La ley “Bases…” (aun) no está

La ley “Bases…” (aun) no está

2Feb24 0 Por Mariano Féliz

Mientras se discute la Ley Ómnibus (“Bases…”) en la Cámara de Diputados, la economía argentina continúa en un derrotero marcado por el ajuste fiscal, la liberalización de precios y la aceleración de la estanflación. Luego del Paro General del 24 de Enero, el gobierno de Milei se vio forzado a ceder el “paquete fiscal” en el proyecto de ley, pero amenaza con acentuar el ajuste para llegar al déficit cero. La represión arrecia y la resistencia callejera se multiplica.

Los datos más recientes indican que luego de la devaluación y fogonazo inflacionario de diciembre de 2023, en enero de 2024 continúa la presión sobre los precios, impulsada por los aumentos en bienes y servicios esenciales (combustibles, alimentos, prepagas). Se estiman valores de inflación cercanos al 20% para el primer mes del año, a pesar de la tremenda caída en los ingresos populares y la demanda de consumo.

El acuerdo firmado por el gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) corrobora el camino del déficit financiero cero. El gobierno consiguió convencer al organismo internacional de que tendrá apoyo político suficiente para realizar un recorte descomunal en partidas del gasto público y conseguir financiamiento suficiente como para compensar la derrota que significó dejar de lado temporalmente las medidas de aumento en impuestos que había incluido para el debate parlamentario. Por ahora, no habrá reposición del impuesto sobre los salarios, ni moratoria fiscal, tampoco aumento en las retenciones, ni modificación en la fórmula previsional.

Si bien las negociaciones en el Congreso continúan febriles, por ahora, el Fondo cree que el gobierno tiene margen para cumplir sus objetivos. Esto a pesar de que el conflicto callejero está poniendo límites y el gobierno, el sistema político y los organismos internacionales lo están registrando. La represión en las adyacencias del Congreso Nacional durante el debate parlamentario de la Ley Ómnibus escaló a niveles preocupantes que muestran más las debilidades del gobierno que su fortaleza política.

El 31 de enero, el Directorio del FMI aprobó el más recientemente desembolso que formaba parte del acuerdo originalmente firmado por Guzmán y ratificado por Massa. De los 4700 millones de dólares comprometidos, el FMI cobró 2000 millones que se vencían ayer, y transfirió a las arcas del Banco Central los restantes 2700 millones. Ese dinero servirá para hacer frente a los vencimientos de los próximos meses de la deuda contraída por el gobierno de Macri.

La incertidumbre frente a las posibilidades de avance de las reformas en debate parlamentario se suman a los frenos que el DNU 70/23 está encontrando en el sistema judicial. Ha sido neutralizado parcial y temporalmente en muchos aspectos, y ahora entra bajo el ojo clínico de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) que tendrá que jugársela en algún momento. No tiene plazos sino intereses, así que no está claro cuándo ni en qué sentido decidirán los “Supremos”. La moneda está en el aire.

El gobierno registra su debilidad y poda la ley Bases como si fuera un árbol frutal durante el período estival. El gobierno de Milei canta truco con un cuatro de copas pero no sabe las señas ni las mañas del juego. A pesar del trabajo y colaboración de personajes como los diputados Miguel Ángel Pichetto y Rodrigo de Loredo que quedarán en la historia de los grandes traidores (aunque avisaron así que no se), el destino y -sobre todo- el contenido definitivo del proyecto de ley “fundacional” del tandem Milei/Sturzenegger no está escrito en piedra.

El ajuste de tarifas se atrasa y fragmenta levemente; el aumento del gas se posterga para Marzo para una fracción de los consumidores de menores ingresos; el primer tarifazo en la energía eléctrica está por ser anunciado. El momento clave es, ya lo hemos señalado en Tramas.ar, el inicio de la cosecha gruesa en abril que podría aportar un esperado flujo de dólares que podría ayudar a un programa macroeconómico y eventual proyecto dolarizador. Si bien la expectativa de devaluación a corto plazo parece haberse moderado (no más de 19% antes de Mayo), la aceleración de la apertura de importaciones y el fin del verano pueden en breve poner un fin prematuro a la acumulación de reservas del Banco Central. El gobierno espera que los 5000 millones de dólares acumulados en los primeros dos meses de gobierno sean un colchón suficiente para enfrentar esta transición. La pregunta es si el gobierno podrá evitar que la combinación de inercia inflacionaria (alimentada por la indexación generalizada de precios y salarios), los sucesivos tarifazos y la caída (bastante pronunciada ya) en el precio internacional de la soja y otros productos de exportación, ponga presión insostenible sobre ese el valor del dólar.

Mientras tanto, la imagen del presidente y el gobierno se desploma, aunque todavía conserva amplios apoyos. En paralelo, luego del paro del 24 de enero, queda por verse si la burocracia sindical tendrá la capacidad de colocarse en el lado correcto de la historia de manera sostenida, o si esa acción masiva y coordinada fue sólo la excepción que confirma la regla de la tra(d)ición burocrática.

En cualquier caso, la calle no espera y se multiplican las articulaciones, y acciones de resistencia. Por ahora, son mayormente las organizaciones de izquierda las que empujan la movilización callejera, con niveles de masividad no despreciables en muchos casos, pero aún sin la contundencia necesaria.

Nada está resuelto. Nada del todo dicho. La batalla está abierta.

Mariano Féliz

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