Maruco

Maruco

26Nov23 0 Por Miguel Ángel Luna

Maruco llegó al boliche con cara de pocos amigos.

Saludó con un gruñido, que los demás parroquianos interpretaron como un “buenas tardes”. Y se concentró en un cinzano que el bolichero le sirvió sin que se lo pidiera.

Lo de “Maruco”, vino porque cuando llegó al mundo la familia Gutiérrez ya estaba completa de Marios. Estaba el abuelo Mario que se jubiló de puestero de La Irenita; su padre Marito que todavía trabajaba de tractorista de Salvarezze; y su tía Mariela, ama de casa, casada con el alambrador Mario García. Así que, desde chico, hubo que decirle “Maruco” para ahorrar confusiones.

Los que estaban presentes, que lo conocen a Maruco cuando anda alunado, siguieron con la conversación. Además, ya sabían los motivos de su mutismo: Le carnearon una vaquillona. Y a Maruco le podés hacer cualquier cosa que no se enoja. Pero carnearle una vaquillona para llevarse los cuartos ya es demasiado. Y es una maldad, porque el patrón tiene quinientas vacas y Maruco solo tenía tres.

Maruco hace días que sueña con la vaquillona petiza que había criado de guacha. Se acuerda del día que se la regalaron. – La enana, pa usted. Y no me las junte con las del plantel, porque me arruina el lote- . Le dijo el patrón.

 “Petiza, pero mantenida”, pensó Maruco. Lo que no crecía de alto lo crecía de ancho.

En el sueño, escucha que los perros están toreando y se ve a sí mismo levantándose de apuro, agarrando la escopeta del 14 y corriendo en plena noche a campo traviesa. Tropezando y cayéndose porque metió el pie en una cueva de peludo. Y en ese momento, fue en ese momento, que vio llegar la camioneta con las luces azules. Y se acuerda que se echó a reir y a gritar: – Se Jodieron, se jodieron…. . Y sueña que, ahora que los agarraron a los cuatreros, les va a poder ver las caras.

Y el sueño termina siempre cuando llega al alambrado del camino y ya no están luces, ni los cuatreros. Y se encuentra a la colorada, lo que queda, que lo está mirando, colgada de un alambre. Como si le estuviera reclamando.

-Ahora que ganó el Milei va a cambiar todo-, se entusiasmó el pardo Medina, que siempre fue medio pavote. El bolichero no dijo nada, porque con tan pocos clientes, más vale no perderlos por discusiones políticas.  Y allí fue que Maruco, que ya iba por el tercer cinzano, hizo una pregunta inesperada: – Y al milico… ¿a ese también lo cambian?

Los parroquianos se quedaron mudos, pero como ya conté:  Medina es medio pavote. Y se metió a lo hondo: – No, a ese no. Los milicos están de fiesta. La otra noche se estaban comiendo un asado…

-Por mi: vos, el Milei y los milicos, se pueden ir todos al carajo- dijo Maruco, y se levantó de la silla. Y se fue yendo despacio, por si alguno le retrucaba.