¿Un kg de carne a 25.000 pesos?

¿Un kg de carne a 25.000 pesos?

8Dic23 0 Por Guillermo Cieza

Un comentario del ex dirigente de la Federación  Agraria Argentina , Eduardo Buzzi , encendió las alarmas. Pagar la carne vacuna en el mostrador a precios europeos, elevaría los valores de  esta mercadería muy lejos de los bolsillos populares. La carne está en suba, pero la cuestión es un poco más compleja.

En primer lugar, como ya lo he comentado en esta columna, los stocks vacunos en el país son los mismos que hace 50 años: Alrededor de 50 millones de cabezas. Nuestro país ha duplicado la población en ese período, lo que determina que haya menos carne para consumir. Los números acompañan ese proceso. Se pasó de un consumo entre 80 y 100 kg. anuales por persona a un consumo de entre 40 y 50 kg por persona. Pero esos kgs no se reparten equitativamente en toda la población. Los sectores con ingresos más altos siguen comiendo mucha carne vacuna y los sectores de menores recursos la reemplazan por otras mercaderías proveedoras de  proteínas animales más baratas, como el pollo y el cerdo.

En los últimos diez años la exportación se está llevando un 30% de lo que se faena en el país. Estos números se aproximan a los mejores índices de hace cincuenta años, lo que cambia son los destinos y el tipo de carne que se llevan. En los años 70 casi toda la exportación eran cortes de novillo de muy buena calidad que estaban destinados al mercado europeo, y se completaba con cortes de vacas que se destinaban a la URSS. En la actualidad China se lleva el 80% de las exportaciones, pero con la particularidad que compra animales de baja calidad que se venden como conserva o manufactura, y cortes de baja calidad como el brazuelo y el garrón. Y ahora está agregando las menudencias. Las exportaciones chinas elevan el piso del resto de la categorías, y determinan también que la carne de vaca regular que se vendía en los barrios haya desaparecido. Como la producción de este tipo de mercadería no alcanza para la demanda china los exportadores completan con animales de otras categorías y empiezan a competir por carnes de mejor calidad con supermercados y carnicerías que abastecen el mercado interno.

La intervención estatal en el mercado de carnes no fue muy importante en los últimos años. Apenas se concertaron rebajas para algunas toneladas de cortes populares que servían más a la estadística que a disminuir precios;  se cobraron retenciones muy reducidas y hubo algunos aprietes en el mercado de Cañuelas a los compradores, en algunos momentos de subas de los valores. En realidad, quien mantuvo los precios bajos y por debajo de la inflación durante todo 2022 y los primeros seis meses de 2023 fue la sequía. Por culpa de las lluvias escasas muchos productores bajaron carga por falta de pasto, o se deshicieron  de hacienda para pagar cuentas. El resultado es que el stock se redujo en  2 millones de cabezas y se esperan para 2024 alrededor de un millón de terneros menos, lo que augura que el año próximo va a bajar la faena, y la carne será aún más escasa. A esta situación, que sustenta el crecimiento de los precios, se agregarán los efectos de la devaluación, que aportará más pesos para ofertar a la exportación y también la incertidumbre que promoverá que muchos inversionistas traten de asegurarse comprando animales que, como bien escaso, solo pueden aumentar de precio.

Que se vaya a vender carne en los mostradores argentinos a precios europeos, parece un disparate. Tendrían que invertirse los porcentajes de lo que se lleva el mercado interno y la exportación.  Y los salarios argentinos, que perdieron otro 9% con la gestión de Alberto Fernández, cada vez pueden comprar menos.  Lo que es seguro es que los  bolsillos flacos, más la ausencia total de controles de precios que promoverá Milei va a convertir no  solo la carne, sino también las harinas, la yerba, los fideos o el arroz, en artículos de lujo.