ocupados por familias llegadas del exterior, que obtienen la ciudadanía israelí de inmediato.

Basta observar los sucesivos mapas de ese país (1948, 1973, 2001, 2021) para constatar la impresionante expansión de su territorio. El proyecto colonialista se desenvuelve en forma metódica desde mitad del siglo XX en tres ámbitos diferenciados.
El primero es Cisjordania. En las últimas dos décadas 650.000 colonos se apropiaron del agua y las mejores tierras de cultivo. Afianzaron esa expropiación con la construcción de una intrincada red de muros, que fragmenta a las comunidades palestinas en pequeños islotes incomunicados. El objetivo es anexar toda la región, confinando a los pobladores que no escapen, a un status semejante al padecido por los indios en las reservas fronterizas de Estado Unidos.
La segunda víctima del despojo son los árabes-israelíes, que han quedado sometidos a un Apartheid interno muy semejante al antecedente sudafricano. Conforman una minoría sin derechos, que afronta desarmada la hostilidad cotidiana de sus poderosos opresores.
En el tercer segmento de la agresión sionista impera la limpieza étnica. En Gaza se instrumenta un meticuloso genocidio, que ha transformado a ese territorio en un campo de concentración a cielo abierto. Las víctimas de la matanza han quedado desprovistas de cualquier refugio alternativo. Como Israel no logra expulsarlos de su minúsculo territorio ha optado por los ultimarlos con bombardeos. Antecede esas descargas por anuncios de la carnicería, sabiendo que los habitantes del lugar tienen bloqueadas las salidas por las dos fronteras. Las advertencias de evacuación constituyen, en realidad, una simple sentencia de muerte.


INGENIO, HEROÍSMO Y EVALUACIÓN POLÍTICA
El exitoso operativo de Hamas introdujo una impactante novedad en la dramática secuencia de asesinatos que padecen los palestinos. La sorpresa generada por esa incursión, superó con creces el desconcierto que provocó la guerra de Yom Kippur. Con un espectacular operativo Hamas demolió la imagen de Israel como potencia invulnerable.
La capacidad de disuasión del aparato militar sionista quedó seriamente dañada por la hazaña que consumaron las brigadas palestinas. Cruzaron la frontera y neutralizaron con simples drones una sofisticada barrera informática que costó 1000 millones de dólares. Hamas humilló a un ejército que se creía invencible y por primera vez en décadas, logró cierta paridad inicial de bajas en los enfrentamientos con su enemigo.
Los atacantes consiguieron el principal objetivo de su operación, que era la captura de rehenes para negociar la libertad de los presos palestinos. Ese logro suscitó celebraciones masivas en el mundo árabe. También generó un gran reconocimiento de la nueva generación de luchadores que ha surgido en Cisjordania, sobre las cenizas de la desprestigiada Autoridad Nacional Palestina (ANP). Por un breve momento David le ganó a Goliat y suscitó recuerdos de otras gestas admirables del anticolonialismo (como la ofensiva vietnamita del Tet).
La prensa occidental intenta ocultar el éxito de la increíble acción realizada por Hamas. Sus milicianos desactivaron las cámaras de vigilancia con novedosas tácticas de distracción y recurrieron a parapentes impulsados por ventiladores para atacar los puestos militares. Ese ingenio completó las mejoras en el entrenamiento y el perfeccionamiento de los túneles.
Los resistentes apelaron a la violencia que Israel instaló como norma en Gaza. Muchos jóvenes palestinos que ya no pueden vivir encarcelados en su ínfimo refugio, escogieron la manera de morir en una operación heroica.
Hamas no improvisó su incursión y atacó evaluando que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y Arabia Saudita conducía a la consolidación definitiva de la ocupación sionista. Lanzó su audaz operativo para erosionar esa consagración de la dominación colonial.

AVENTURAS QUE AMENAZAN LA CONTRAOFENSIVA IMPERIAL
Israel espera neutralizar al Hamas, con la misma receta que utilizó para contener a la ANP en Cisjordania y a la comunidad árabe-israelí dentro de su territorio. Pero habrá que ver si logra doblegar la resistencia montada por su adversario en un territorio tan hostil. Fracasó en los intentos anteriores y debió retirar a los colonos que desplegó en la zona.
Los sionistas intentan precipitar una nueva Nakba hacia Egipto, pero los palestinos rechazan acrecentar su condición de refugiados. También El Cairo resiste ese desplazamiento, recordando el desgarro nacional que generaron esas oleadas en Jordania y el Líbano.
Netanyahu enfrenta, además, el gran dilema de los rehenes. Hasta el momento se ha mostrado impiadoso y sus bombardeos provocaron la muerte de 50 de los retenidos. Su objetivo es evitar la repetición del fulminante fracaso que afrontó en la batalla contra Hezbollah en el 2006.

Hay muchas voces críticas que alertan a Tel Aviv contra un potencial pantano en Gaza Existe un plan alternativo a la irrestricta masacre que propicia Netanyahu. Es motorizado por Biden, varios dictadores y monarcas del mundo árabe y los liberales de Israel (Barak) con la complicidad de la ANP (Abass). Promueven la compulsiva sustitución de Hamas por un gobierno fantasmal que perpetúe el estatus quo.
Pero el rechazo de esa salida por parte de la derecha israelí tiende a escalar la crisis a un nivel explosivo. Esa oposición a cualquier a compromiso con los vecinos es consecuencia del giro reaccionario, que ha generado en Israel el avance colonizador en Cisjordania. Los ocupantes de esa región han forjado una base social fascista, especializada en pogroms contra los palestinos. Aspiran a erigir un Estado judío religioso muy semejante a las teocracias islámicas.
Ese proyecto ultra regresivo se asienta en la deshumanización estructural que impone la vigencia de un servicio militar prolongado. Esa conscripción adoctrina y disciplina a la población a un dispositivo criminal. La primacía del ejército es también alimentada por una informatizada y rentable economía militar. Con esos pilares la extrema derecha ha logrado el sostén nacionalista de los judíos orientales, en desmedro de la tradición laica del sionismo liberal. Es la apoyatura que utiliza Netanyahu para intentar digitar el poder judicial, a fin de forjar un gobierno autoritario.
Pero las enormes manifestaciones callejeras que ya suscitó ese ensayo anticipan la reanudación de los enfrentamientos internos, que hace varias décadas desembocaron en el asesinato de Rabin. Si ese conflicto reaparece con más intensidad, podría generar las mismas crisis con los colonos que afrontaron otros gobiernos de Occidente. El virulento choque que mantuvo De Gaulle con los ultra derechistas de la OAS -durante la independencia de Argelia- es un antecedente del conflicto que madura en Israel.
La crisis de Gaza ya se transformó en un problema geopolítico que obstruye la contraofensiva imperial desplegada por Biden en Ucrania y el Mar de China. Erosiona, además, los acuerdos de Abraham, que le permitieron a Israel establecer relaciones diplomáticas con varios gobiernos árabes. Lo más problemático para Washington es el alejamiento de los sauditas, porque ese distanciamiento refuerza la aproximación de la monarquía petrolera a los BRICS, su coqueteo con China y su evaluación de los proyectos que propician la desdolarización de economía mundial.
Las masacres de Gaza también amenazan el alineamiento de Egipto con Estados Unidos y obstruyen los planes de repetir en Siria la cirugía consumada en Irak. La agresión israelí resucita además el intento de Trump y Netanyahu de frustrar por la fuerza, la conversión de Irán en una potencia nuclear. Tel Aviv está empeñada en impedir cualquier desafío a su monopolio atómico regional. La ultraderecha mundial -que idolatra a Israel- está pendiente de las próximas acciones de un referente que convulsiona la geopolítica mundial.

CIVILES, REHENES Y EQUIPARACIONES
El operativo de Hamas fue un legítimo intento de corroer la prisión que Israel ha construido en torno a Gaza. Ejerció su derecho a la resistencia armada, venciendo la resignación que impera en la ANP.
Esa valiente actitud ha desatado numerosas polémicas en el progresismo y la izquierda, cuya clarificación exige recordar, ante todo, que Israel es un Estado terrorista responsable de incontables crímenes. Por el contrario, Hamas actúa como una organización político-militar de la resistencia palestina y no incluye los rasgos que podrían situarla en el universo del terrorismo. Su metodología evita ataques deliberados contra los civiles y rehúye los sacrificios individuales de los suicidas, que se autodestruyen en las cercanías del enemigo.
Hamas cuenta con el sostén masivo de la población y ha convalidado su primacía en las urnas. No actúa en soledad. Su espectacular incursión fue acompañada por otras organizaciones (Jihad, FPLP, FDLP) que aprobaron públicamente el operativo. Ese cúmulo de evidencias confirma la raigambre de Hamas en los habitantes de Gaza y torna ridícula su comparación con Bin Laden.
Con su operativo en la frontera buscó tomar rehenes para viabilizar un intercambio de prisioneros. No hay nada original, ni novedoso en esa práctica usual de la guerra. Hamas propuso de inmediato el canje de detenidos, recordando que hasta la fecha se han concertado 38 acuerdos de ese tipo. La equiparación de Hamas con Netanyahu es un frecuente error de algunos exponentes del progresismo. Retoma el equívoco de los ¨dos demonios¨, olvidando el abismo que separa a un opresor de un oprimido y a un Estado colonialista de un pueblo despojado. No es cierto que ambos bandos tienen el mismo derecho a la defensa, puesto que uno de ellos actúa como atacante. No hay equivalencia en Gaza entre victimarios y víctimas, ni paridad en Cisjordania entre carceleros y encarcelados.
En otras evaluaciones, la similitud entre los resistentes palestinos y la derecha israelí es justificada señalando que ambas partes optan por la violencia, en desmedro de una solución política. Pero se omite que Hamas acepta la solución de los dos Estados, que los gobiernos israelíes han pulverizado para forzar la anexión de Cisjordania.
También se cuestiona que Hamas incurra en operativos militares contra civiles, desconociendo la abismal diferencia que en ese terreno lo separa de Israel. El número de víctimas inocentes provocado por los milicianos palestinos es irrisorio, en comparación con las matanzas consumadas por el Estado sionista. Además, la división entre civiles y uniformados es muy borrosa en Israel, dada la militarización general de la población y el mortífero protagonismo de los colonos que asumen los dos perfiles en forma simultánea.
Algunos pensadores también destacan que Hamas es una filial de los Hermanos Musulmanes y que actúa como organización religioso-fundamentalista, propiciando proyectos perniciosos para el anhelo de igualdad o democracia. Este señalamiento es cierto y contribuye a recordar el nefasto efecto de las políticas confesionales que dividen a los oprimidos. Ese curso puede desembocar en la gestación de Estados teocrático-reaccionarios como el imperante en Irán. No que hay silenciar las regresivas consecuencias de una impronta que corroe a tantas sociedades del mundo árabe.
Pero ese negativo perfil de Hamas no altera la legitimidad de su resistencia anticolonial. Es una las principales organizaciones de los palestinos que confronta con la opresión sionista. Para retomar una comparación muy señalada (pero poco conceptualizada), en la gesta del gueto de Varsovia participaron sionistas, socialistas, religiosos y apartidarios. Esa diversidad de militantes compartió el mismo heroísmo y la filiación de cada resistente no fue relevante en la batalla contra los nazis. La misma evaluación se extiende en la actualidad a todas corrientes del universo palestino.
Algunos pensadores elogian la bravura de Hamas, pero cuestionan la eficacia de su acción. Consideran inútil la continuidad de la acción armada frente a un enemigo tan poderoso como Israel. Entienden que la superioridad militar sionista es abrumadora y que cualquier desafío en el terreno bélico está condenado al fracaso. Curiosamente no extienden ese tipo de contrastes a otros conflictos en curso (como Ucrania) y omiten que Israel fue a veces derrotado (por ejemplo, en el Líbano).
En los hechos, resulta muy difícil dirimir a priori cuáles son las batallas con posibilidades de éxito y cuáles devendrán en apuestas pérdidas. Muy pocas voces previeron las sorpresivas victorias que cambiaron el curso de la historia contemporánea. Los propios dirigentes de Hamas son conscientes de la adversidad que enfrentan, pero recuerdan que ningún pueblo elige las condiciones en que debe batallar. También realzan como antecedentes de su propia acción, los enormes sacrificios de los soviéticos contra los nazis, de los vietnamitas contra los marines y de los argelinos contra las tropas francesas.
La estrategia de sustituir la lucha armada por movilizaciones, huelgas y piquetes es también resaltada, para lograr una confluencia con los trabajadores israelíes, en una acción común contra los opresores de toda la región. Pero esa convergencia -enunciada con los patrones habituales del internacionalismo de la
izquierda- afronta serios escollos en este caso. Israel ya es una nación con singularidades y derechos propios, pero se asienta en una plataforma sionista que obstruye la convergencia de los oprimidos de distintas comunidades. Esa confluencia es necesaria y posible, pero constituye tan sólo un ingrediente de la lucha anticolonial palestina. El éxito de esa batalla requiere derrotas militares que neutralicen el expansionismo israelí.


CAMPAÑAS, EJEMPLOS Y PRIORIDADES
Muy pocos acontecimientos tienen el impacto mundial de lo ocurrido en Gaza. Existe una gran sensibilidad por la causa palestina en todos los rincones del planeta. Es una bandera que recrea la polarización política entre la izquierda y la derecha y que empuja a asumir pronunciamientos sin medias tintas. Las manifestaciones callejeras en favor de ambos bandos se multiplican creando una inusitada variedad de escenarios. El laborismo inglés se ha quebrantado en medio de gigantescas movilizaciones, el gobierno francés convalida las marchas sionistas e ilegaliza su contraparte palestina. Pero la solidaridad con Gaza gana adeptos en todas partes y los estibadores de muchos puertos se han negado a cargar material bélico para Israel.
Es también impactante cómo en Estados Unidos una creciente porción de la comunidad judía, exige en la calle que los crímenes de Israel no se efectivicen en ¨nuestro nombre¨.
Reconocidos artistas e intelectuales suman su voz a la exigencia de un alto el fuego y se acrecienta la campaña para instaurar un boicot de académicos a las instituciones israelíes. Las demandas inmediatas son muy precisas. Cese inmediato de los bombardeos, ingreso irrestricto de la ayuda humanitaria y protección de las Naciones Unidas a la población civil.
Estas exigencias realimentan la campaña BDS (boicot, desinversión y sanciones) contra el régimen sionista, que motorizan muchas organizaciones internacionales.
Con ese tipo de acciones se responde también al reclamo unilateral de liberar a los rehenes retenidos por Hamas, sin considerar el correspondiente canje de prisioneros. Es completamente sesgado formular un pedido de pacificación a un bando, ignorando la contrapartida del otro. Israel mantiene encarcelados a un sinnúmero de civiles mediante juicios manipulados y su maltrato a los menores palestinos supera todo lo conocido.
El conflicto en curso también reanima el debate sobre las soluciones de largo plazo al principal conflicto de Medio Oriente. El contrapunto entre la fórmula de los dos Estados con la propuesta de un sólo Estado vuelve a irrumpir, sin ningún horizonte de concreción próxima de cualquiera de esas opciones. La expectativa de los dos Estados quedó pulverizada por el reforzamiento de colonización luego de la pantomima de Oslo. Pero la posibilidad de una eventual convivencia entre ambas naciones no está excluida, si en algún momento se conquista una vuelta de Israel a las fronteras de 1967, junto a cierta modalidad de retorno de los refugiados.
La perspectiva opuesta de un sólo Estado democrático y laico -que retoma la vieja bandera de la OLP y emula el modelo sudafricano- constituye la mejor perspectiva. Pero su factibilidad es una persistente incógnita. Por el momento lo único cierto es que la gestación de ambas soluciones transita por la resistencia activa del pueblo palestino. El derecho a desenvolver esa batalla por todos los medios es el principio ordenador de cualquier escenario progresista para el Medio Oriente.

AMERICA LATINA Y ARGENTINA
En América Latina se verifica la misma tensión que en otros puntos del planeta, entre manifestantes a favor y en contra de la causa palestina. Pero las definiciones de ciertos gobiernos impactan fuera de la región. La decisión de Bolivia de romper relaciones diplomáticas con Israel aporta el mejor ejemplo de la conducta a seguir. Es el curso que sintoniza con la actitud de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Con esta drástica postura se pavimenta el camino para aislar a un régimen criminal,recreando la campaña que contribuyó a demoler el apartheid sudafricano. La opresión de la minoría blanca sobre la mayoría negra en África Austral, no fue quebrantada con simples pronunciamientos de las Naciones Unidos. El Apartheid fue sepultado con acciones de confrontación explícita, que dejaron a los racistas en total soledad mundial. La repetición de esa fórmula contra el régimen sionista es el sendero más efectivo para potenciar la lucha de los palestinos.
También Petro en Colombia asumió una conducta digna, al suspender relaciones con Israel y abrir una embajada en Ramallah. Tiene muy presente la activa participación de los gendarmes sionistas en las matanzas perpetradas por los paramilitares del uribismo. Por el contrario, Boric ha olvidado cómo los mercenarios israelíes adiestraron a los gendarmes chilenos en el disparo a los ojos, durante la revuelta del 2019. AMLO y Lula aportan ingredientes de otro tipo al postularse como mediadores de un alto el fuego.
Por múltiples razones, Argentina ocupa el principal lugar de la región en el conflicto de Medio Oriente. No por casualidad es el país con más rehenes extranjeros en manos de Hamas. Hay una elevada proporción de inmigrantes de origen judío provenientes del Cono Sur (incluso en las zonas fronterizas).
Desde el menemismo, Argentina quedó muy enlazada con las distintas peripecias de la confrontación de Israel con sus vecinos. Por eso Buenos Aires fue el trágico epicentro de los atentados a la Embajada y a la AMIA. La derecha sionista ha logrado en las últimas décadas un inédito grado de incidencia en la política del país, a través de numerosos personajes. El macrismo es su principal aliado y ha facilitado la penetración del Mossad en todas las redes de los servicios de inteligencia. El tráfico de armas ha sido un campo de gran asociación de Israel con gendarmes y capitalistas argentinos.
Esa intensidad de las relaciones con Tel Aviv ha salido nuevamente a flote, con los pronunciamientos del establishment a favor de Israel. Ese favoritismo se extiende a la sesgada cobertura que brindan los medios de comunicación de los sucesos de Gaza. Hay un pelotón de corresponsales en un bando y una total desinformación de lo que sucede en el campo opuesto.
Los derechistas del PRO han subido la apuesta y exigen la criminalización de las voces favorables a Palestina. Reclaman que los defensores de esa causa sean penalizados con acusaciones de terrorismo en los estrados judiciales.
Pero lo más indignante es la sumisión del justicialismo al blanqueo de los crímenes de Israel. El gobierno de Fernández navega en su habitual indeterminación, pero Massa apoya sin ambigüedades a los responsables de la matanza en curso. Fue el más enfático en la condena de Hamas durante los debates presidenciales y concurre a las convocatorias de la DAIA para repetir el libreto del sionismo. En este terreno no se diferencia de Milei.
Afortunadamente, la respuesta del campo opuesto se afianza día tras día. Esa reacción es muy visible en la concurrencia a las marchas que organizan las agrupaciones de origen árabe, junto al progresismo y la izquierda. Una creciente porción de la sociedad sintoniza con la causa palestina y expresa su admiración por la heroica resistencia de una población, que se defiende como puede. Si la solidaridad mundial rodea esa extraordinaria voluntad de lucha, tarde o temprano Palestina vencerá.