Pialadores mancos

Pialadores mancos

21Ene24 0 Por Miguel Ángel Luna

En el paraje hay pocas cosas nuevas para comentar, por eso en el boliche siempre se habla de los mismo: del precio del ternero, del clima, de lo cara que se ha puesto la mercadería, y algún viejo echa un cuento para matizar.

El domingo a la tarde estaban los de siempre y Ricardito Osuna estaba haciendo el cuento de una yerra en la Estancia la Armonía en los años 60. Allí lo conoció al manco Peralta, el pialador más mentado de la Cuenca del Salado.  

Según Orsuna, Peralta no había errado un tiro en toda la mañana. Y contó también que en el asado del mediodía habían tomado bastante, y ya se sabe que el alcohol suelta la lengua y anima el coraje. Y fue por eso que se concertó una apuesta. Un pueblero rico lo desafió al paisano a acertar un pial con los ojos vendados. Si perdía Peralta, tenía que regalarle su famoso lazo. Pero si ganaba, podía elegir el caballo que quisiera y el pueblero se lo compraba. La yerra estaba muy concurrida, así que hubo muchos testigos de la apuesta. Hasta estaba presente el cura párroco.

-Yo me iba a ir temprano-  comento Orsuna,  -pero no me quise perder semejante desafío.

Según contó, los arriadores apartaron del rodeo un par de terneros, un negro y un colorado y los hicieron correr por delante del pialador.  – Va al colorado- dicen que gritó Peralta. Y con los ojos tapados con un trapo, tiró un pial volcado de revés, que le cayó justo delante de las manos al ternero elegido. El hombre hizo verija y el animal cayó limpito, mientras el negro continuaba la carrera. La paisanada festejó la maestría de Peralta y el rico quedó comprometido a pagar la apuesta.  Pero, según contaba Orsuna, la cosa se complicó cuando tuvo que hacerse efectivo el pago, porque Peralta no eligió ningún flete bueno para el trabajo o de pelaje vistoso. Quería tener el caballo de San Martín, el de la estatua que está en el centro del pueblo.

Y fue así que el hombre anduvo a las vueltas:  primero tratando de convencer al manco de que eligiera otro caballo y después hablando con el Intendente. Pero las deudas de juego se pagan. Y mucho más, porque el compromiso se había hecho ante muchos paisanos y el cura párroco.  

Don Orsuna comentó que nunca supo cómo se solucionó el asunto, pero dos meses después, cuando volvió al pueblo, a San Martín lo habían cambiado por Sarmiento. Y el prócer estaba sentado en una silla, como dando clase.

-Son bravos los mancos –  comentó Arturito.

Y pareció a propósito. Porque enseguida se prendió Maruco, para chuzearlo al Pardo Ojeda.

-Hablando de mancos. ¿Sabés a quien lo puso tu presidente?

El Pardo se hizo como que no escuchó. Pero Germinal siguió insistiendo con la chanza: – Pero decime… ese Scioli, no es el mismo que estaba con Menem, con los Kirchner, con Alberto… ¿Ese no es de la casta?.

-Ese no roba con las dos manos-  comentó el viejo Benitez, que siempre se agarra todo para la joda.

Pero sabe pialar- dijo Germinal,- como Peralta.

Imagen: Molina Campos