Cada día te quiero más

Cada día te quiero más

4Dic23 1 Por Matías Gianfelice

Riquelme encabezó una multitud bostera que marchó de Parque Lezama a la Bombonera exigiendo elecciones y la no intervención del club. Macri, el gran enemigo de la tarde. Román: la marcha del ídolo que se vuelve mito.

Breve resumen de los hechos concretos

Riquelme, actual vicepresidente de Boca Juniors, se lanzó como candidato a presidente y enfrente se postuló Mauricio Macri como vice de la fórmula que comparte con su empleado en Socma y Boca, Andrés Ibarra. La jueza Alejandra Abrevaya determinó el martes 28 de noviembre, dar lugar a la presentación judicial del candidato Ibarra, quien pidió la suspensión de las elecciones por irregularidades en el padrón. Dichas irregularidades se sustentaban en denuncias telefónicas y datos aportados por una ex empleada de Boca (NdR: dicha empleada está en juicio con el club), sobre el pase de 13 mil socios de la categoría adherentes a activos, es decir con plenos derechos a votar (NdR: el número real de conflicto es de 4 mil y pico de socios). La respuesta de Riquelme y el oficialismo de Boca fue rechazar la acusación y demostrar que la denuncia toma en cuenta socixs fallecidxs, menores de edad que no votan y que, además, el procedimiento de asociación se ajusta a lo que dice el estatuto del club; poniendo como ejemplo que la comisión directiva anterior (la dirigencia macrista comandada por Daniel Angelici) utilizando el mismo mecanismo, hizo más de 51 mil socios. Números y procedimientos que la propia justicia avaló en 2019. La suspensión electoral motivó una conferencia de prensa de Riquelme en la semana y una mediación entre las partes que no llegó a buen puerto. El oficialismo proponía que esos 4 mil y pico de socios votaran en una mesa separada y que si el resultado final podía variar según esa mesa, entonces que la elección quedara a revisión hasta que se expida la justicia; mientras que, si el resultado no cambiaba más allá del voto de esa mesa, que todo se diera por resuelto. Macri y su empleado Ibarra no aceptaron y exigieron que se les niegue el derecho a votar a esxs socixs plenos. Ante esta situación el poder judicial determinó la suspensión de la votación de este 3 de diciembre. Este viernes 1/12 Boca apeló la suspensión de las elecciones y recusó a la jueza Abrevaya. Ahora la jueza debe informar a la oposición y si en el plazo de 72 hs no hay acuerdo entra las partes, la propia jueza girará la apelación a la Cámara; quien deberá resolver si hace lugar al pedido de Boca o sostiene el fallo de Abrevaya. Si hace lugar y acelera el trámite, entonces queda un pequeño margen para que las elecciones sean el domingo 17 de diciembre. En cambio, si rechaza la apelación de Boca, entonces el poder judicial deberá resolver la cuestión de fondo, es decir, la legalidad o no del padrón y recién ahí se podrá votar. Eso podría demandar, feria judicial mediante, entre 2 y 3 meses. En el medio, y no es para nada un dato menor, hay cambio de gobierno. Milei asume la presidencia, a la cual llega gracias a la ayuda de Macri. Se sabe que cambiará las autoridades de la IGJ, organismo que puede entrometerse en el funcionamiento de las asociaciones civiles. Corre fuerte el rumor de que la jugada de la oposición en Boca, sería que la IGJ intervenga el club una vez pasado el tiempo de mandato de la actual comisión directiva. Sería imponer un gobierno de facto en un club ordenado y sólido en lo económico e institucional, sería imponer un gobierno no elegido por el voto de lxs socixs en el club más popular del país. Suena a locura, pero todo puede ser posible.

Crónica de una jornada histórica

El Parque Lezama es una puerta de entrada a la República de La Boca. Es domingo y llueve en Buenos Aires, la tarde gris va dejando el paso a la irrupción de un vendaval. Usted pensará que todo se tiñe de dos colores: azul y amarillo. Me fundo en esa marea bostera que me contiene y que me identifica desde que nací. Pero todxs sepan que este aluvión humano tiene en el aire colores de muchísimas camisetas. Hay una efervescencia popular que trasciende a Boca Juniors y empieza a condensar una consigna que se vuelve trinchera:

No a la sociedad anónimas, los clubes son de los socios

Que Boca es un fenómeno social, popular y cultural que desborda el fútbol ya no caben dudas. Es tan visceral como sólo el fútbol puede serlo en este pueblo que aprende a caminar pateando una pelota. Me muevo entre banderas bosteras, camperas de peñas y agrupaciones, carteles a mano exigiendo las elecciones, puteadas a Macri y mucho pasión plebeya. Hay mates por todos lados, hay vinos y faso, cantamos, gritamos, saltamos y nos abrazamos. En el medio, puteamos y mucho. La expresión de bronca y enojo galopa a la par de la pasión y el amor por los colores. Hay un caldo social que entre bombos, trompetas y gritos de cancha se está cocinando. Si después será guiso y olla de la que alimentemos muchas rebeldías, el tiempo y nuestras convicciones lo dirán. Pero hoy hay un fuego encendido y es alrededor de las elecciones de fútbol más importantes de la República Argentina. Irala se vuelve densa y las lomas verdes del Parque ya no se distinguen, la cadena de comida chatarra cierra las rejas temerosos de más invasiones morochas, mientras en el cantero con palmeras del estacionamiento la monada bostera improvisa un baño a cielo abierto. La esquina de la avenida Almirante Brown ya se parece a la segunda bandeja que da a Casa Amarilla, el metrobus y los techos de algunas camionetas son para-avalanchas con señoras, pibitxs y muchachxs que gritan por Boca, por Riquelme y contra Macri.

Algo se mueve entro todxs lxs que estamos aguantando los trapos, se corre el rumor de que el ídolo ya está ahí, adelante y encabezando la marcha. Es filmado y fotografiado, rápidamente se vuelve viral en las redes, el 10, Román, la bandera de esta cruzada está con la pilcha del club gritando como una hincha más en la popular. La Brown se nos vuelve propia e invadida, avanza la multitud, pasamos las vías y Casa Amarilla y doblamos por Espinosa. El polideportivo Benito Quinquela Martín, las nuevas canchas de Hockey, el centro médico renovado, las cancha de basquet, las de sintético y más allá la pileta y el platón. Boca se nos muestra club y social, se muestra atlético y abierto a la comunidad. La Boca es el barrio más mágico e inclasificable de esta capital porteña. Bordeada de un río podrido, llena de chaperíos a colores. La Boca es pueblo y frustraciones, y tiene en su centro un corazón de cemento azul y amarillo que late con la sangre de su gente excitada.

Las decenas de miles (la cuenta oficial de Boca en Instagram habla de 35 mil personas) superamos el alambrado y ya sea por las vías o por el playón copamos la tapia final que nos separa de Brandsen 805. La dirección oficial del amor bostero nos queda a unos metros. Emerge ahí un Templo que nos conmueve en su historia, incluso en sus latidos con rajaduras. La Bombonera observa como una multitud apretada se besa el escudo y el alma, se rozan los cuerpos y las pasiones. Hay un deseo de luchar por aquello que sentimos en peligro. La privatización de los últimos rincones de amor y rebeldía. Nadie se mueve. Toda la marea humana mira las tapias negras por donde asoman, humildes y de antemano austeros, unos pequeños parlantes. Se hace desear unos minutos pero emerge de allí el cuerpo hecho bandera. Román habla. Casi nadie puede escucharlo. Pero habla. No dice grandes conceptos ni aburre con largos monólogos. Un par de minutos sencillos, grita “Bostero soy…y cada día te quiero más”. La bruma de bengalas azules y amarillas envuelven su figura y se va. No lo vemos pero inevitablemente está. En cada persona Román ya es presencia impostergable. Ha muerto un ídolo para que nazca el mito. Hace unas semanas que ese mito se forja al calor de sus convicciones y sus acciones. Al ritmo de las nuevas tecnologías. Hay un mito, un héroe que se vuelve bandera. Hoy es un domingo ya no tan gris como hace unas horas, Román sabrá (o quizás no) que su lucha ya es la del pueblo futbolero, no es más solo bostera. Hay un rumor que nos acompaña mientras dejamos La Bombonera: no está muerto quien pelea y la lucha es más pareja si la hacemos compañera.

¿Le dejaremos los colores que amamos a los negocios del mercado? ¿Hasta que íntimas pasiones estaremos dispuestos a privatizar?

La pelota se está moviendo, el rival pega fuerte y con al árbitro a su favor, pero hoy me susurró un pibito de los conventillos de La Boca: “Tranquilo maestro, el 10 juega para nosotros”

Carteles contra Ibarra, Macri, el poder judicial y la oposición. (Foto: Tramas)