40 años ¿Y después?

40 años ¿Y después?

10Ene24 0 Por Francisco René Santucho

Es este “después” que sorprende y no. Este presente lentamente enmudece la conmemoración por las cuatro décadas de democracia. De algún modo constituida como una democracia de baja intensidad, la realidad corre un velo y perturba por la gravedad expuesta en el nuevo escenario político.

Las medidas de gobierno de La Libertad Avanza como son el DNU 70/2023, decretazo con 366 artículos, el proyecto Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos como se titula la mega ley Ómnibus con los 664 artículos y, por supuesto las graves medidas adoptadas de carácter represivo con la prohibición de reunirse y manifestarse y sanciones a quienes protestan, esto es el Protocolo de Seguridad, muestran una escena sumamente preocupante.

Queda claro lo que el gobierno intenta imponer, pero lo más claro del asunto es el “cómo” determinado por el gesto autoritario con el que atenta contra las representaciones democráticas y la Constitución Nacional. Asimismo, queda de manifiesto la voluntad de la clase dominante, el bloque de poder concentrado en el mayor administrador de fondos como es Black Rock. La prisa en el intento por avanzar en la suma del poder público para el ejecutivo (facultades extraordinarias) evidencia el deseo de gobernar con formas que se apartan de la esencial división de poderes y sobre las que se asienta la institucionalidad republicana. Ante esto sería fundamental que los legisladores obren a derecho y tengan en cuenta el art. 227 del Código Penal y art. 29 de nuestra Carta Magna.

El “shock” con el que la aventura mesiánica toma las decisiones para todxs lxs argentinxs es una rara avis: el voto popular queda a merced de las “las fuerzas del cielo” impartidas como un rayo a través del bastón canino. Inédita forma con que esta derecha radicalizada asume la conducción del gobierno.

Entre otras cosas, esto desnuda la crisis orgánica por la que transita esta democracia. Podemos decir, encuentra al sistema político en un estado crónico de descomposición. La circunstancia de esta coyuntura enrostra una gran paradoja. Cuando el mismo día de recordación del retorno de la democracia y evocación del Día Internacional de los Derechos Humanos, el pasado 10 de diciembre, LLA juraba la Constitución Nacional y celebraba el ascenso de un gobierno reivindicador y defensor de la dictadura y de los genocidas, fundamentalmente de su plan económico.

Por lo tanto, el presidente Milei y el retorno del macrismo al gobierno, el reacomodamiento de lxs tránsfugas y la colaboración y adhesión de otrxs tantxs con la excusa cómplice de la gobernabilidad, son el signo de todo esto, el síntoma de una democracia liberal representativa, que agoniza.

En nuestro país, podríamos decir, está latente más que en cualquier otro país del continente y quizás del planeta –se jacta Milei de ser el primer presidente liberal libertario del mundo- lo sintomático de una nueva etapa histórica. Con las ideas de la “libertad” que la remonta a los tiempos de la denominada Generación del 37 vuelve a orientar el curso de la Organización Nacional. Un bucle en la historia de una nueva conquista por otros medios (o no), postulando afrentas a libertades y derechos para la instauración del modelo de acumulación primitiva y extractivismo de exportación.

Para la concreción de la pretendida expansión económica (la historia nos enseña quienes son los únicos benefactores con dicha expansión) plantea aplanar y quitar derechos laborales y civiles, cercenar libertades, saquear las riquezas y los recursos naturales por manos extranjeras, entregar las empresas de bandera, habilitar la extranjerización mediante la desregulación de adquisición de tierras rurales, entre tantas otras. Va de lo dictatorial hasta lo absurdo y disparatado en muchos casos, como el uso de Togas o la propuesta de modificación de incisos inexistentes como el del art. 1539 Inc. “C” del Código Civil y Comercial (La Nación 02/01/2024). Todas agravan y recrudecen la pérdida de soberanía y generan una exclusión aún mayor de la que ya se tenía. Allí resitúa aquella gran división “civilización o barbarie” y conecta nervios que emparenta el objeto de crueldad de la represión por parte de un poder centralizado con la reivindicación que hacen de la dictadura genocida del Proceso de Reorganización Nacional.

Por lo tanto, en este tiempo y territorio, con la crisis financiera internacional desde el 2008 estamos insertos en la condición del interregno gramsciano. Milei, es aquel fenómeno morboso surgido del agotamiento de las propias contradicciones engendradas en el capitalismo, la pérdida de vigencia de ciertos consensos y el debilitamiento de valores liberales como amparo de esta democracia liberal burguesa. Un horizonte sombrío qué, una vez expuesto el “huevo de la serpiente”, hacía predecible el proceder represivo y persecutorio, recesivo y regresivo en materia económica. Además, con doctrinas que se apoyan en una plataforma reaccionaria, que estrecha fuertes lazos entre la creencia mística-religiosa con la política y el Estado. Transitamos así el oscuro “síntoma mórbido” que describía el comunista revolucionario y “filosofo de la praxis”, Gramsci, de un orden global que llega a su fin, hasta tanto, y tal vez en unos años, el hasta ahora enigma geopolítico afirme un esquema hegemónico y estabilice un nuevo orden de acumulación capitalista. Pues aún no se vislumbra algo diferente más que la crisis civilizatoria.

El orden político se ha corrido y ha quedado en un lugar ultraconservador y reaccionario. Cabe el interrogante si es solo una torsión, o bien, si la forma democrática que conocemos ha quedado atrás cancelada tras ser capturada por el neoliberalismo que ha estructurado un modo de vivir mercantilizado. De lo que no cabe dudas es que hay una crisis de la democracia que no es solo aquí en nuestro país, pasa en muchos países, podríamos decir incluso que es una realidad global de las democracias tal como la conocemos. ¿Pero entonces, hay otra forma de democracia? ¿Son estas democracias las que resultan ineficientes e ineficaces dado el nivel  alcanzado por el capitalismo y su versión neoliberal?

En efecto es necesario y urgente, por eso de que “quien olvida está condenado a repetir”, discutir la cuestión, no menor, que ha precedido a estos acontecimientos en nuestro país. De ahí la ineludible necesidad de llegar hasta la médula. No hacerlo no le hace nada bien a la política del campo popular. Ha quedado demostrado, que parecerse a quien se enfrenta -a la derecha con candidatos de derecha para ganarle, garantiza triunfo de derecha- para sacarle votos, es por lo menos, de un diletantismo político, un eclecticismo progresista o una fullería peligrosa. Se ha incubado y se ha criado al monstruo a partir de la idea de debilitar a la oposición en ocasión de las PASO. Esto ha sido reconocido por el precandidato en las primarias Juan Grabois y también  recordado, no hace mucho, en un editorial por la conductora radial, Cynthia Garcia, que decía: “Pero también me viene a la mente, y hay que decirlo, que la construcción política de Unión por la Patria le armó listas a Milei. Lo reconoció el propio Massa. Le pusieron fiscales en las elecciones.”

Cuando se puede nombrar primero cual es el fracaso del progresismo, producto de sus propios límites en esta etapa, se puede luego analizar las circunstancias que lo han conducido. Lo cual ayuda a poner claridad sobre cuáles han sido las demandas desoídas que han hecho emerger a la ultraderecha y capitalizar los reclamos que han interpelado a la sociedad. Si bien muchas de las causas tienen que ver con la declinación de las condiciones de vida por inflación, precariedad y crecimiento de la pobreza, curiosamente la fuga esperanzadora pero ilusoria a la vez de esas angustias ha ido al peor lugar, un régimen de empobrecimiento que rápidamente va estructurando LLA. Por ello es importante el proceso analítico crítico pues activa una mejor comprensión de una realidad para poder cambiarla y pone luz sobre cuál es el sujeto colectivo y cual las herramientas y tareas que comprende al nuevo proceso.   

Es imprescindible, entonces, pensar y forjar un proyecto político que tienda una nueva pedagogía política y que a su vez interprete el lenguaje de los tiempos actuales. Un modelo participativo de democracia en la que la forma política pueda oír el persistente susurro que emite el bajo pueblo. Con lo político como un modo de pensar y habitar que se da en un territorio, en las comunidades, la que circula en los ámbitos asamblearios, la que defiende los recursos naturales, la que se genera en los espacios culturales con otros lenguajes, la cultura, decía Gramsci, “como potencia fundamental del pensar”. Es decir, la forma política que se mueve con el movimiento del pueblo. Ante la agresiva prepotencia del capital que avasalla, humilla y fragmenta a la humanidad, hay qué, desde lo más básico, recuperar la relación social vecinal y comunitaria, colectivizar los sentimientos, los pensamientos, la idea del beneficio común y el sentido de comunidad.

Sin perder de vista que la matriz productiva y distributiva ha ido consolidándose con los múltiples mecanismos de despojo instaurados en todos estos años. En simultáneo han incubado una subjetividad forjada al calor del individualismo neoliberal y la dictadura del mercado con el guiño de un Estado en su concepción liberal burgués. Lo que demuestra que se ordena el mercado laboral con la desposesión y transferencia de los ingresos de abajo hacia arriba. Un dato esclarecedor del despojo son los casi 10 millones de trabajadores informales “beneficiarios” del Impuesto Familiar de Emergencia (IFE) en una población de 47 millones y más del 40% de pobreza.

De alguna manera esto explica que a lo largo de estos años ha habido una pavimentación para que la llegada sea aún más rápida. Una mercantilización, una economización de la vida fragiliza cierta ética que sostiene los valores democráticos. Un capitalismo de Estado se ha ido moldeando con los diferentes gobiernos. Al decir de Alejandro Galliano, que bien ilustra la idea de cómo la modernidad y más efectivamente el neoliberalismo triangula con el capital en un vértice, el mercado en otro vértice y el Estado en otro, siendo luego el Estado el que ordena los mercados para que el capital pueda acumularse.

A partir de lo cual habría que pensar de nuevo las claves para interpretar el presente en este nuevo escenario que se ha abierto y en el que nos encontramos y nos toca habitar de una manera que aún no encontramos la forma o el cómo o el que hacer -y que no- de forma organizada, con una dirección política que organice y democratice de abajo hacia arriba, y una referencia que nos estimule, que nos entusiasme, un horizonte al cual aspirar. Una imagen de futuro que podamos ir construyendo en este presente.

¿Se puede resistir y pensar un nuevo proyecto? Es un interrogante que siempre vuelve cuando lo urgente se antepone a lo importante. En las sociedades que están divididas en clases, la lucha de clases no se termina. El desarrollo de la sociedad humana está supeditado a ese movimiento. Lo que sí admite este presente es que hay que repensar la forma democrática a partir del momento actual y potenciar expresiones y experiencias que vienen bregando por mayor democratización de la democracia. Recuperar esa utopía ante el presente distópico que estos facinerosos de extrema derecha postulan es a partir de la real democratización, la de la justa distribución de la riqueza y de la propiedad.  

Francisco Santucho

Imagen destacada: Hoy Día Córdoba